ECONOMíA › DISPUTAS POR EL REPARTO DE LA TORTA EN LA INDUSTRIA

Salarios con porción chica

 Por Claudio Scaletta

La continuidad del crecimiento sostenido de la industria, que se expandió el 7,4 por ciento en lo que va del año, volvió a poner en primer plano el reparto del crecimiento del producto entre trabajadores y empleadores. El dato crítico es que, incluso a partir del cambio de modelo iniciado en 2002, y no sólo durante la década pasada, los salarios se pagan menos de lo que aportan al crecimiento. En otras palabras, aun aceptando la premisa ortodoxa de que la participación del salario en la distribución del ingreso depende de la evolución de su “productividad”, los salarios siguen perdiendo participación en el reparto de la torta. De acuerdo con un trabajo realizado por economistas de Flacso para Fetia, la federación de los gremios de trabajadores de la industria de la CTA, mientras entre 2001 y 2004 la productividad del trabajo industrial creció el 14,6 por ciento, los salarios cayeron el 24,7 por ciento.
A casi 4 años de salida de la convertibilidad, algunos aspectos del actual modelo de crecimiento marcan una continuidad relativa con el período, anterior. “Relativa”, porque el gobierno intervino en el mercado de trabajo induciendo, a través de la suba del salario mínimo y de los aumentos de suma fija, una mejora en las retribuciones del empleo formal. Las intervenciones, sin embargo, no lograron revertir la retracción de la participación del salario en el producto, lo que potenció las ganancias empresarias. No obstante, dados los niveles piso de partida, los aumentos inducidos desde el Estado sí lograron cambiar la relación en que evolucionaron la productividad y el salario entre los promedios de 2002 y 2004. En este período, que excluye la extraordinaria caída post devaluación, mientras la productividad creció el 15,2 por ciento, los salarios lo hicieron el 21,2 por ciento. En la puja distributiva, los industriales se aferran a este tramo del análisis, precisamente el que consolida la fenomenal caída salarial provocada por la crisis. Incluso afirman que la explicación de las presiones inflacionarias registradas en 2005 tienen su génesis en esta diferencia, que adicionalmente se habría profundizado en los primeros 9 meses del corriente año.
Un dato adicional es que, si bien las empresas están obteniendo ganancias extraordinarias, es decir, siempre siguiendo la categorización ortodoxa, por encima de las correspondientes al crecimiento de la productividad del capital, los empresarios no invierten en consecuencia. En otras palabras; adquieren bienes de capital por debajo de lo que cabría esperar en función del aumento extraordinario de sus ganancias. Un estudio del Cedes de la Universidad de Buenos Aires le puso números a este divorcio. Mientras en 1993 las ganancias de todos los sectores representaban el 47,9 por ciento del PIB y la inversión bruta interna fija (Ibif) el 19,1 por ciento, las primeras treparon en 2003 al 62,4 por ciento, y las inversiones cayeron al 15,1 por ciento. La tendencia cambió parcialmente en 2004, con proporciones del 58,9 y 19,52 por ciento, respectivamente, aunque el “divorcio” sigue vigente.
Volviendo a la industria, el trabajo de Fetia-Flacso sostiene que si los salarios hubiesen evolucionado desde 2002 a 2004 de acuerdo con su productividad, la masa de salarios industriales se habría incrementado en más de 20.300 millones de pesos. La cifra surge de la diferencia entre el producto industrial total menos la masa salarial total que efectivamente se pagó y la que debería haberse pagado si se hubiese ajustado junto con la mayor productividad (la base de igualación entre salarios y productividad es 1991). Si la misma realidad se analiza desde la perspectiva empresaria, se obtiene que el costo laboral por unidad de producto cayó entre 2001 y 2004 el 34,4 por ciento. Si la comparación se realiza contra 2001, la caída es del 46,6 por ciento, lo que evidencia que la verdadera mejora de costos se produjo a partir de 2001.
Los resultados de estas investigaciones resultarán claves a partir del próximo lunes, cuando la puja salarial abandone su letargo y los conceptos de productividad del trabajo e inflación vuelvan a ocupar el centro del debate económico.

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