EL PAIS › LOS ENCUESTADORES ANALIZAN LA REACCION ANTE LA NACIONALIZACION DE YPF

El rumbo se profundiza

Todos coinciden en que la medida no fue vista como un timonazo sino como una continuidad de ideas fundamentales. Hasta se detecta un alza de la aprobación del Gobierno, que había bajado levemente durante el verano.

 Por Raúl Kollmann

Imagen: Jorge Larrosa.

Ocho de los más conocidos consultores de opinión pública evaluaron que la nacionalización de YPF no constituye un giro en la política del Gobierno, sino más bien que se profundiza el rumbo, con los antecedentes de la estatización de las AFJP y Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, todos evalúan que YPF es un salto más fuerte, de mayor envergadura que los dados anteriormente y varios interpretan que pone a la Presidenta más a la ofensiva. No falta quien sostiene que Cristina Fernández de Kirchner perdió opiniones favorables en el primer trimestre del año y que la decisión sobre YPF revirtió esa tendencia.

“Yo creo que la nacionalización de YPF implica un cambio de escenario cualitativo –señala Enrique Zuleta Puceiro, de Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM)–. Entre enero y abril todos los indicadores de evaluación del Gobierno y la situación general del país habían descendido diez y quince puntos porcentuales. El acuerdo con la gestión presidencial bajó de 54,6 a 45,3 por ciento. El Gobierno proyectaba una imagen de incertidumbre en cuanto al rumbo general de áreas sensibles para una sociedad experimentada y suspicaz. Este cambio en el clima social imperante entre agosto y diciembre del año pasado no se trasladaba al plano político o mucho menos electoral, debido sobre todo a la virtual desaparición de la oposición. Tampoco se trataba de un fenómeno nuevo. Cristina Kirchner ya sufrió procesos de desgaste similares en enero del 2008, en los meses de la crisis con el campo, en junio del 2009 o en el verano del 2011, revelando una capacidad extraordinaria de recuperación. Es precisamente lo que revelan los indicadores en las últimas dos semanas. En esta semana pasada, la percepción general del rumbo económico subió más de diez puntos, al tiempo que la suma de juicios favorables al desempeño presidencial creció siete puntos. El Gobierno ha recuperado la iniciativa política y el control exclusivo de la agenda pública, el manejo de los tiempos y de la definición de los problemas. Ha renovado incluso parte importante de sus elencos gubernamentales y apunta a la construcción de un movimiento dotado de apoyos propios, superador del peso inerte del peronismo tradicional, el sindicalismo y hasta el primer kirchnerismo. Refuerza así su perfil más competitivo y los atributos más reconocidos de la Presidenta –autonomía, independencia de criterio–. Esto es un cambio esencial en la situación hasta ahora vigente. Abre todo un horizonte de expectativas y posibilidades, más allá de la capacidad efectiva de aprovechamiento.”

“Yo diría que el Gobierno no dejó de estar en el centro de la escena política y el cambio es que pasó a una fuerte ofensiva, tanto con la expropiación de YPF como con el acto del viernes –analiza Hugo Haime, titular de Haime y Asociados–. Desde lo político, el Gobierno nunca dejó de estar en el centro de la escena. Pudo tener momentos de mayor o menor iniciativa. Cuando comenzó la nueva presidencia de Cristina, ella había anunciado ya algunas de las cosas que se están haciendo: primero, que era necesario realizar algunos cambios para que el modelo no fracase, la sintonía fina. También anunció que lo que se venía era una etapa de afirmación de la soberanía económica y política. Hace poco adelantó el proyecto de modificación del Código Civil y Comercial. Gusten o no, sus líneas estratégicas se fueron convirtiendo en políticas fuertes: restricción a la importaciones y a la salida de dólares, búsqueda de nuevos mercados, anuncios sobre Malvinas. Y ahora la expropiación de YPF. Así que, más que una nueva etapa, lo veo como una puesta en marcha de la etapa ya definida. YPF es un sentimiento nacional que une a la gran mayoría de los argentinos. A tal punto, que tanto los que votaron a CFK en 2011 como la mitad de sus no votantes apoyan la expropiación. En este sentido, disiento con la visión de algunos colegas que dicen que los no votantes de CFK no apoyan la expropiación.”

