EL PAIS › EL VATICANO COMUNICO LA DIMISION DE MACCARONE, UNA DECISIVA FIGURA DEL EPISCOPADO

Una renuncia que desató la crisis

La comunicación oficial no hace públicos los motivos de la renuncia, que fuentes eclesiásticas ligan a la denuncia de una inconducta personal. Religiosos cercanos a Maccarone no descartan que haya terminado involucrado en una maniobra destinada a desprestigiarlo antes de la elección de las futuras autoridades de la Iglesia.

 Por Washington Uranga

Una tan rápida como inesperada decisión del Vaticano aceptando ayer la renuncia de Juan Carlos Maccarone al obispado de Santiago del Estero, sin dar detalles acerca de los motivos que la provocaron, pero que estarían basados en hechos de conducta personal del obispo que entran en contradicción con las normas eclesiásticas, saca del escenario del Episcopado y de los espacios políticos a una de las figuras más relevantes dentro y fuera del ámbito de la Iglesia por su activa participación en el Diálogo Argentino y por el reconocimiento que sus acciones han tenido en la sociedad y en la opinión pública. La dimisión de Maccarone ocurre apenas unos días antes de la estratégica reunión de la Comisión Permanente del Episcopado aprovechada por una veintena de los más representativos obispos argentinos para debatir acerca del futuro de la Iglesia y de la elección de nuevas autoridades de la Conferencia Episcopal que se concretará en el próximo mes de noviembre. Por la consideración ganada entre sus pares, hasta ayer Maccarone era una de las personalidades más influyentes en ese espacio y se esperaba que ese reconocimiento se expresara también en las elecciones a través de un cargo de importancia en la nueva cúpula episcopal, que seguramente estará presidida por el cardenal Jorge Bergoglio.
La renuncia de Maccarone, aceptada por el papa Benedicto XVI y anunciada ayer a primera hora en Buenos Aires por el nuncio apostólico Adriano Bernardini, tendrá también impacto en medios políticos argentinos si se tiene en cuenta que el ahora ex titular de la diócesis de Santiago del Estero colaboró ampliamente con las autoridades nacionales en la pasada intervención federal a aquella provincia y que el propio presidente Néstor Kirchner prefirió la catedral de Santiago del Estero para participar, el 25 de mayo último, de la ceremonia religiosa de acción de gracias por la Patria. En esa ocasión se dijo que el Presidente había elegido esa provincia en virtud de las posiciones sostenidas por Maccarone en ejercicio de su función.
Según el escueto comunicado difundido de manera simultánea en Roma y en Buenos Aires, el papa Benedicto XVI aceptó la dimisión de Maccarone y designó de manera provisoria como administrador apostólico de Santiago del Estero al actual arzobispo de Tucumán, Héctor Villalba. El anuncio de la renuncia de Maccarone sorprendió tanto a fuentes de la Iglesia como de fuera de ella y a los propios integrantes de la comunidad católica de Santiago del Estero. La medida no guarda vinculación alguna con la edad, dado que Maccarone tiene actualmente 64 años y los obispos sólo están obligados a dejar sus cargos a los 75 años. Según la única información oficial, el Papa aceptó la dimisión del obispo santiagueño siguiendo lo establecido en el inciso 2 del canon 401 del derecho canónico, la ley eclesiástica. En ese artículo “se ruega encarecidamente al obispo diocesano que presente su renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo”.
Se sabe que más allá de dolencias menores y de una hipertensión que lo aquejaba desde mucho tiempo atrás, Maccarone no padecía actualmente ninguna enfermedad grave que pudiera impedirle el ejercicio de su responsabilidad eclesiástica, por lo cual todo indica que la decisión vaticana fue tomada analizando informaciones sobre la conducta privada del obispo que podrían afectar seriamente sus posibilidades de orientar a la feligresía católica de Santiago del Estero.
Aparte del breve comunicado del Nuncio, difundido a través de la Agencia Informativa Católica (AICA), no hubo otras declaraciones ni en el Episcopado ni en la diócesis de Santiago del Estero, donde se esperaba de un momento a otro el arribo del arzobispo Villalba para hacerse cargo de la administración de la Iglesia local. En las fuentes eclesiásticas se prefirió guardar silencio y se evitó cualquier comentario, aunque en todos los interlocutores era evidente la sorpresa y la conmoción que causó el hecho.
Más allá de la existencia de evidencias que dejarían al obispo en una posición difícil para ejercer su defensa respecto de la inconducta personal que se le atribuye, interlocutores eclesiásticos cercanos a Maccarone no descartaron la posibilidad de que el obispo haya terminado involucrado en un escenario montado para desprestigiarlo a él y al sector más progresista del Episcopado, del cual era considerado uno de los principales referentes. Las mismas voces señalan que quienes pudieran estar interesados en el desprestigio de Maccarone podrían ser los mismos sectores políticos que lo enfrentaron en los últimos tiempos en Santiago del Estero y antes en la provincia de Buenos Aires, cuando se desempeñaba como titular de la diócesis de Chascomús.
El obispo preside actualmente la estratégica Comisión Episcopal de Catequesis y en tal condición se había reunido durante el último fin de semana con varios de sus colegas en la provincia de Salta. Las mismas fuentes recordaron los duros enfrentamientos que Maccarone tuvo con gran parte de la dirigencia política santiagueña encabezada por el ex gobernador Carlos Juárez y su esposa Nina, quien también ejerciera la gobernación provincial hasta el momento de la intervención federal a esa provincia el año pasado. En Santiago del Estero, Maccarone era actualmente uno de los más firmes impulsores de la reforma de la constitución provincial, basado en el argumento de que es necesario generar las bases para nuevas formas de participación política y social de la ciudadanía y la transparencia en los actos de gobierno.
Desde mucho tiempo atrás, Maccarone ha sido un interlocutor habitual de dirigentes políticos y sociales a partir primero de su activa participación en las deliberaciones que se generaron en torno a la Asamblea Constituyente de Santa Fe que reformó la Constitución Nacional en 1994 y, más recientemente, en el llamado Diálogo Argentino, promovido por la Iglesia Católica a raíz de la crisis de diciembre del 2001. Maccarone fue, sino el principal, uno de los más importantes impulsores de la presencia de la jerarquía católica en ese espacio, para lo cual tuvo que dar muchas discusiones y batallas en el seno de la propia Conferencia Episcopal.
Algunos obispos consultados respecto de la renuncia admitieron que desconocían absolutamente que Maccarone tuviese siquiera la intención de presentar su dimisión, hecho que queda en evidencia si se toma en cuenta que el eclesiástico cumplió hasta el pasado miércoles con todas las actividades y obligaciones atinentes a su cargo. Hasta anoche se desconocía el paradero de Maccarone, aunque se sabía que no estaba en Santiago del Estero desde donde habría partido en la noche del miércoles hacia algún destino próximo a la ciudad de Buenos Aires. Por el momento no hay ninguna información acerca de si Maccarone permanecerá en el país o si decidirá trasladarse al exterior ni tampoco sobre su destino eclesiástico, es decir, si le serán asignadas nuevas funciones o responsabilidades en la Iglesia Católica.
En medio del desconcierto que reinaba ayer en medios eclesiásticos por lo inesperado del hecho, se tejían muchas especulaciones acerca de las consecuencias institucionales que tendrá la renuncia del obispo para la Iglesia Católica en la Argentina y más allá de sus límites, acerca de los rebotes que la misma puede generar en el ámbito político nacional donde Maccarone tenía aceitadas relaciones.

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El ex obispo de Santiago del Estero Juan Carlos Maccarone, una figura relevante para el arco político.
 
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