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“En materia de doping, la ley es pareja para todos”

Lo dijo nada menos que Mariano Puerta, que jugó en Madrid su primer partido desde que estalló el escándalo de su presunto doping. Poco antes, Guillermo Coria había opinado lo contrario.

 Por Sebastián Fest
Desde Madrid

El escenario, opresivo, era en cierta forma ideal para un partido tan peculiar: la cancha Alcalá es la segunda en importancia del torneo de tenis de Madrid, pero también un inquietante sitio con pinta de cámara frigorífica en el que Mariano Puerta, en la mira de muchos por presunto doping, debía demostrar que sigue siendo capaz de ganar. Y ganó: Puerta, número diez del mundo, se impuso al bielorruso Max Mirnyi por 7-6 (7-5), 7-6 (7-5) y jugará ante el español David Ferrer (a las 11, televisa ESPN), buscando acercarse a su sueño de disputar el Masters de Shanghai.
“¡Soy puro corazón!”, se fue gritando por la sala de jugadores, añadiendo un detalle más a una historia sin antecedentes en el tenis: nunca un jugador de su nivel fue señalado como dopado y, sin embargo, siguió jugando. Y menos ganando, como lo hizo ayer.
Puerta no quiso hablar de su caso. “No puedo contestar a eso, no puedo”, repitió una y otra vez, hasta que un periodista español abandonó la sala de prensa mascullando que todo era “una fantochada”.
El responsable de prensa de la ATP, sentado junto a Puerta, había enrarecido el ambiente al puntualizar que la rueda era “sólo para hablar de tenis, el juego de Mariano y el Masters”. Puerta tampoco quiso contestar si demandó ya al diario L’Equipe, pero cuando el muro que había levantado parecía infranqueable, sorprendió al responder sobre el funcionamiento del sistema de controles antidoping en el tenis. Y sorprendió por partida doble, porque defendió el sistema.
“Yo creo que las cosas están bien hechas. Se hacen bien, y punto”, dijo, rechazando los comentarios hechos unas horas antes por su compatriota Guillermo Coria, que apuntaban a que no se siente “seguro” ante las filtraciones de los laboratorios encargados de analizar las muestras (ver aparte).
“Es una realidad que nadie está tranquilo, porque los controles son muy rigurosos, pero la ley es pareja para todos”, añadió el argentino, cerrando al borde de las ocho de la noche un día largo y tenso.
El partido fue también extraño: se extendió a lo largo de 108 minutos, comenzó con 60 espectadores –todos estaban viendo el debut de Rafael Nadal en la central– y terminó con cerca de 400 y Puerta despidiéndose aplaudido por algunos. El cordobés, finalmente, ganaría su primer partido desde que en Tokio se enterara de que el diario L’Equipe denunciaba su doping en Roland Garros, el torneo donde escaló inesperadamente hasta la final y que marcó el punto máximo de once meses que lo vieron transformarse de 440 del mundo en “top-ten”.
Puerta jugó uno de los partidos más difíciles de su vida. Entró vestido completamente de negro, con la sola excepción de las zapatillas. Mirnyi, como contracara, lo hacía de inmaculado blanco y con una camiseta sin mangas que hacía que sus 202 centímetros recordaran aún más a la estampa de un jugador de la NBA.
Dos hinchas argentinos portando una camiseta de River aplaudieron a Puerta, que no pudo ocultar sus nervios al comenzar con dos dobles faltas. Pero el argentino no demoró en ajustar su juego y mostrar las virtudes de sus passings de derecha y revés. Aprovechó en cada set los escasos resquicios que le dejó Mirnyi y selló dos parciales con marcador idéntico.
Incluso se permitió ironizar cuando en el segundo set le cobraron una falta de pie con el servicio. “No hice foot-fault en toda mi carrera”, dijo en voz más que audible y con la primera semisonrisa de la tarde. Ya eran más de 300 los espectadores que lo seguían, y llegaban a 400 cuando un revés fuerte tras un primer passing le permitió cerrar el partido.
Aplausos de varios argentinos, una camiseta de la selección de fútbol de ese país con el nombre de Andrés D’Alessandro y un par de pedidos de autógrafos. “La Argentina no es un país muy fuerte si se compara con otros como Estados Unidos y Europa, es humilde y los jugadores de esos otros países tienen apoyo económicamente. Nosotros estamos sufriendo mucho y es normal que no tengamos ese apoyo como España, Francia, o incluso Australia, que tiene un Grand Slam.”
Puerta gana, sigue sumando puntos y Shanghai no es para nada una utopía. “Sueño con llegar al Masters”, dijo. La otra historia, esa de la que no quiere hablar, continúa bajo cuerda y sin ser confirmada. Puerta prefiere jugar al tenis, un placer, al fin y al cabo, que no es eterno para nadie.

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Mariano Puerta celebra su victoria sobre el bielorruso Mirnyi.
 
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