DEPORTES › FUTBOL Y POLITICA EN EL FEUDO CONTROLADO POR SERGIO MASSA

Denuncian al presidente de Tigre por aprietes

El periodista Marcos Tenaglia acusa a Rodrigo Molinos en la Justicia de mandarle un barrabrava a intimidarlo. El antecedente de otro cronista, Alexis Szewczyk, censurado en un canal de TV por criticar al club.

 Por Gustavo Veiga

La frase intimidatoria y con faltas de ortografía quedó registrada en el Facebook del periodista Marcos Tenaglia: “No te olvidez de Cabeza” (sic). Se la enviaron a las 5.53 del miércoles 9 de diciembre pasado. “Un integrante de la barra brava de Tigre la mandó desde su propia cuenta”, explica hoy el colega que, diez días después, lo denunció ante la Justicia de San Isidro: “Este comentario lo tomo como una amenaza, como un mensaje mafioso de Matías”. En el mismo escrito judicial, declaró en la línea siguiente: “Quiero decir que Matías es un actor más, las órdenes se las da el concejal Rodrigo Molinos, que responde a Zamora y a su vez responden a Sergio Massa”.

Matías es un apellido. Adrián Matías –de él se trata– suele acompañar al edil cuando camina el distrito como referente del Frente Renovador. Molinos también preside el club Tigre. Saltó al fútbol desde la política. Fue concejal por primera vez en 2007 y ahora lidera el bloque del Frente Renovador. Cuando ganó las elecciones en la institución de Victoria en diciembre de 2010, comentó: “Es un orgullo seguir asumiendo este compromiso en el club de nuestros amores. Le debía este triunfo a Sergio Massa, no le podía fallar al apoyo que me brindó”. Julio Zamora es el intendente del partido y sucedió en ese cargo dos veces al actual candidato presidencial: cuando fue jefe de Gabinete y diputado nacional. Su exposición en los medios nacionales es menor que la de Molinos. Será porque no dirige como aquél un club de fútbol.

El periodista amenazado coloca las piezas como en un juego de Mamushkas. Al barrabrava le otorga muy poca estatura política, incluso dentro de la propia barra, a no ser por su físico. Es el mismo que delante de un funcionario de Tigre también lo apretó, según consta en su declaración ante la Fiscalía de Investigaciones Complejas de San Isidro: “... no hagas lío y quedate en el molde porque te rompo todo”. Tenaglia dijo que vestía una camiseta de Tigre y estaba junto a Molinos antes de intimidarlo. Aquel 3 de diciembre pasado, los vecinos de Rincón de Milberg se quejaban por obras no realizadas contra las inundaciones.

El periodista denuncia ahora a Matías, igual que lo hizo públicamente con el presidente de Tigre hace un año. Insistente –Tenaglia es también miembro de la asamblea de vecinos inundados– puso en aprietos a Molinos cuando los vecinos llevaron un reclamo a la delegación municipal de su barrio el 19 de febrero de 2014. Sus preguntas no le gustaron al concejal y dirigente futbolístico. De inmediato, fue detenido por más de dos horas. Un joven testigo, Ricardo Moris, declaró en el programa televisivo 2.0 de YouTube que al periodista se lo llevaron preso cuando “Molinos le hizo gestos y ademanes para que se lo lleven” a la policía. Un centenar de vecinos rescataron a Tenaglia de la comisaría. El Frente para la Victoria, el Partido Obrero y el Partido Socialista de Tigre repudiaron su arresto y Victoria Donda, Julio Cobos y el diputado del FAP, Juan Carlos Juárez entre otros, se solidarizaron con él. “Los que me salvaron siempre son mis vecinos, porque transmito sus inquietudes”, le dijo a Página/12.

