EL PAíS › OPINION

Rafecas, fuera de caja

 Por Martín Granovsky

Más allá de la mayor o menor simpatía por el fallo, ni Daniel Rafecas ni su texto sobre la denuncia de Alberto Nisman fueron descalificados. Un motivo puede ser el prestigio profesional del juez. No hay que descartar otro: Rafecas es uno de los jueces que mantuvo distancia tanto respecto de la servilleta tradicional y sus reencarnaciones como de la rosca de cajas y operaciones motorizada por la Secretaría de Inteligencia.

La servilleta del menemismo dio origen a la formación de una estructura sólida de jueces y fiscales en el fuero federal. El vértice del grupo es hoy el fiscal ante la Cámara Federal Germán Moldes, un desconocido a nivel popular que dejó su opacidad de siempre para promover la marcha del 18F.

La rosca funcionó a pleno en estos años, por lo menos hasta el descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia y sobre todo hasta el desplazamiento de su número dos, Francisco Larcher, y del director operativo Antonio Stiuso. Larcher y Stiuso integraban una red de lealtades que incluía a Francisco Javier Fernández, quien todavía es miembro de la Auditoría General de la Nación por el oficialismo y lleva 20 años influyendo o tratando de influir en la Justicia. Lo hace, por lo menos, desde cuando fue asesor de uno de los ministros de Justicia de Carlos Menem, Rodolfo Barra, entre 1994 y 1996.

Otra pata era Darío Richarte, que en los últimos años articuló tareas con Fernández y con Stiuso y antes ocupó el puesto de Larcher durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Su placer por la electrónica entrometida era tan intenso que incluso la estación argentina de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos recomendó en su momento mantenerse lejos del número dos del secretario Fernando de Santibañes y luego de Carlos Becerra. “A Richarte le gustan demasiado los aparatitos”, desconfiaba en el 2000 la embajada norteamericana.

Ex dirigente de Franja Morada y hombre de confianza de Antonio de la Rúa, Richarte construyó un espacio de poder basado a la vez en los vínculos conseguidos durante su paso por la SIDE y en los que fue trabando en distintos sectores. Hoy es vicerrector de la Universidad de Buenos Aires como parte de una alianza entre sectores oficialistas y sectores radicales. También influye en Boca a través del presidente Daniel Angelici, un radical macrista a quien le resultan más simpáticos los bingueros que Juan Román Riquelme.

Su articulación con sectores de la Inteligencia y con espacios de la Justicia federal y del fuero contencioso administrativo se sumó a los clientes que fue consiguiendo su estudio, entre ellos el vicepresidente Amado Boudou y el ex encargado de controlar los peajes Claudio Uberti, echado del Gobierno tras el episodio de las valijas de Guido Antonini Wilson. Es conocido que a Boudou no lo representa más Diego Pirota, del estudio Richarte. Aunque la única explicación aludió a “motivos personales”, la noticia se hizo pública justo después de la asunción de Oscar Parrilli y Juan Martín Mena en la Secretaría de Inteligencia.

Los lectores de este diario se informan desde 1987 sobre casos que relacionan grandes cajas de generación de dinero, a menudo negro, con operaciones políticas, de inteligencia y judiciales, muchas veces ligadas a grandes cambios regresivos en la sociedad como las privatizaciones de Menem. Un ejemplo más es Ciccone, que desde el comienzo unió a mafias locales con espías y redes como la organización fascista Propaganda Dos. Otro ejemplo es el sector de desarmaderos y secuestros de la Policía Federal, que en buena medida logró obstaculizar la investigación de la bomba en la AMIA. Un ejemplo más es la circulación de valijas desde Buenos Aires al Vaticano cuando Esteban Caselli era el embajador en la Santa Sede y Angelo Sodano el secretario de Estado.

El martes pasado, Parrilli y Mena anunciaron que habían dejado radicada una denuncia por contrabando debido a mercadería comprada por la conducción anterior de la SI, el ex secretario general de la Presidencia sonrió cuando dijo que habían encontrado lo que definió como “una perlita”. Contó que la Dirección de Inmigraciones informó que, cuando “el ciudadano Stiuso” viajó a Uruguay “hace algunas semanas”, lo acompañó un funcionario de la Aduana llamado Daniel Manuel Sierra. Usaron una camioneta Grand Cherokee negra que, según Parrilli, “pertenece a House to House, una de las empresas que se dedicaba a transportar parte de la mercadería que hemos aquí expresado como contrabando”.

En notas periodísticas publicadas durante el último año, aparece otro Sierra, de nombre Damián y no Daniel, alto funcionario de la Aduana. Si se trata de la misma persona, es quien acompañó a Stiuso al Uruguay y antes fue relacionado con negocios en Brasil y la mafia del oro. En una nota publicada por Página/12 hace poco más de diez años sobre Southern Winds, los lazos con Yabrán y los represores de la ESMA, el 16 de febrero de 2005, un Damián Sierra aparece entre los desplazados de la Aduana por el entonces director, Ricardo Echegaray. Alguna estructura lo habrá reincorporado después. ¿Volvió para garantizar alguna caja que a su vez asegurase poder? Y si eso fue así, ¿se trataba de construir una caja privada, pública, mixta, abierta, secreta o todo a la vez?

En todo caso, remover avisperos y fumigar muchas veces asegura libertad de movimientos. Y si no que lo diga el juez Rafecas, que era uno de los blancos de Richarte.

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