EL PAIS › DECLARACION DE ORGANIZACIONES SOCIALES Y POLITICAS SOBRE EL BICENTENARIO

“La memoria de las voluntades”

Carta Abierta, la CGT y la CTA, entre otros espacios y movimientos, acordaron dar a conocer este mes un documento que contrapone el primer centenario al actual modelo de país, y advierte sobre los peligros de un giro conservador.

 Por Alejandra Dandan

El documento tiene su propia dimensión histórica. Empezó a gestarse hace meses, en casa de uno de los referentes del espacio de intelectuales y artistas Carta Abierta y, de a poco, comenzó a hacerse más amplio. Desde Milagro Sala, de la Túpac Amaru, a Juan Schmid, de la CGT; de la CTA a varios intendentes del conurbano bonaerense y el diputado Martín Sabbatella. Ese espacio acaba de reunirse para empezar a cerrar el texto de una declaración también histórica de cara al Bicentenario, entre organizaciones y procedencias con diferentes posturas, explica Ricardo Forster, filósofo y docente, “pero con enormes acuerdos sobre la tradición emancipatoria e igualitaria en el país”. El documento, que no evita duras posiciones sobre el presente, retrata las exclusiones del país del primer Centenario y propone pensar un futuro para que no haya una “restauración conservadora”. Tras las últimas correcciones para alcanzar todos los acuerdos, el manifiesto se presentará a mediados de mes.

El borrador de poco más de dos hojas se discutió por última vez el miércoles en la Biblioteca Nacional. Había unos treinta referentes de distintos sectores. Lo interesante del armado –dice Forster nuevamente– es que “permite situarnos de otro modo ante el pasado, no es lo mismo lo que hubiésemos pensado diez años atrás, la coyuntura es otra, los procesos continentales con políticas más progresistas son otros y nosotros somos enfáticos también sobre lo que representan los peligros de los giros a la derecha”.

Uno de los aspectos más fuertes del documento, al decir de unos y de otros, es la comparación entre los dos centenarios: el primero de 1910 y el que se despunta en este mayo de 2010. El texto, de algún modo, vigoriza el presente al ponerlo en perspectiva histórica. “Es en los hilos de lo pendiente, en la memoria de las voluntades, que pronunciamos el nombre de Argentina en este Bicentenario”, señala. “No lo hacemos en la Argentina del Centenario, ese espejo virtual que los poderes actuales instalan en el lugar de paraíso perdido. En aquella Argentina, un futuro que se imaginaba dorado, sobre la base de los ganados y de las mieses, se proyectaba bajo la égida de un Estado excluyente, con las mayorías silenciadas políticamente y con un mundo popular asolado por la desdicha.”

El Centenario que retrata el documento parece un contrapunto elegido para mirar el presente. En aquel Centenario, que “fue oropeles y visitantes extranjeros, tanto como estado de sitio y lucha callejera, República para pocos y Ley de Residencia. Jóvenes de clase alta incendiando un circo plebeyo para que no altere un paseo tradicional. Esas fogatas prepararon la Semana Trágica y los fusilamientos de la Patagonia, expresiones del odio oligárquico que se descargaría cada vez que el pueblo defendió sus derechos”.

Luego, el texto repasa las derivas de ese primer siglo, las deudas del país pendiente. La idea de un Centenario que perseguía los sueños de emancipación, como lo hizo más tarde con cada una de las dictaduras. La declaración menciona cada golpe de Estado, subraya el carácter de “libertad e igualdad” del primer mayo, revisita el presente para instalarlo en un escenario nacional común al latinoamericano. Y menciona, para darle carnadura, a los integrantes de las luchas populares. Allí está la clase trabajadora, pero también los “desocupados que intentan recuperar una trama social devastada por el neoliberalismo”, los rostros de los “activistas sociales”, de los “activistas culturales”, de las “militancias de los derechos humanos”, de los estudiantes, pero también de los “empresarios comprometidos con los ideales de autonomía nacional”. Y entre parte de esos muchos rostros que parecen replicar de alguna manera, pero desde otro lugar la trama del mosaico de identidades de los orígenes, apelan a los “migrantes latinoamericanos” y también “a quienes nos recuerdan la deuda impaga con los pueblos originarios”.

