EL MUNDO › MEXICO

Cristina, no Martha

 Por Gerardo Albarrán de Alba

Desde México, D. F.

La candidata oficialista a suceder a su marido en la Casa Rosada hace recordar en México las ambiciones de Martha Sahagún, la esposa del ex presidente Vicente Fox que, desde la cúspide del poder, trató de imponerse a todo y a todos para ser la candidata del PAN a la presidencia de la República. Martha no lo logró, pero Cristina Fernández de Kirchner parece encaminada a convertirse en la segunda mujer en gobernar Argentina.

En sus viajes a México, Cristina ha sido bien recibida por la prensa, un tanto por sus propios méritos como política, pero mucho más como contraste tanto en lo individual como con su consorte. Resaltar a los Kirchner fue una forma de decir: hay parejas presidenciales y parejas presidenciales. Vicente Fox y Martha Sahagún no les llegan ni a los talones. Entre ellas, el abismo: Cristina es una política de carrera, Martha era una empleada de farmacia de pueblo que se especializó en la intriga. Las diferencias son de forma y de fondo: “¿Qué le pasa a ésta?”, exclamó Cristina cuando Martha la dejó con la mano tendida cuando la pareja presidencial mexicana, de derechas, recibió en una visita oficial a México a sus pares argentinos, más inclinados a la izquierda. Acá se destaca cómo los Kirchner –peronistas al fin– han desarrollado un vasto aparato de clientelas electorales, mientras combinan los juicios a los responsables de la guerra sucia, políticas de educación sexual y la distribución gratuita de métodos anticonceptivos, mientras empujan el debate para despenalizar el aborto, en contraste con el ultraconservador y mojigato gobierno que tuvo Fox.

Pero no sólo eso resalta en la prensa mexicana. El apoyo que recibe Cristina del gobierno de su marido hace recordar las viejas prácticas que mantuvo en el poder al PRI durante 71 años, y que emuló Fox para impedir el ascenso del candidato de izquierdas Andrés Manuel López Obrador.

Como en los peores tiempos del autoritarismo priista, en Argentina la elección presidencial parece estar decidida desde arriba, el Ejecutivo se vuelca en apoyo a su candidata, que viaja por el mundo utilizando recursos públicos. “La señora es, al mismo tiempo, primera dama, senadora y candidata (¡vaya ambición!), y viaja por el mundo (así llegó a España, a México, a Brasil), revolviendo todo eso: usa los equipos de seguridad y prensa de la Casa Rosada, aprovecha eventos, contactos, recepciones oficiales y dispone de foros importantes desde donde hablar y de amplia exposición en los medios”, critica la investigadora universitaria Sara Sefchovich. En fin, que la de Cristina es una campaña a cargo del Estado. Los comicios argentinos parecen un mero trámite. De ahí que para muchos analistas mexicanos esta sucesión sea un ejercicio de gatopardismo político, encaminado a abrirle espacio para el regreso de Néstor Kirchner en 2011, apoyado en el peronismo progresista y el centroizquierda que pretende aglutinar mientras practica el rol de primer consorte.

Apoyos cuestionables aparte, la oposición argentina la tiene cuesta arriba. Cristina se beneficia de la recuperación económica, del aparato gubernamental en manos de su esposo, el Presidente que renunció a un segundo mandato y a quien muchos acusan de manejar el poder con una red transversal de aliados en todos los partidos, comprados o cooptados.

Los observadores más optimistas suponen que la presidenta Cristina –a quien dan por ganadora segura– será menos populista y más internacionalista que su esposo, y reconducirá la Argentina hacia Estados Unidos, Chile y Brasil, y lo alejará un poco de la Venezuela de Hugo Chávez. Medidas pragmáticas, pues, que le permitan recuperar la confianza de los grandes inversores, hoy a la expectativa.

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