DEPORTES › LA PATRIA TRANSPIRADA (24 PULGADAS, EN REPOSO)

Los jugadores juegan

 Por Juan Sasturain

Como a muchos, a mí me gusta/me interesa lo de adentro, lo que pasa en la cancha. El juego y sus avatares, el cuento del partido. Y Brasil-Croacia fue un lindísimo partido, con mucho para contar, con un buen argumento. La primera media hora fue bárbara. Y los últimos veinte, también. Cambiante, entretenido, nada de trámite ni de especulación. Y, de últimas, definido por los jugadores, más allá de cualquier especulación o pretensión táctico-estratégica.

Para joder el espectáculo y confundir a la justicia, sólo la mancha del japonés que cobró precisamente mancha –tintorero renegado– y dio un penal que incluso hasta en el momento de la ejecución fue puesto en duda por la misma pelota, como insinuó Latorre –tan buen comentarista, Diego–, que casi casi no quiso entrar... Pero tampoco se equivocó mucho más que en eso, el árbitro. Suficiente, dirá alguno. Pero no me anoto: no soy suspicaz; es una cuestión de salud.

Lo táctico fue importante, acaso, en la decisión croata de ponerles dos extremos definidos a Marcelo y a Dani Alves. No que les “taparan la subida”, sino que los atacaran. El que fue por izquierda, el 18, Olic –un rubio ancho, fuerte, veloz y hábil– fue un avión por afuera y le alcanzaba la nafta, al principio sobre todo, para volver. Por ahí ganaban los a cuadritos y llegaron así al gol, en una de las pocas que tuvo el nueve, Jelavic, y la tocó mal. Suerte (para él) que el pobre Marcelo se la llevó por delante.

Otro apunte “táctico”: los dos delanteros de punta, de “referencia de área” –como les dicen–, no existieron. Fred, gran oportunista y rebotero, estará en las fotos por la zambullida del penal y nada más. El croata, ni eso. Acaso si hubiera estado el ropero que juega en el Bayern la cosa hubiera sido diferente. Pero no.

Volviendo: lo definieron (con o sin el japonés mediante) los jugadores. Y Brasil tiene varios. Neymar, cuando tuvo espacios –que se los ganó: buen partido–, los usó bien. Y definió como un tenista, cruzado, inalcanzable. Un golazo. Y el otro, Oscar –siempre la cabeza levantada, los mejores toques y centros del partido– sacó un puntín sabio a lo Romario cuando se venía la noche y así –una vez más–, por los jugadores, Brasil zafó.

Aunque, para ser ecuánimes, el premio al mejor del partido habría que dárselo –y se lo doy, bah– al rubio (y ahora con pelo corto) Luca Modric: qué jugador, el petiso del Madrid. No perdió una pelota y manejó los ritmos con sabiduría. En fin: a Brasil lo conocemos; queremos seguir viendo a los croatas. Ojalá les vaya bien.

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