EL PAIS › OPINION

Demasiado silencio

 Por Eduardo Sigal *

Deberíamos evitar que la sucesión de declaraciones irresponsables de la doctora Carrió se incorporen al acervo del pintoresquismo folclórico de la política argentina. La carta que la dirigente y su partido, la Coalición Cívica-ARI, envió a un conjunto de embajadas acreditadas en el país reviste una gravedad institucional que demanda un alerta para la democracia argentina.

Carrió dice que está amenazada la democracia representativa. Que gobierna alguien que no fue elegido. Que vivimos un clima de violencia generalizada y están en peligro la democracia y la república. Nada especialmente novedoso en la retórica a la que nos tiene acostumbrados hace ya casi una década. Nada que no tenga el nivel de desenfreno alcanzado cuando afirmó que Argentina estaba en un régimen nazi al que solamente le faltan los campos de concentración o que el final de Néstor y Cristina Kirchner sería igual al del dictador rumano Ceausescu, ejecutado públicamente después de su derrocamiento.

Pero dichas a embajadas de países con los que Argentina tiene relaciones normales, y en muchos casos intensas, las palabras adquieren otra significación. ¿Qué se supone que busca la Coalición Cívica? Dentro del país nos es fácilmente imaginable que actúa en busca de un protagonismo político visiblemente deteriorado después del resultado de las últimas elecciones. Parece lógico pensar que intenta enfrentar la permanente iniciativa política y legislativa del gobierno de Cristina Kirchner poniendo la atención en otro lado, el de los agravios y las defensas. Sin embargo, el hecho tiene gravedad institucional. Desde un partido electoralmente importante se insinúa que el país está al borde de un descalabro institucional acompañado por la generalización de la violencia y se hace mención a la carta de la OEA supuestamente transgredida por nuestro gobierno. ¿Está pidiendo “ayuda” internacional con sufrientes “republicanos” argentinos como Carrió y el staff de la Coalición? ¿En qué consistiría esa “ayuda”? ¿En qué republicanismo dice inspirarse? Salvando las enormes diferencias entre los dos momentos históricos, se asemeja bastante al republicanismo que invocaba Domingo Cavallo cuando hacía lobby en las embajadas del Primer Mundo para que no colaboraran con el gobierno de Raúl Alfonsín.

Llama la atención el escaso impacto de este episodio. Es muy lamentable que entre los muchos opositores sensatos y leales a los principios democráticos no haya habido el merecido repudio a esta escandalosa carta. Se dirá que Carrió ya nos tiene acostumbrados a estas cosas. Pero la democracia y la soberanía nacional son asunto delicado. Nunca está de más un llamado de atención dirigido a que el espectáculo político se detenga en las fronteras de lo responsable y lo decente.

* Presidente del Frente Grande.

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