El documento se detiene en los ’90 y recala además sobre el presente. “Deben ser conjuradas las maniobras de quienes conspiran en las sombras y agitan desde los espacios mediáticos. Pero también resguardar al país de la corrosión de sus lenguajes y de una sensibilidad social, cultural y política menguada en sus capacidades críticas y creativas.” En ese escenario, el texto considera “que algo poderoso vuelve a manifestarse en la patria de todos”. Y detalla la particular situación de América latina, donde la Argentina actual, “capaz de enjuiciar los crímenes del pasado y generar políticas de reparación para las desigualdades contemporáneas, no puede ser suprimida por los agentes de la reacción”.

Con ese trasfondo cobran mayor dimensión cada uno de los avales recogidos por el espacio durante este tiempo de trabajo. Entre las últimas discusiones puntuales sobre el documento, una de las cuestiones se refería a ampliar la incidencia de los “pueblos originarios”. O buscar algún modo de incluir el 17 de octubre, bisagra para la CGT. Lo mismo sucedía con una de las fórmulas del original que hablaba del “asalariado” como sujeto en un lugar de la “clase trabajadora”, fórmula preferida por la CGT. Para consolidar ese aire de manifiesto o documento histórico se decidió que no haya alusiones directas al kirchnerismo, aunque la declaración se ancla en el modelo nacional actualmente en marcha.

“El compromiso de esta interpretación del Bicentenario, de cómo continuar para que no se vuelva atrás, de volver a la idea del primer Centenario como la idea de la dominación es muy fuerte”, dice Oscar Laborde, del Frente Transversal. “Es muy rica y alentadora la idea de un espacio en el que confluyan organizaciones sociales, sindicales, representantes de partidos populares, organizaciones obreras como CGT o CTA.” En eso mismo piensa Schmid. La CGT se arrimó al espacio después de una visita de un grupo de integrantes de Carta Abierta a Hugo Moyano. “Nosotros aceptamos participar –dice Schmid–, iniciamos un vínculo fuerte porque creíamos que éramos un actor importante para el espacio.” Más allá de las anécdotas –agrega–, “lo más valioso es que nos hemos encontrado las dos orillas, porque la verdad es que ni nosotros somos lo que los otros creen que somos y viceversa”.

Para algunos de los integrantes, la declaración es el punto de partida para un trabajo común. “No es una base programática, sino un piso o la introducción a un programa”, dice Fernando “Chino” Navarro, diputado provincial y dirigente del Movimiento Evita. “Para muchos de nosotros, esto tiene sentido si podemos seguir haciendo cosas juntos.”

La declaración estará firmada no por personalidades sino por personas en nombre de organizaciones. Entre otros, de la producción del texto participaron Hugo Yasky, Stella Maldonado, Roberto Baradel, por la CTA; por la CGT estuvieron Schmid y Julio Piumato; referentes de la Túpac Amaru; Luis D’Elía por la Central de Movimientos Populares; Gastón Harispe de Octubres; Eduardo Sigal del Frente Grande; Laborde del Frente Transversal; Oscar González del PS bonaerense; Carlos López de la Corriente Nacional y Popular; Carlos Heller del Partido Solidario; Martín Sabbatella de Nuevo Encuentro; Patricio Echegaray del PC; el Chino Navarro por el Evita; Juan Carlos Daffunchio de la Verón; Jorge “Quito” Aragón de la Corriente Martín Fierro; y también intendentes como Francisco “Barba” Gutiérrez, Darío Díaz Pérez, Mario Secco, Graciela Rosso y Gustavo Arrieta.

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El texto comenzó a discutirse en el espacio de intelectuales y artistas Carta Abierta.
Imagen: Marisela Mengochea
 
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