EL PAíS › LAS NEGOCIACIONES DEL GOBIERNO CON EE.UU. Y CHAVEZ, ANTES DE LA CUMBRE

A la vera de la mar

El Gobierno pidió que Bush hiciese un gesto de apoyo con el FMI. Bush no lo hizo. También le había adelantado que, de querer imponer el debate por el ALCA, el Mercosur adoptaría una postura contraria. Las conversaciones con Chávez. El acto en el estadio a cambio de calma en la Cumbre. La evaluación oficial.

 Por Sergio Moreno

Semanas antes de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata y el encuentro bilateral entre los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner, y de Estados Unidos, George W. Bush, el Gobierno hizo saber a Washington que vería con muy buenos ojos que el estadounidense diese su apoyo para la negociación con el Fondo Monetario Internacional. La Casa Blanca sólo respondió que lo iban a pensar, dejando en el aire un mal presagio. Kirchner escuchó de boca del propio W. la negativa a apoyar de entrada las negociaciones. “La reunión del viernes (entre Kirchner y Bush, anterior a la Cumbre) no fue buena. Bush salió con eso de que Argentina puede pelear sola con el FMI. Quizá si Bush hubiese accedido a darnos una manito con eso, Kirchner habría sido un poco menos duro en su discurso de apertura. Quizás...” La especulación pertenece a uno de los más importantes negociadores de esos dos intensos días a la vera del mar, cuando el patagónico y sus pares de Brasil y Uruguay propinaron una derrota no menor a la diplomacia norteamericana.
Así como Argentina había hecho saber al Departamento de Estado sus deseos acerca de la bilateral, también le adelantó cuál sería su posición respecto de las discusiones sobre el libre comercio continental y el ALCA, si es que ellos introducían tal tema, que no estaba en agenda. Fue el embajador argentino en Washington, José Octavio Bordón, el encargado de alertar a los americanos del norte que Argentina y el Mercosur mantendrían una cerrada negativa a tratar el asunto si surgiese, en las actuales condiciones (vale decir, con el altísimo nivel de subsidios a la producción agropecuaria estadounidense y las barreras paraarancelarias existentes en ese país para los productos del sur de América). Y menos aun a estipular plazos sobre el asunto. Los norteamericanos escucharon, pero decidieron ir a por todas. “Los yankees están muy enojados. A pesar de que les habíamos alertado lo que iba a ocurrir si sacaban el tema. ‘Pilo’ (por Bordón) les dijo que esta cumbre no era para discutir el ALCA, que iban a encontrar bastante resistencia. Pero ellos lo plantearon igual, a pesar de que no estaba acordado de las cumbres anteriores. Y perdieron, perdieron mal. Se fueron sin nada”, revelaba y evaluaba ante Página/12 un funcionario conocedor de los pormenores de las negociaciones. “Los yankees quedaron enojados. Deberemos esperar a que se les pase un poco. Pero se equivocaron ellos. Les advertimos...”, reiteró el confidente.
La revelación que abre esta nota da cuenta de que la administración Bush decidió, antes de la Cumbre, tomar una posición respecto de las conversaciones entre Argentina y el Fondo Monetario. La decisión fortalece las duras posiciones de Rodrigo Rato, Anne Krueger y la burocracia del organismo que pretende, para firmar un acuerdo, que Argentina modifique de cuajo su política económica, revalúe el peso respecto del dólar, suba las tasas de interés, reabra el canje de la deuda para los holdouts, permita el libre flujo de los capitales trasnacionales y retire al Estado dejando que el mercado fije las reglas del juego económico. Sintetizando, volver a aplicar los preceptos del Consenso de Washington, forjados al calor de los felices ‘90, como los llamó el nobel de Economía Joseph Stiglitz.
Por lo tanto, las supuestas consecuencias de proteger los intereses nacionales ante la avanzada del ALCA en esta ronda de la Cumbre poco tendrán que ver con el apoyo que pueda dar –o no– Estados Unidos a la Argentina ante el FMI. “La verdad es que el ALCA no avanzó en estos últimos años, incluidos los de las relaciones carnales, gracias a los brasileños. Lula y cualquier presidente brasileño saben que con los americanos pueden llegar hasta un punto, que de ahí en más no pueden avanzar. Esa raya en la arena la traza la burguesía brasileña, la poderosa Fiesp (Federaçao de Industria y Comerço de Sao Paulo). Si los políticos o los diplomáticos pasan esa raya, la burguesía paulista los asesina. Ello son los verdaderos resistentes al ALCA”, colegía un diplomático argentino. El hombre, curtido por varias negociaciones internacionales, actualmente en funciones, consideró positiva la reunión entre Lula y Bush en Brasilia, un día después de la Cumbre. “Los párrafos que agregaron a la declaración conjunta son más o menos lo mismo que lo firmado en la declaración final de Mar del Plata. Brasil no será el negociador exclusivo ante EE.UU. porque desde esta Cumbre ha renacido la mística del Mercosur. Ahora debemos trabajar para que eso se transforme en concreciones”, sostuvo el diplomático.

