EL PAíS › UNA EXPLOSIóN DE GAS DERRUMBó UN EDIFICIO DE NUEVE PISOS; AL MENOS 12 MUERTOS Y 15 DESAPARECIDOS

Rosario, en el día de su peor pesadilla

El escape se produjo cuando un gasista trabajaba en el recambio de una válvula. Vidrios y escombros volaron por toda la cuadra. Las dos alas del complejo que quedaron en pie también corren riesgo. Hay 62 heridos. El gasista y su ayudante fueron detenidos.

 Por Luis Bastús y Lorena Panzerini

Desde Rosario

Primero fue un zumbido extraño y poderoso, enseguida la carrera alocada del portero y del gasista por la calle Salta, atajando el tránsito y la gente. “¡Váyanse que explota todo!”, gritaban. Y unos minutos después, la explosión más aterradora que jamás haya estremecido la ciudad. Rosario vive desde ayer a las 9.38 la peor tragedia de su historia, con epicentro en el edificio situado en Salta 2141, a metros de Boulevard Oroño, que al cierre de esta edición contaba con 12 personas muertas, 62 heridas y 15 desaparecidas. Los nueve pisos del ala media de las tres que componían la torre se derrumbaron sobre sí. Desaparecieron 18 departamentos. Allí es donde los equipos de rescate concentran sus tareas para encontrar sobrevivientes, algo que descuentan les insumirá los próximos días.

El gasista contratado por el consorcio y que trabajó ayer hasta el momento de la deflagración fue detenido anoche por orden del juez en lo Correccional Juan Carlos Curto (ver aparte). Desde la empresa Litoral Gas negaron haber recibido denuncias por el servicio desde esa dirección, pero los vecinos afirmaron lo contrario. Por eso el magistrado allanó las oficinas de la empresa concesionaria del servicio, que cortó el suministro recién tres horas después del desastre.

Las postales iniciales del caos mostraban vecinos a la deriva sobre el asfalto regado de vidrios y objetos que un segundo antes decoraban en paz livings y dormitorios. Una mujer trataba de salir por la ventana destartalada del quinto piso cuando un bombero llegaba en escalera y le rogaba que no se tirara. En la planta baja arreciaba una lengua de fuego sin control. Los gritos, las alarmas desbocadas y las sirenas apuradas pusieron el sonido de los primeros instantes del horror.

El humo subía negro. Enseguida personal de la Guardia Urbana Municipal y Defensa Civil despejó la calle Salta hacia Balcarce para permitir la salida de las primeras ambulancias. Para cortar el gas, la empresa tuvo que realizar dos perforaciones en la vereda para empezar a controlar la situación y liberar la presión remanente, mientras el fuego todavía daba pelea a los bomberos. Los heridos leves fueron trasladados al Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias (Cemar) y los más complicados, al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (HECA) y al Centenario. Desde ese efector se confirmó la primera víctima fatal antes de las 11 de la mañana. En el vecindario se rumoreaba el peor pálpito: serían varios más.

Anoche, fuentes de la investigación señalaron que los peritos traídos por el ministro de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, encontraron la válvula que debía reemplazar el gasista descalzada del caño maestro que alimenta al edificio. Y empezaron a trabajar sobre la hipótesis de que en ese punto se produjo el escape de gas que se acumuló en el subsuelo y a todo lo largo del compartimento del ascensor. Si eso fue así, es posible que una chispa del motor eléctrico del elevador haya desencadenado la tragedia.

La intendenta Mónica Fein llegó pasadas las 10 y, aunque recibió algunos insultos propios de la desesperación y el dolor de la gente, permaneció en el lugar durante varias horas. En ese momento, los motivos del hecho no estaban claros. “Era un ruido como de aire saliendo de un compresor, no pensé que sería gas”, describió Franco, vecino del piso 7º, a quien el estallido lo aturdió. Cuando volvió en sí, su habitación ya no tenía paredes y podía ver los departamentos del ala del frente en la misma situación. “Veía el precipicio. Me quedé debajo del marco de la puerta porque no sabía si era un terremoto o qué. Empecé a escuchar gritos y vi que había cosas de la vecina en mi casa”, dijo antes de ayudar a salir a la propietaria del departamento lindero.

