VERANO12

La cuestión de la dama en el Max Lange

 Por Abelardo Castillo

El cuento por su autor

No sé si a todos les pasa, pero más de una vez me he olvidado de escribir, o dicho mejor: de cómo se escribe. No tiene nada que ver con el famoso (e inexistente) síndrome de la página en blanco, que significa sencillamente no tener nada que decir y empecinarse en decirlo. La amnesia a que aludo es una sensación rara, lindante con el estupor, con el analfabetismo, con la agrafía. “La cuestión de la dama en el Max Lange” es producto de uno de esos infiernos blancos. Era 1991, yo había acabado de publicar Crónica de un iniciado y sentía que, aunque no me faltaran ideas, las palabras no estaban más, se habían ido a otro planeta. No tenía nada a medio empezar, medicina infalible que suelo recomendarle a todo aquel que publica un libro: usted tenga siempre a mano un embrión de cuento, un verso, una media página sobre cualquier cosa, arranque de ahí y olvídese de su vida anterior. En ese época, aunque ya me habían regalado una computadora, escribía a lápiz (todavía lo hago), pasaba lo escrito en la Underwood (ya no lo hago) y sólo entonces acudía a la P. C., aparato del que desconfiaba y, acaso, aún levemente desconfío. Dispuesto a no volver a escribir ficciones nunca más en la vida, encendí la computadora y me puse a analizar con mi vetusto Chess Master para D. O. S. viejas partidas mías de ajedrez. En la jugada 11 de un ataque Max Lange recordé que, en aquel torneo, después de esa tremebunda jugada, yo podría haber salido de la sala de juego, matar a toda mi familia y, al volver, mi rival habría seguido pensando. Momento en que cerré el programa de ajedrez, abrí mi WordPerfect 5.1 de antes del Diluvio y, de un tirón, con un teclado sin “ñ”, ante una pantalla negra, escribí “La cuestión de la dama en el Max Lange”.

Puedo agregar que la partida del cuento fue efectivamente jugada en el mundo llamado real; también puedo agregar que la movida 11.g4 (P4CR) –que yo imaginaba descubierta por mí– ya había sido propuesta por el matemático y campeón mundial de ajedrez Emanuel Lasker, hace más de cien años, qué se le va a hacer.

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