Poner el cuerpo

Varios funcionarios, incluso algún mandatario extranjero, resaltaron ante este diario las acciones que desplegó Kirchner en ese día de negociación en la sesión de la Cumbre. Cuentan que el Presidente se involucró personalmente, con sus palabras, con su gestualidad, en la resolución de la jornada, manteniendo la postura del Mercosur: no hablar del ALCA hasta tanto no se den las condiciones comerciales de ecuanimidad que requiere una integración continental y el libre comercio hemisférico.
“Fue impresionante ver a Kirchner poner el cuerpo, literalmente, en ese día de negociación. Se movía alrededor de la mesa, hablaba con los presidentes en distintos rincones, le paró el carro a (el presidente de México, Vicente) Fox, le dijo ‘no’ a Bush mirándolo a los ojos, exigió que no lo patoteen a viva voz, le hacía señas a (el canciller, Rafael) Bielsa, para que viesen todos en el salón, que no apoyase lo que en ese momento estaba diciendo Canadá, por citar un ejemplo. Jugó muy fuerte, él mismo, negociando.” El relato pertenece a uno de los funcionarios argentinos presentes en el recinto de la Cumbre. Otro integrante del gabinete, que también estuvo en dicha sala, coincidió con la descripción que antecede. “Verlo abrazado a Tabaré (el presidente uruguayo Vázquez), que también jugó un papel firme, fue emocionante –describe, con cierto tono épico, la fuente–. Tabaré se olvidó de la discusión chiquita de las papeleras, no existió. Y habló muy convencido desde la presidencia pro témpore del Mercosur.” El confidente de Página/12, atravesado por un marcado entusiasmo, recuerda que Kirchner “pasaba y arengaba a la tropa. ‘Vamos, vamos que los hacemos hocicar’, decía cuando negociaba el documento”.
Varios testigos presentes en las negociaciones coincidieron con este diario que en esa oportunidad el Presidente mostró una pasión por las relaciones exteriores que no le habían visto, con tal despliegue, hasta el momento. “Se dice que no le gustan las relaciones exteriores, pero en esta oportunidad lo vimos pleno, súper involucrado, como que le agarró el gusto a la política exterior porque le encontró la política. No hubo protocolo en Mar del Plata, hubo negociación, pura y dura. Y Kirchner fue determinante en la negociación”, sostiene el contertulio de este cronista.
El mismo interlocutor destaca la tarea que cumplieron otros dos ministros: el canciller Bielsa y el de Economía, Roberto Lavagna. “Bielsa estuvo bien en la negociación del último día. Fue él quien consiguió el consenso para poner las dos posiciones en el documento que finalmente se aprobó. Dijo que ambas posturas acordaban en su desacuerdo y que tal desacuerdo deberá quedar consignado en el texto. Estuvo bien, con cintura. Por eso destrabamos las discusiones y hubo documento final”, contó.
En cuanto a Lavagna, la fuente consignó que “negoció con mucha precisión una parte importante del documento. Fue quien tomó el asunto que propuso (el presidente colombiano, Alvaro) Uribe, de esperar a que termine esta sesión de la ronda de Doha en Hong Kong. Fue una intervención certera. Lavagna estuvo muy involucrado en la resolución de este documento final”.

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