Eduardo Fidanza, uno de los referentes de la consultora Poliarquía, coincide en un punto: “Tal vez no hablaría de giro, sino de una decisión particularmente significativa del Gobierno que, en rigor, es una continuidad de su política orientada a darle al Estado fuerte protagonismo en la economía. Ahora, adicionalmente, retomar el control de YPF es asimilable a recuperar, en el plano simbólico, una forma de soberanía territorial, lo que coloca esta decisión en la saga de las Malvinas. El petróleo está debajo de la tierra, las Malvinas son un territorio irredento, el sentido es el mismo. También debe emparentarse esto con el caso Aerolíneas, significa que la bandera argentina, imaginariamente, ondeará en la sede de empresas que antes eran extranjeras y ahora serán nacionales. Son determinaciones orientadas a impactar en el imaginario nacionalista que en la Argentina es muy frondoso”.

Graciela Römer, de Römer y Asociados, considera que “más que un giro, me parece que es una profundización de la tendencia o de la orientación que expresa la gestión de CFK hacia una mayor presencia del Estado como actor clave de la política económica y que tiene en la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y la estatización de los fondos de pensión sus antecedentes más cercanos. Esta tendencia se hace más evidente en momentos de retracción de la economía en la medida en que el supuesto es que el Estado es clave para orientar la demanda y las inversiones, especialmente en momentos de crisis o desaceleración económica”.

También Roberto Bacman, del Centro de Estudios de Opinión Pública, cree que no hay un giro, sino más bien que se consolida un “contrato social”, formulado por Néstor Kirchner en su momento. “Reactivación y estabilidad económica, nuevo rol del Estado, derechos humanos, independencia económica y justicia social. En ese marco, siempre estuvo tácita la idea de replantear las privatizaciones de los noventa. Lo hizo con AYSA, es decir el servicio de aguas corrientes y cloacas, y también con la nacionalización del sistema jubilatorio, ya durante la gestión de Cristina. Por entonces se pudieron escuchar muchas críticas y asimismo se plantearon grandes interrogantes. Sustancialmente se dudaba de que el Estado tuviese la capacidad de administrar con eficiencia los fondos de los jubilados. Sin embargo, la política jubilatoria del gobierno nacional fue correcta y eficaz y se convirtió en uno de los principales factores que influyeron en el triunfo de CFK en octubre del año pasado.”

Artemio López, de Equis, se inscribe entre los que piensan que hay una continuidad, pero también una profundización. “Junto a la Asignación Universal y la eliminación de la estafa de las AFJP, la recuperación de YPF es la determinación de mayor volumen en orden a la profundización del rumbo iniciado por Néstor Kirchner en mayo de 2003. En este sentido, la gran aceptación ciudadana de la medida superior al 70 por ciento y el notable consenso parlamentario en su aprobación que obtuviera 63 votos en senadores y superará los 200 votos favorables en diputados muestra que el oficialismo monopoliza la iniciativa política y consolida aún más su fortaleza ya notable tras el 54,11 por ciento de los votos obtenidos por la fórmula Cristina Kirchner - Amado Boudou en octubre de 2011.”

Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados, está en la misma sintonía. “Más que un giro es una profundización del proyecto. El giro podía ser pensado si la sintonía fina hubiera sido una reorientación ideológica, cosa que no ocurrió pero muchos pensaron o desearon desde la oposición. Queda ratificado el papel protagónico del Estado, pero no excluyente de la actividad económica. El rol de la inversión privada está conservado y será respetado. Repsol fue un buen ejemplo del peor capitalismo.”

Luis Costa es hoy la cabeza de una de las consultoras más conocidas, Ipsos-Mora y Araujo. “La decisión del Gobierno puede asumirse más como una continuidad de su política que como un quiebre –analiza–. Extiende y confirma un perfil que tiende a la intervención de su accionar en el mundo económico, no ya sólo como un regulador del mercado, sino como un juez que dictamina qué es lo correcto o lo incorrecto para las empresas. Las compañías actúan en función de generar rentabilidad económica, el Gobierno lo hace para acumular rentabilidad política, que quiere decir apoyo de la opinión pública. La medida se toma en gran parte porque se sabe que no tendrá mayores rechazos, y esos apoyos son la continuidad del 54 por ciento del año anterior. Así, lo que está ocurriendo fortalece al Gobierno y continúa ejerciendo el mismo perfil actitudinal. Es lógico que haya sido este Gobierno y no otro el de la medida.”

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