EL MUNDO › ARABIA SAUDITA SE ENDURECE

Prohibido protestar

 Por David Randall *

Arabia Saudita, el principal productor mundial de petróleo, anunció ayer que prohibiría todas las marchas y protestas. Fue un garrotazo después de una zanahoria. En los últimos días, el régimen destinó 37 mil millones de dólares para impedir que se extendiera la rebelión que sacudió a otros países vecinos del mundo árabe. La decisión del gobierno se produjo después de que los opositores amenazaran con un “día de furia” para el próximo viernes.

El ministro del Interior saudita informó que el reino había prohibido todas las manifestaciones porque contradicen la ley islámica y los valores sociales. El funcionario explicó que hubo gente que intentó violar la ley para “alcanzar objetivos ilegítimos” y advirtió que las fuerzas de seguridad estaban habilitadas para actuar contra todo aquel que volviera a intentarlo. Una declaración que fue difundida un poco después por la televisión local reiteró que las autoridades utilizarían “todas las herramientas” para impedir cualquier intento de alterar el orden público.

El gobierno saudita reclutó a sus fuerzas de seguridad, probablemente a unos 10 mil agentes, para enviarlos a las provincias del nordeste. Esa área, en la que se concentra la minoría chiíta, fue el escenario de pequeñas movilizaciones durante las semanas previas. Allí los manifestantes pidieron que se liberara a los prisioneros que estaban encarcelados sin ser sometidos a juicio. Los chiítas sauditas se quejan porque, para ellos, es mucho más complicado obtener puestos públicos o acceder a determinados beneficios.

Las zonas chiítas cercanas a Bahrein no sólo fueron el campo de la agitación de las últimas semanas, también son el lugar donde se encuentran los yacimientos petrolíferos. Se calcula que más de dos millones de chiítas viven allí. Ellos, en los últimos años, pudieron practicar sus propios ritos religiosos gracias a las reformas emprendidas por el rey de Arabia Saudita.

Pero la protesta convocada para este próximo viernes podría atraer a algunos más que a los descontentos chiítas del este. Los rumores acerca del descontento se multiplicaron en las últimas semanas. Los manifestantes no están sólo envalentonados por los levantamientos populares en Túnez sino especialmente por los canales de comunicación que retratan las exitosas protestas. Algunos estimaban que unos 20 mil iban a manifestarse el viernes en Riad y en el este del país.

Los nervios del régimen saudita podrán ser entendidos en muchos lugares del mundo donde la solidaridad con los movimientos democráticos es suavizada por una dependencia del petróleo. Arabia Saudita cuenta con un quinto de las reservas mundiales de combustible.

La semana pasada, el precio del barril trepó a los 103 dólares. La suba en el precio del barril no se debió únicamente al conflicto libio –ese país sólo produce el 2 por ciento de las necesidades petroleras del planeta–, sino que básicamente estuvo relacionada con la perspectiva de que el malestar social se trasladara a la región.

Ayer se escucharon voces de alarma. Alan Duncan, ministro británico para el Desarrollo Internacional y un ex comerciante petrolero (en la foto), dijo a The Times que el precio podría trepar hasta los 200 dólares o más, superando el record de 2008, que llevó el barril a los 140 dólares.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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