EL PAíS › EL RUTILANTE REGRESO DE ROBERTO LAVAGNA

Ulises y las sirenas

El ex ministro sacudió la modorra con sus declaraciones, su diferenciación con el Gobierno y su no descartar ser candidato en 2007. La reacción de Kirchner no fue mala y nombró a Alberto Coto, estrecho colaborador del ex ministro, en el BICE. El Presidente mira a la Ciudad y desdeña a Scioli. Alfonsín le ofreció a Lavagna ser candidato a Presidente. Lavagna escucha y calla.

 Por Sergio Moreno

Por primera vez en tres años, el Gobierno no ocupó en materia política la totalidad del escenario, si bien esta semana que termina hizo anuncios importantísimos para los jubilados y el presidente Néstor Kirchner jugó un rol destacado en la Cumbre de Viena. Ocurrió algo extramuros el Gobierno y no provino, como de costumbre, de la oposición: la rutilante reaparición del ex ministro de Economía Roberto Lavagna, marcando diferencias con el Presidente en varios puntos del rumbo del Gobierno y sin descartar –ni mucho menos– que atesora un proyecto, propio, de él, que implicaría alguna candidatura para 2007. Fue un claro mensaje para Kirchner y para algunos que intentan llevarlo a los acantilados, como a un Odiseo vestido a lo británico. “Kirchner entendió el mensaje y acusó recibo. No sólo no se enojó sino que se la bancó bien. Y tendió un puente con Lavagna: acaba de designar en el BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) a Alberto Coto, uno de sus principales colaboradores”, reveló a este reportero una calificada espada de la Casa Rosada.

Una semana atrás exactamente, el ex ministro y ex embajador hizo su rentreé en la escena política a través de los medios nacionales. Aprovechando una revancha gratificante que le cayó del cielo (el Fondo Monetario Internacional, su otrora enemigo cerril, lo invitó a participar de un brainstorming a puertas cerradas para debatir sobre el –incierto– futuro papel de la carísima e ineficaz institución de crédito internacional), Lavagna desgranó públicamente una serie de definiciones económicas, políticas y de política exterior, incluso con un marcado acento en el Mercosur y en la región, que lo diferenció de las posiciones y de muchas de las medidas que está adoptando la administración nacional en tales áreas.

El remate de sus definiciones fungió de condimento a la política local y se produjo ante preguntas que le hicieron los periodistas de los diarios Clarín y La Nación acreditados en Washington, donde se realizaba la actividad del FMI: Lavagna aseguró que no descartaba candidatura alguna, pero que no era tiempo de hablar de esas cosas. Fue la rutilante reaparición del hombre que renegoció la deuda externa en default y debió dejar el Gobierno en diciembre pasado, por pedido del propio Presidente, con quien no habla desde ese entonces.

Repasemos algunas de las definiciones y diferenciaciones que Lavagna incorporó al debate nacional:

- Inflación: “Hoy se ha puesto un énfasis muy fuerte en la política de precios. Creo que es bueno reequilibrar esto. Acentuar el fondo anticíclico, la tasa de interés y de tipo de cambio otra vez, además de lo que se hace sobre precios y competitividad.” “Existe el riesgo de lo que yo llamo las tres C: carnes, camioneros y construcción.”

- Fondo anticíclico: “No sé si existe o no existe.” “Pero si además de sus aspectos económicos uno quiere operar sobre sus expectativas, a lo mejor requiere un poco de explicación mayor. Y más transparencia.”

- Energía: “Me preocupa el cuello de botella energético en la Argentina porque en toda economía que crece al 9 por ciento la demanda de energía aumenta consecuentemente.”

- Mercosur: “La posibilidad de que Uruguay pase de miembro pleno a asociado, combinándose con el ingreso de Venezuela, le hace perder imagen y realidad al Mercosur, en lo político y en lo económico. La opción del bloque era muy clara: regímenes democráticos y una organización económica basada en mercados libres. Eso no es lo que Venezuela incorporaría y menos si Uruguay se retira.”

- Proyecto político: “¡Qué sé yo lo que va a pasar en 2007! No voy a eso, pero tampoco me hagan pasar por tonto que pienso en 2011.”

- Candidatura: “Depende de las circunstancias (podría ser candidato a presidente, vice, jefe de Gobierno porteño, etcétera). Hay mucha gente en la política que nunca ha salido de la función pública. Yo pasé 14 años en la vida privada antes de asumir en dos embajadas y luego en el ministerio. No creo que la vida pase por los cargos públicos. En el sector privado se pueden hacer muchas cosas. Es decir, no le digo ni que sí ni que no. No lo excluyo, pero no está en mi necesidad.”