La información fría en los medios nacionales rezaba: “Explosión en Rosario”. La esquina de Salta y Balcarce estaba repleta de rostros aterrados por lo que generó el estruendo y el derrumbe de la torre central, cuando algunas personas todavía permanecían acostadas o preparándose para salir; otros agradecían haberse ido temprano.

“No puedo creer lo que veo, esto es terrible”, dijo una mujer que vive a una cuadra y que por la tarde recién llegaba de su trabajo, tras retirarse a las 7 de la mañana. Recién en ese momento se encontró con el panorama desolador. La torre del centro había colapsado.

En toda la manzana se veían y se pisaban vidrios. Varias familias salían de sus casas con niños y mascotas, por la orden de evacuación en el perímetro de las cuadras contiguas. La fotografía era “de guerra”. Dos empleados del supermercado La Gallega, atrás del edificio, describieron la situación que vieron desde adentro como “trágica”.

Defensa Civil y de Salud Municipal improvisaron un centro de atención médica, mientras numerosas dotaciones de bomberos trabajaban en el lugar perimetrado.

Si bien la Justicia ya investiga los motivos del hecho, Franco dijo que cuando escuchó ese sonido, recordó que irían a cortar el suministro de gas en horas de la mañana, “porque hacía diez días había problemas de una pérdida, por lo que se cambiaría un regulador de baja presión”, describió. “Una vecina se quejó a Litoral Gas porque tenía poca presión, entonces el edificio se enojó con ella porque vinieron y les cortaron a todos. Estuvimos tres días sin gas, solucionaron la pérdida y reconectaron. Y ayer estábamos avisados de que a las 9 iban a cortar el gas para cambiar el regulador.”

Rodrigo, un joven que vive sobre Oroño, relató que dos días atrás los comerciantes de Salta se habían quejado por el ruido que había, “como de una pérdida”, y aseguró que llamaron a personal de Litoral Gas, algo que el vocero de la empresa, José María González, descartó desde el principio.

Por la tarde, el juez Juan Carlos Curto ordenó el allanamiento de las oficinas de la empresa de suministro de gas, donde estuvo la fiscal Graciela Argüelles. La causa está caratulada como “estrago culposo”.

Pasado el mediodía, ingresaron ambulancias, bomberos y paramédicos al estacionamiento del supermercado La Gallega, sobre Oroño, donde se colocó una mediasombra gris para trabajar en el interior con las personas rescatadas. Marcos Aspiros, un bombero voluntario de Granadero Baigorria que se autoconvocó en el lugar del siniestro, relató que pudo rescatar a una joven que aún se encontraba en pijama. “Estaba bien de salud. Pero lo peor de todo fue oír llantos de chicos”, lamentó.

En la zona se cortó la energía y se ordenó evacuar manzanas aledañas hasta que la situación se encauzó. Anoche esa restricción se mantenía en la cuadra del siniestro. Algunas autoridades consultadas daban por sentado que todo el edificio tendrá que ser demolido una vez que concluya la búsqueda de sobrevivientes y cuerpos.

A los vecinos de las cuadras aledañas se les permitió de a poco regresar a sus viviendas a retirar ropa y efectos personales. Menos los que habitan la manzana del estallido, a los demás se les permitía pernoctar y se les había repuesto la luz y el gas. En paralelo, crecía la angustia de los consorcistas de las torres dañadas, en busca de garantías de que lo que quedó de sus bienes no fuera presa del pillaje. Para eso, anoche se apostaron gendarmes, prefectos y soldados a montar guardia en la cuadra del horror.

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El ala frontal del complejo de Salta casi Boulevard Oroño, epicentro de la tragedia.
Imagen: Télam
 
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