Su caso llegó a algunos medios nacionales. Casi en simultáneo, en febrero de 2014, la dirigencia de Tigre quedaba señalada públicamente como responsable de un nuevo episodio que afectó a otro periodista, Alexis Szewczyk. Despedido de TyC Sports, que es controlado por el Grupo Clarín, su situación tuvo más repercusión porque se trata de un colega que había pasado por el diario Olé y llevaba nueve años en la pantalla del canal. En La Garganta Poderosa declaró: “El pecado que estaba cometiendo era darle luz a algunos manejos de la dirigencia del Club Atlético Tigre. No sé si alguna vez me había sentido tan amenazado por alguien. Tan intimidado. Chiquito. Frágil. Vulnerable”. Ayer le ratificó a este cronista: “Me pidieron que no hablara más de la dirigencia de Tigre”.

Tenaglia también se siente amedrentado por la Policía Bonaerense que en el distrito le responde al Frente Renovador sin disimulo. En su denuncia judicial dijo: “Este tipo de amenazas las recibo desde que Massa era intendente. Incluso alguna vez me cruzaron un auto particular en la puerta de mi casa con el policía Suárez y el comisario Borges quienes me decían que me frize, que deje de romper las bolas con la camarita”.

El periodista agrega: “Molinos me tiene bien registrado, hemos discutido. Cuando estuve detenido, Szewczyk me llamó para solidarizarse conmigo. Nuestras situaciones tienen semejanzas. Acá es muy difícil hacer periodismo crítico. La mayoría de los medios depende de la publicidad del municipio”.

En Tigre ocurrió un hecho llamativo del que pasado mañana se cumplen dos años: cuando fallaron las niñas mimadas del massismo, esas cámaras de seguridad que no filmaron un episodio incómodo para el club más popular del distrito y sus autoridades políticas. El domingo 24 de febrero de 2013, la barra brava se enfrentó en una interna que terminó a los tiros con el saldo de un muerto (Adrián Alejandro Velázquez de 40 años) y ocho heridos de bala. En un raíd delictivo que empezó en el barrio Troncos del Talar, siguió en la estación de Virreyes y terminó en Victoria –donde está la cancha pero que pertenece al partido de San Fernando– se escucharon más de cien disparos.

En aquel momento, La Nación publicó: “El fiscal de San Fernando Alejandro Musso se hizo cargo de la investigación. Ordenó al municipio la entrega de las imágenes de las cámaras callejeras. No tuvo suerte: le informaron que hubo ‘un desperfecto eléctrico’ y que en el momento de los enfrentamientos no funcionaban...”. El pedido había sido formulado a la intendencia de Tigre, en cuyos barrios empezó el tiroteo. La última noticia sobre aquel episodio es de diciembre de 2014. Diego Gonzalo Gareis, un barra de 37 años, era buscado por el homicidio y fue detenido. También el fiscal Musso demoró a su padre porque en su casa encontró una pistola calibre 45, una escopeta de dos caños calibre 16, un fusil Mauser, un revólver calibre 32, un pistolón calibre 36, varios cargadores, gran cantidad de municiones, un Peugeot 207 Compac, sesenta prendas deportivas con el logo del club Tigre, una notebook, un GPS y casi un kilo de marihuana en un trozo compacto.

Tenaglia desconfía de lo que se hace con las cámaras de seguridad en Tigre, que le dieron reputación de territorio blindado para la delincuencia. “Después de un tiempo de recibir amenazas y persecución política-policial colocaron una cámara a 20 metros de mi casa. Claro que no es para cuidarme. Las cámaras no las usan para prevenir el delito, las usan para perseguir al que piensa diferente. Después de todo lo vivido no tengo miedo de lo que me pueda pasar”, señala el periodista que fue detenido a pedido del concejal Molinos según los vecinos.

Al revés del destino que les tenían reservado a los periodistas molestos como Tenaglia y Szewczyk, en el club Tigre –y como en casi todo el fútbol argentino–, la barra se maneja a piacere. Dirigentes y funcionarios que pivotean entre el municipio y el fútbol se mueven también a su antojo. Molinos no está solo. Hubo y hay todavía quienes ocuparon cargos en los dos escenarios. Una combinación a la moda que inauguró el propio Massa, cuando era hombre fuerte de la institución e intendente al mismo tiempo. Esa fue su plataforma de lanzamiento para llegar en política lo más lejos posible.

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Rodrigo Molinos, presidente de Tigre, junto a Sergio Massa. A la derecha, las denuncias presentadas.
 
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