EL MUNDO › OBAMA DIO SU PRIMERA CONFERENCIA DE PRENSA, BUSCANDO BAJAR LAS EXPECTATIVAS SOBRE CAMBIOS INMEDIATOS

Ahora sigue siendo la economía, estúpido

El presidente electo les recordó a todos que Bush todavía está en la Casa Blanca y rehuyó hacer anuncios fuertes. Volvió a marcar prioridades generales, se concentró en la crisis económica y se negó a adelantar nombramientos.

 Por Santiago O’Donnell

Desde Chicago

Aunque la crisis no da tregua, Barack Obama sigue siendo rubio y de ojos azules. Ayer dio una conferencia de prensa en esta ciudad para calmar a los mercados, que venían acumulando caídas toda la semana, pero sobre todo para calmar a la famosa clase media, que tiene su jubilación comprometida por la caída bursátil. Obama no hizo más que decir que no tiene soluciones mágicas y que hay que esperar, preocuparse, pero no entrar en pánico. Dijo poco y no le fue mal, pero quedó flotando la sensación de que si la economía no mejora, la luna de miel va a ser bastante corta.

La principal preocupación de la clase media en estos día es la misma en Chicago y en Buenos Aires: la jubilación. Acá el problema es que cincuenta millones de norteamericanos tienen un plan de retiro llamado 401k, una especie de jubilación privada con aportes patronales regulada por el gobierno, y esa jubilación está invertida en parte en bolsa. Cada dueño de un 401k elige el porcentaje de acciones y bonos según su espíritu de riesgo y sólo puede retirar el dinero antes de tiempo si paga fuertes penalidades. Como la bolsa se sigue desplomando al ritmo de la recesión, cincuenta millones de familias sienten que sus sueños de retiros cómodos hoy corren riesgo y eso afecta el malhumor social. Pero ningún presidente electo, por mucha ilusión que despierte, puede dar vuelta una economía a dos días de ser elegido.

Lo primero que Obama quiso dejar en claro, y lo repetiría varias veces al contestar preguntas, es que debe ser muy cuidadoso con lo que hace y dice hasta su asunción: “En Estados Unidos sólo puede haber un presidente y ese presidente es George Bush”. Pero también aclaró que la crisis no puede esperar: “Cuando me reúna con Bush, además de hacer un tour de la Casa Blanca, seguramente nos sentaremos a hablar. Yo voy dispuesto a buscar un consenso para que podamos actuar inmediatamente”.

También fue claro al hablar de sus prioridades. Dijo que la primera es el plan de rescate de la clase media. Dijo que lo hará a través de la creación de empleos para que la gente pierda el miedo a perderlo y vuelva a gastar y dándoles alivio fiscal a los deudores hipotecarios. Como segunda prioridad nombró el crecimiento económico y la respuesta global a la crisis, incluyendo el problema de las automotrices. Recién como tercera prioridad habló de estabilizar el mercado financiero, regulaciones, leyes, adquisiciones, etc. Y como cuarta, trabajar en medidas a largo plazo para la clase media, específicamente en energía limpia, salud, educación y reforma fiscal.

En el Hilton de esta ciudad, delante de una fila de banderas norteamericanas y rodeado por su equipo económico, Obama habló con llamativa calma y naturalidad, casi como si acabaran de elegirlo miembro de algún concejo deliberante. Llamó a cada periodista por su nombre, bromeó con ellos, manejó los tiempos a placer y, ante preguntas que jamás buscaron profundizar ni ponerlo incómodo, terminó hablando más de su perro que de su próximo secretario del Tesoro.

Dijo que entiende el sufrimiento de la gente y que se siguen acumulando malas noticias. Citó las cifras de desempleo, los dos millones de puestos de trabajo perdidos en lo que va del año, las fuertes pérdidas registradas por las automotrices. Habló de la desesperación de la gente que viene pagando sus hipotecas con mucho sacrificio pero no sabe si podrá mantener su casa y de los trabajadores que están por perder su seguro de desempleo, que prometió extender, porque hace mucho tiempo que no consiguen trabajo.

Dirigiéndose al país dijo que se vienen tiempos duros, de decisiones duras, y que él ya avisó que no se puede salir de un día para el otro. Pero que es muy optimista y su equipo ya está trabajando en las soluciones.

Después llegaron las preguntas. Aprovechó la primera para confirmar que habrá un segundo paquete de estímulo fiscal, por más que se resistan los republicanos. “Si no lo pasa este Congreso pato cojo (se va en setenta días), lo hará el próximo, porque será mi prioridad absoluta”, afirmó, dando a entender que no dudará en usar su cómoda mayoría en el Congreso.

Obama también dijo que nombrará a su gabinete sin apurarse, en las “próximas semanas”, restándoles importancia a los nombres que se vienen barajando desde que ganó la elección. Dijo que se tomó su tiempo para elegir como vice a Joe Biden y le fue bien, lo mismo con Rahm Emanuel para la jefatura de gabinete, y que va a seguir pensando las cosas tranquilo. No les prometió nada a las automotrices, que vienen haciendo un fuerte lobby por más subsidios. “Habrá que acelerar lo que está aprobado y ver si alcanza”, remarcó.

En cambio, se mostró partidario de poner en marcha sus programas más queridos y más caros, sin esperar a que mejoren las cuentas o se caliente la economía. Entre los principales gastos que el gobierno, a su criterio, debe hacer, Obama puso primero un plan de subsidios para gobiernos estatales y municipales que enfrentan grandes déficit. Después mencionó el plan energético.

También le preguntaron por la carta de felicitación que le había enviado el presidente de Irán y sobre futuras conversaciones con ese país, con Cuba y con Venezuela. Contestó que había recibido la carta, pero que no había tenido tiempo de contestarla. Dijo que no iba a permitir que Irán construya una bomba nuclear y que debía cesar el apoyo que Irán les estaría dando a grupos terroristas. “Ya habrá tiempo para contestar. Fui elegido hace apenas tres días, hay un presidente a cargo de la política exterior y en estos temas no se puede tocar de oído”, zafó.

Sobre el final le preguntaron por el perro, ya que por tradición todo presidente debe llevar uno a la Casa Blanca. “Es un gran tema de discusión familiar –dijo Obama–. Preferimos un perro de la calle, de raza mixta, como yo, pero mi hija es alérgica, así que tenemos que ver.” Después tomó una última pregunta, contestó una obviedad casi de memoria. Dijo “ya está, muchas gracias”, y dio por terminada la función. No había pasado media hora.

Antes, por la mañana, el presidente electo había participado de una reunión de padres en la escuela de una de sus hijas, en Hyde Park. En medio de la tormenta, Obama no pierde de vista sus prioridades.

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