EL PAIS › LOS EX SOCIOS MACRI Y DE NARVAEZ COMPITEN POR APARECER EN LAS CALLES DE LA CIUDAD

La batalla de los locales porteños

El empresario Francisco de Narváez desembarcó en la Capital y, con una impronta asociada al peronismo, promete abrir un local por comuna. De la mano de ex militantes de Recrear, el macrismo también inaugura nuevas sedes, pero con un perfil más administrativo.

 Por Werner Pertot

Francisco de Narváez aterrizó en Capital el 19 de abril, cuando abrió su local de la mano del legislador Daniel Amoroso. Tres días antes, el PRO abrió uno de sus nuevos locales. Sus impulsores son los ex Recrear Enzo Pagani y el ministro de Educación, Esteban Bullrich. A partir de allí, comenzó la guerra de los locales: los coloradistas prometen que habrá un local por comuna y planean lanzar cinco en los próximos meses. El macrismo ya tiene proyectado dos en Constitución y Villa Crespo. Los locales de De Narváez llevan la impronta de las unidades básicas peronistas, mientras que los del PRO parecen una versión aséptica de un CGP. La encargada del local de Palermo terminó invitando gentilmente a retirarse a Página/12 para no responder si era empleada del gobierno porteño.

Colorado porteño

La gigantografía de De Narváez se ve desde una cuadra. El local que abrió el legislador Daniel Amoroso en Bolívar y México está pintado de celeste y blanco, con una franja roja sobre la entrada. Afuera se leen dos consignas: “Hay un país para hacer. Hay un país para ser” y “Francisco de Narváez 2011”. Adentro, lo primero que se ve es un televisor (siempre clavado en América, el canal del que De Narváez es accionista), un mostrador y dos mesas que se asemejan a las de una oficina de turismo. Cinco o seis personas discuten las reuniones de la semana próxima. En las paredes, la decoración remeda las de las oficinas de De Narváez en Las Cañitas: un mural con fotos de “gente común”, entre las que se intercalan las de De Narváez y Amoroso, y frases como “el futuro no viene. Al futuro hay que ir”. O “el corto plazo y el largo plazo comienzan el mismo día”. Las oficinas cuentan con un cuarto de reuniones ejecutivas, un microcine para cincuenta personas y hasta un playroom. Hay señales de que están recién llegados: de fondo, se escucha un taladro; en el piso hay cajas con los aires acondicionados.

“Esta es la sede central del Unión Celeste y Blanco. Estamos armando otros quince locales, uno por comuna”, explica Hernán Gómez, uno de los coordinadores del local junto al ex funcionario porteño Nicolás Siseles. Peronista desde la más tierna infancia (“en vez de jugar al fútbol, mi viejo me llevaba a la unidad básica. Jugué para Menem en la interna contra Cafiero con 15 años, y no me toco nada cuando lo digo”), Gómez explica que el siguiente local que van a inaugurar es en Flores, donde vive Amoroso.

Será antes del Mundial. Tienen otros cinco locales proyectados hasta fin de año en Soldati, La Boca, Villa Urquiza, Caballito y Recoleta. “Queremos que cada uno de estos locales sea un punto de partida para recoger las propuestas de los vecinos de cara a las próximas elecciones de comunas y de jefe de Gobierno en la Ciudad, donde Unión Celeste y Blanco va a estar presente”, advierte Amoroso.

Los partidarios de De Narváez en Capital andan a la caza de voluntarios: recibieron una lista de seis mil personas que se anotaron en la página web “¿Me ayudás?” durante la campaña de 2009 y que tienen domicilio en Capital. Los están convocando de a poco. “Acá vienen muchos vecinos, algunos incluso se afilian. Vienen jubilados, arquitectos, ingenieros, un ex comisario. Otros reclaman por la basura, por la falta de semáforos”, cuenta Gómez, quien se divierte con la competencia de los locales macristas. “Si quieren jugarse un Macri presidente, tienen que dejar de cerrar locales y mostrar más actividad en la calle”, advierte.

La vida color amarillo

El local central del PRO que usaron durante la campaña, en Bolívar y Belgrano, está desmantelado. Sólo sobrevive una cinta amarilla sobre un fondo vacío con colillas, papeles de diario y una escalera de pintor. Los nuevos locales del partido quedaron en manos de los ex Recrear. “La idea es aportar en este año y generar locales en la comuna 14, la 15 y la 1 y entrar en contacto con el vecino, para recabar demanda”, explica el legislador Enzo Pagani. “Estamos tratando de recuperar el espíritu de la militancia y salir de la posición tradicional de la unidad básica”, dice. En los próximos dos meses abrirán un local en Villa Crespo, en Julián Alvarez y Drago –donde funcionará la juventud PRO– y otro cerca de Plaza Constitución. El tercero que proyectan estaría en Boedo o en Belgrano.

A una cuadra de Plaza Italia, el cartel amarillo PRO está justo sobre una tienda de regalos, pero el local queda en el primer piso. El logo es un arbolito con el símbolo de “play” en el centro. Al igual que el de De Narváez en San Telmo, está recién estrenado: el olor a pintura fresca lo inunda todo. Todas las paredes son amarillas, hay una mesita con café y un vitreaux, también amarillo. “¿Te interesa militar?”, es lo primero que pregunta Natalia, encargada del local. En contraste con el local de De Narváez, ella es la única persona en el de PRO, que tiene afiches con los rostros de Macri, Esteban Bullrich y Enzo Pagani.

Natalia cuenta que van a organizar charlas con dirigentes del partido y que desde allí va a funcionar un “observatorio de Palermo”, para rastrear necesidades de los vecinos. “Ahora la mayoría se acerca por el cambio de sentido de calle. Yo dejo que canalicen su bronca”, reconoce, dado que el local está en Borges 2368. Habrá también asistencia social, “aunque por la zona no tenemos mucha atención por indigencia y esas cosas”, dice, mientras extiende un folleto recién impreso. Natalia comenta que no proviene de Recrear, que no tiene militancia previa, sino que empezó en PRO poco antes de que se abriera el local.

–¿Por qué te acercaste al PRO?

–Mirá, no sé si te puedo contar. Dejame que haga un llamado a ver si me autorizan –dice Natalia, algo nerviosa, antes de salir disparada hacia el teléfono (“hay un chico acá haciendo preguntas”). Del otro lado de la línea, el encargado de prensa del local, de nombre Gabriel, plantea: “Preferimos que no hables con ella”.

–¿Por qué? Es una militante del PRO, ¿o es empleada del gobierno porteño?

–Me parece que no viene al caso.

–Bueno, a mí me parece que sí.

–Qué decirte...

Natalia también se niega a responder si es empleada de la ciudad o si le paga un sueldo el partido por atender a los vecinos: “Soy afiliada al PRO. Hago lo mismo que el resto”.

–Entonces, volviendo a la pregunta inicial: ¿por qué te acercaste al PRO?

–¿Te puedo pedir que te retires? –termina la conversación, muy nerviosa.

Más tarde, el legislador Pagani le aclara a este diario: “No tenemos un esquema de militancia paga y no es el estilo tampoco. Que podamos darle un viático, puede ser”. Pero, ¿ella trabaja en el Gobierno de la Ciudad? “No sé –concluyó–. No la conozco.”

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“Estamos armando otros quince locales, uno por comuna”, dice un coordinador del local del Colorado.
Imagen: Bernardino Avila
 
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