DEPORTES › LA HISTORIA DEL DIPUTADO PORTEÑO JUAN CABANDIE Y SUS PADRES DESAPARECIDOS

Cuando el amor es más fuerte

Las coincidencias con su verdadera mamá, Alicia Alfonsín, basquetbolista federada del Club Deportivo y Social Colegiales, el lugar donde –afirma el nieto recuperado– comienza su vida. “Tuvimos una vida similar, la vida de club”, reflexiona.

 Por Gustavo Veiga

Alicia no vivía en el país de las maravillas, pero soñaba con Juan. También soñaba con cambios transformadores mientras jugaba al básquet en el Club Deportivo y Social Colegiales. Juan, su hijo, la imagina hoy en un gesto solidario o encestando un tiro libre. Es como si tuviera que armar un montón de piezas sueltas de su vida deportiva, y de una vida con la que apenas compartió una ráfaga de encierro en las mazmorras de la ESMA. Damián Cabandié, su papá, había conocido a su mamá en la sede de la calle Teodoro García 2860, a pasos de la estación Colegiales del ferrocarril Mitre. Hacia allí se había replegado desde la Unidad Básica del barrio con la excusa de montar una obra de teatro. “Cada vez que voy es emocionante. Tiene un gran componente simbólico para mí. Porque en ese lugar nace mi historia. Yo soy el producto del encuentro de mis papás en ese club”, dice el nieto 77 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, transformado en un diputado porteño de 31 años.

Juan evoca que Alicia llegó al club Colegiales (no es el que participa en el torneo de la Primera B), con apenas 7 u 8 años. Vivía a la vuelta y caminaba esa cuadra y media sola. Así empezó a jugar al básquet como federada. Donde el tango había dominado el escenario con grandes valores como Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y el Polaco Roberto Goyeneche o donde todavía se mantiene vigente el deporte que había elegido Alicia Alfonsín a fines de los ’60 (Básquet ambos sexos, informa un cartel en la puerta).

La genética dejó su huella en los rasgos de Juan. Pero también hay otras coincidencias notables que escapan a un estudio de ADN. Su mamá jugaba con la camiseta número seis. Era la mejor encestadora del equipo. El practicó un deporte muy distinto: el hockey sobre patines. Y también llevaba ese número en la espalda. Su puesto era back –más un rudo que exquisito defensor– en las categorías menores del Círculo Policial. Luis Antonio Falco, el agente de inteligencia de la Policía Federal que se lo apropió cuando era un bebé, había decidido que viajara desde su casa en Floresta hasta Núñez para que jugara en aquel club, a una cuadra de la ESMA.

La segunda coincidencia es que Alicia estudió la primaria en la escuela Capitán General Bernardo O’Higgins, de la avenida Federico Lacroze, mientras empezaba a jugar al básquet. Juan la visita cada dos años, cuando hay elecciones, porque le toca votar en sus aulas. La tercera es que en el Deportivo y Social Colegiales, durante la campaña en que Daniel Filmus compitió por la jefatura del gobierno porteño, el candidato a diputado Cabandié le organizó un acto de la Juventud Peronista en sus instalaciones. Por eso, insiste, “es maravilloso cada vez que voy al club. Tanto por la vida deportiva de mi mamá, como por la actividad política que desarrollaba con mi viejo, escapando de la dictadura, del terrorismo de Estado”.

Juan empezó a reconstruir la vida que no le dejaron vivir a partir del 26 de enero de 2004. Ese día se encontró con sus dos abuelas, un abuelo, cinco tíos y tías y más familiares en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. Cinco años después, sentado en su despacho de la Legislatura que irradia un continuo movimiento de jóvenes, habla de otras coincidencias con Alicia: “Digamos que en circunstancias totalmente distintas y en lugares totalmente distintos, tuvimos una vida similar, la vida de club, la vida social de club. Y la constancia de ir a entrenar, de jugar cada fin de semana”.

La imagen deportiva de su mamá, que ahora percibe con mayor nitidez, se la transmitieron su familia biológica, una compañera que compartió el equipo con Alicia –cuyo nombre no recuerda– y Juan Carlos Junio, el actual director del Centro Cultural de la Cooperación que durante muchos años fue dirigente del club. “Todos con los que hablé destacaban el estilo con que mi mamá encestaba los tiros libres. Es una característica que me mencionaban y me llamó la atención eso. Junio conoció a mi papá, a mi familia materna, a mis abuelos. El recuerda con datos muy precisos cómo entrenaba mi mamá, cuando se acercó mi papá al club y se pusieron de novios. Y casualmente me lo encontré hace poco y mencionaba esto de cómo tiraba, que era la goleadora del equipo y la que más tiros libres metía.”

A Juan hay algunos datos que se le pierden entre esa información que, el día del reencuentro y toda junta, las Abuelas de Plaza de Mayo y Claudia Carlotto, la presidenta de la Conadi (Comisión Nacional por el derecho a la Identidad), le entregaron en un CD con un resumen del archivo biográfico de su familia biológica. Ese que le dan a todo nieto recuperado “con un relato audiovisual de los lugares por los que pasaron sus padres, dónde vivían, por dónde se movían y que contiene el relato de gente cercana a ellos que cuenta todo”.

El material menciona al club Colegiales, donde se conocieron Damián y Alicia. “Mi mamá tenía ahí su grupo de pertenencia, sus amigos, sus compañeros. Mi viejo era del mismo barrio, aunque él ingresó al club cuando cerraron la Unidad Básica que estaba sobre la calle Zabala, muy cerquita. Entonces los dos comenzaron a hacer política ahí. Se conocieron a fines del ’75, se casaron y en el ’77 desaparecieron”, cuenta Juan mientras pregunta si puede fumar un cigarrillo.

El relato sigue: “Mi papá estaba en la JP; mi mamá era más admiradora del Che Guevara. Aunque por supuesto, con el vínculo que construye con mi viejo, también se le despierta el interés por el peronismo. Ella era la más chiquita de cuatro hermanos. La gente que la conoció me dice que era muy dulce. Muy dulce en el trato, en las formas, tenía una cara angelical, ésas eran sus características”.

Alicia era una buena estudiante, buena lectora –como casi toda su generación– y le gustaba escribir versos. También la cautivaban los temas musicales de bandas de rock nacional como Vox Dei, Almendra y Aquelarre. Había empezado la secundaria en el colegio religioso Compañía de María. Ella tenía 15 años cuando conoció a Damián y él (hincha de River y amante del automovilismo) 19. Los dos hacían trabajo social en la ex villa miseria de Colegiales, donde se levantaba la cancha de fútbol del club Fénix. Juan calcula que a esa edad, su mamá dejó de jugar al básquet. En la historia que va rearmando de a fragmentos, se apura a explicar una situación que le contó Junio: “El me dijo que en el club había una muchachada del Partido Comunista y que convivía en armonía con la JP cuando este sector apareció en el club. Algo que no pasó a otros niveles”. En el Deportivo y Social Colegiales se mantienen sus equipos de básquet en la Federación Regional de Básquet de Capital Federal, se practica patín, gimnasia y artes marciales, se juega al casín (una variedad de billar), a las cartas y se enseña danza árabe. Las instalaciones en que los padres de Juan se conocieron también sirvieron de escenografía para varias imágenes de la película Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, que se estrenó el mismo año (2004) en que Cabandié recuperó su verdadera identidad.

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Damián Cabandié y Alicia Alfonsín, los padres de Juan Cabandié.
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