Como habría dicho Macedonio (no sé si no lo dijo o escribió alguna vez, y de ahí me quedó), hasta para nacer, este hombre fue singular: un 31 de diciembre del año 1878, en Salto, Uruguay, hace ahor
Traspasar el lenguaje para dar la no-noticia.
En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado el tango seguía siendo la música popular más escuchada y bailada de la Argentina. En el hogar de los Guevara era la música que más gustaba.
Desde Málaga, Andalucía.
Dijo el otro día el cineasta Michael Moore, en las vísperas de las elecciones de medio término de los Estados Unidos, que si generás estúpidos, esos estúpidos votarán a un estúpido.
Algunas semanas atrás, como había sucedido otras veces, lo apremió la necesidad de un nuevo cuento. Al principio la historia había salido sin esfuerzo, como si brotara a borbotones.
@humoristarudy
Todo relato es pasado, capricho y omisión.
Desde Barcelona
Las palabras, en ocasiones, suelen soldarse unas con otras hasta formar un puente óseo, tan sólido como invisible, tan eterno como preexistente.
Me fascinó la primera vez que la escuché cuando defendía la toma de las escuelas frente a un panel de periodistas que brillaba por la endeble argumentación, el autoritarismo y su supina ignorancia.
Se llamaba Ángel Salvador Romero y tenía 39 años.
En 1978, Robert DeNiro fue a visitar a Martin Scorsese a una clínica de desintoxicación en las afuera de Nueva York. DeNiro y Scorsese eran como hermanos.
Recién casado y jovencísimo, estábamos en Buenos Aires en la casa de una tía de la que fuera mi esposa.
Ya desde antes de las elecciones del 2015 dije y escribí, en los espacios que ocupaba, que la vereda antagónica más evidente en el escenario que teníamos por delante era la que dividía el mundo del
¿Qué pasa con el concepto de seguridad en el neoliberalismo? El régimen generó una exclusión y una violencia inusitadas.
Hace un siglo que Wilfred Owen, un oficial británico de apenas 25 años, moría en Sambre-Oise Canal en Francia, justo una semana antes de que se firmara el armisticio del 11 de noviembre que daría t
UNO
Oscar Wilde se pierde en la esquina, cruza a la otra vereda y relojea el cine. Si es como le dijo el mucamo del hotel, que apenas si le dio tiempo a abrir las maletas, allí está la felicidad.
Encendió la televisión. Una peluquería con la vidriera rota. Rastrojos, migas de pan. Mendrugos con pegamento y capullos en macetas en la ventanilla de un auto.