EL PAIS › EXCLUSIVO LOS PROYECTOS DE INFRAESTRUCTURA QUE DEBATE UNASUR

Cómo conectar a los desconectados

El sábado próximo, en Caracas, los presidentes discutirán prioridades de integración física mientras ultiman medidas para que el huracán de la crisis mundial afecte lo menos posible a Sudamérica.

 Por Martín Granovsky

El verbo es “intervenir”. Y el documento de la Unión de Naciones Suramericanas sobre infraestructura al que tuvo acceso Página/12 lo utiliza para planificar la intervención del organismo en este objetivo: “El desafío es cómo utilizar los obstáculos que nos impone la geografía como elementos dinámicos de integración”. La brecha digital entre los países miembro de Unasur figura como un escenario más donde intervenir, a partir de la constatación de que “casi el 80 por ciento del tráfico regional de las comunicaciones de Internet salen fuera de la región”.

El texto preparado por la Secretaría General de Unasur a cargo de la ex canciller colombiana María Emma Mejía será la base para que los presidentes la discutan el 3 de diciembre en Caracas. Tal como informó el sábado este diario, el ministro de Economía ya se refirió a los planes de infraestructura con búsqueda de financiación incluida cuando fue el anfitrión, el viernes último, de la reunión regional de ministros de Economía y Finanzas para analizar la crisis mundial.

En la Argentina venía trabajando en el tema Graciela Oporto, la subsecretaria de Planificación Territorial de la Inversión Pública del Ministerio de Planificación Federal.

Junto al verbo “intervenir” aparece el sustantivo “conectividad”. Y el concepto no es sólo digital. Está usado en el texto de Unasur como una forma de describir la integración física que, dice, “constituyó el primer origen de la creación de la Unión Suramericana de Naciones”.

Los EID (Ejes de Integración y Desarrollo) son diez: el andino, el del Escudo guayanés, el del Amazonas, el de Perú-Brasil-Bolivia, el Interoceánico Central, el de Capricornio, el Mercosur-Chile, el del Sur, el de la Hidrovía Paraguay-Paraná y el Andino del Sur.

El objetivo sería generar una dinámica que “facilitará el acceso a zonas de alto potencial productivo que se encuentran actualmente relativamente aisladas o subutilizadas debido a la deficiente provisión de servicios básicos de infraestructura, y proveerá mecanismos para la distribución racional y justa de los beneficios del desarrollo entre los territorios de la región”. En cada caso el desarrollo de proyectos iría acompañado, según Unasur, de la identificación de obstáculos en normas o instituciones, ya sea transporte aéreo, tecnologías de información o uso de pasos de frontera.

Cuantificados, los proyectos superan los 500 con una inversión estimada superior a los 100 mil millones de dólares.

En realidad, Unasur no se atribuye el mérito de una simple recopilación de proyectos en danza, sino la ocupación de un espacio vacío mediante “la constitución de un foro político de alto nivel que establece una visión estratégica y le da seguimiento a su ejecución”.

Por eso Boudou mencionó, al término de la reunión en Buenos Aires, la existencia de 31 proyectos estructurados de alcance regional y con capacidad de agrupar a varios de los planes existentes.

El Eje de Capricornio, que el propio documento de Unasur toma como ejemplo, incluye proyectos que afectan a la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Paraguay. En territorio argentino están incluidos Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco, el norte de Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy y cuatro municipios de Córdoba.

Influye sobre 2.798.318 kilómetros cuadrados, el 20,64 por ciento de la suma de las superficies totales de los cinco países. Se trata de casi 50 millones de habitantes, el 19 por ciento del total de habitantes.

Los cinco proyectos estructurados de Capricornio (que articulan 18 proyectos individuales) suponen una inversión de 1765 millones de dólares.

Un proyecto es la construcción del puente binacional Salvador Mazza-Yacuiba, entre la Argentina y Bolivia.

El segundo es la llamada Conexión Oeste, también entre la Argentina y Bolivia, con proyectos de puente y centro frontera La Quiaca-Villazón, la rehabilitación del ferrocarril entre Jujuy y La Quiaca y la pavimentación de la Ruta Nacional 40 para el corredor minero.

El tercer proyecto es el corredor ferroviario oceánico Paranaguá-Antofagasta, que en la Argentina sirve para conectar el Chaco y Salta, y revivir el antiguo nudo ferroviario de Metán.

El cuarto proyecto es la conexión vial Foz-Ciudad del Este-Asunción-Clorinda.

Y el quinto, la línea de transmisión de 500 Kw entre Itaipú, Asunción y Yacyretá.

El proceso de integración va en paralelo al debate de Unasur sobre cómo hacer frente a lo que el presidente colombiano Juan Manuel Santos describió como huracán: una crisis mundial que provoca y provocará daños, pero que va cambiando de rumbo e intensidad y frente a la cual la región debe prevenirse lo más posible.

El documento de los ministros que se reunieron en Buenos Aires define Sudamérica como una región con “potencial para seguir creciendo y mejorar sus niveles de inclusión social” sobre la base de “mantener la generación de empleo como un punto central de la política económica”.

Los ministros elevarán en Caracas a los presidentes propuestas para fomentar el comercio dentro de la región y ya resolvieron profundizar en la discusión sobre el manejo de las reservas monetarias de cada país.

En financiamiento seguirán analizando la constitución del Banco del Sur, aprobado ya por los Parlamentos de la Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Falta el trámite –clave por peso político, internacional y financiero del país de origen– del Congreso brasileño. Hasta que funcione la nueva institución están, a mano, las viejas como la Corporación Andina de Fomento.

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