DEPORTES › MATTHYSSE LE DIO UNA PALIZA A CORLEY

Un triunfo contundente

 Por Daniel Guiñazú

Para construir el mejor triunfo de su vida, Lucas Martín Matthysse debió flagelar al estadounidense De Marcus Corley. El noqueador chubutense necesitaba reencauzar su campaña tras su injusta derrota de noviembre ante Zab Judah, en Atlantic City. Y lo hizo de la manera más rotunda que pueda imaginarse. Corley recibió una paliza inmisericorde y cayó ocho veces antes de perder por nocaut técnico en el 8º asalto.

Acaso nunca un ex campeón del mundo (Corley lo fue entre los welter juniors entre 2001 y 2003) haya recibido en la Argentina la tunda que le propinó Matthysse al estadounidense. Lo notable del caso fue que bastó sólo una mano, el gancho de izquierda al hígado que Matthysse disparó con continuidad, potencia y eficacia inusuales, para desarmar la oposición de Corley. Aquel que a mediados del año pasado estuvo muy cerca de ganarle a Marcos Maidana en pleno Luna Park y que en la madrugada del sábado y sobre el ring del Polideportivo Vicente Polimeni de Las Heras, Mendoza, fue barrido sin contemplaciones.

Con esos estiletazos que se clavaron por debajo de los largos brazos de su rival, Matthysse (63,300 kg) derribó dos veces a Corley (63 kg) en el 5º round, una en el 6º, tres veces más en el 7º y las dos últimas en el 8º. Pero en verdad, nunca Corley estuvo conmovido o bamboleante en el cuadrilátero. En la mayoría de esas caídas, hincó las rodillas sobre el tapiz para ganar tiempo y reponerse de los tremendos impactos que le clavaban en los planos bajos. Abusó tanto de ese recurso que recién después de que se fuera a la lona por novena vez pero sin haber recibido un golpe, el árbitro Hernán Guajardo, dos vueltas después de lo necesario, lo sacó de una pelea que había dejado de ser tal y decretó la 28ª victoria de Matthysse, la 26ª antes del límite.

El chubutense no acusó recibos mentales de aquel traspié de noviembre ante Judah que tanto lamentó. Estuvo firme, determinado, vigoroso y eficaz. Derrochó clase de gran peleador, se quitó de encima un adversario al que se lo suponía complicado y se puso otra vez en marcha rumbo a su gran objetivo: ser campeón del mundo de los welter juniors antes de que termine 2011. Seguramente lo será si repite actuaciones tan contundentes como la que tuvo ante el pobre Corley.

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