Momento

La reaparición del ex ministro se produce luego de que Página/12 anunciara en dos oportunidades las evaluaciones de Kirchner sobre el hipotético y potencial futuro de su ex colaborador. “Acá, sin Roberto no ganamos”, había dicho el Presidente respecto de la elección para la Jefatura de Gobierno porteño de 2007.

El escenario en la Ciudad Autónoma inquieta a los hombres de la Casa Rosada, empezando por Kirchner. La tensión con el actual jefe de Gobierno, Jorge Telerman, asemeja un electrocardiograma, tanto que el gobernador salió muy duramente a tomar distancia y denunciar escaramuzas en su contra.

En esa sintonía, desde la Casa Rosada se está potenciando la construcción de la hipotética candidatura para el cargo del vicepresidente Daniel Scioli. Quien lleva las conversaciones con el ex motonauta es el jefe de Gabinete y procónsul de Kirchner para la construcción política en la ciudad, Alberto Fernández.

Sin embargo, nada está claro aún para el vice, más allá de su deseo por ser lo que anhela, y finalmente bendecido por Kirchner. En un sector de la Casa Rosada sostienen que el Presidente no ha cambiado de opinión sobre el sujeto en cuestión. “A Scioli le sigue teniendo desconfianza, no le gusta, no es confiable, está muy a la derecha y puede derechizarse aún más”, dijo a este diario un confidente presidencial. “Ni loco le doy la ciudad a este tipo”, categorizó Kirchner sobre el vicepresidente hace una semana y media.

Ahí aparece Lavagna en la mesa de arena del Presidente. “Kirchner lo quiere para la ciudad. Es cierto que la independencia de Lavagna lo incomoda, pero sabe que con el único que puede ganar la ciudad es con él”, machaca el funcionario, curtido en alquimias políticas y electorales.

Lecturas y conjeturas

A nadie, en Balcarce 50, le resultó indiferente la reaparición del ex ministro. Analistas y trujimanes oficiales se dieron a las labores de decodificar sus decires, sus categorizaciones, sus disensos y su mensaje en la botella. “Fue un mensaje para Kirchner, directo, para decirle que está, que tiene un proyecto político y que se diferencia de él en varias cosas. Las definiciones que dio sobre inflación, Mercosur, gasto público, salarios, fondo anticíclico, fueron fuertes y medulosas. Trazó una raya en la arena, pero también dio cuenta de su disponibilidad”, conjeturaba un cercano colaborador presidencial ante Página/12 . “Y también salió al cruce de la operación que lo pegó a (Raúl) Alfonsín y a (Eduardo) Duhalde, donde casi lo mandan al geriátrico”, especuló la misma fuente.

El confidente consultado refería así a la versión de un encuentro tripartito entre el ex ministro y los ex presidentes. Dicha cumbre nunca existió. Sí, en cambio, hubo una reunión con Alfonsín, a pedido de éste. De ella daremos cuenta más adelante.

“Lavagna sabe de política, es un político”, lo alaban en algunos despachos de la Rosada (no en todos). Otro estrecho colaborador del Presidente contó a este cronista la reacción del patagónico ante las definiciones de su ex ministro. “Kirchner acusó recibo inmediatamente. No se enojó para nada, se la bancó bien. Y le tendió un puente no menor: acaba de nombrar a Alberto Coto en el BICE”, reveló. Coto es uno de los hombres más cercanos a Lavagna cuando ocupaba el Palacio de Hacienda y fue su enlace con el Congreso, siendo diputado nacional.

El mismo integrante del Gabinete, que dice conocer la relación entre el Presidente y su ex ministro, pinta un pequeño panorama sobre valoraciones, afectos y desamores: “Kirchner tiene diferencias con Lavagna pero lo respeta mucho, profesional, intelectualmente y como político. Puede disentir, pero sabe que Lavagna no dice estupideces, que sabe de lo que está hablando y por qué lo está diciendo”. El hombre arriesga, cual oráculo, una admonición: “Lavagna no se va a ir de este espacio, no va a jugar contra Kirchner”, decreta, como deseándolo intensamente.

La esperanza radical

El pasado lunes, el ex presidente Raúl Alfonsín afirmó públicamente que Lavagna podría ser “el futuro Ricardo Lagos de la Argentina”, en alusión al prestigioso ex mandatario socialista de Chile. Confirmaba así la reunión que mantuvo con Lavagna, semanas atrás, a pedido del caudillo radical.

En ese encuentro, que Lavagna no esquivó por el respeto que guarda hacia el ex Presidente –de cuyo gobierno fue funcionario–, hablaron largamente de política, repasaron cada instancia de lo que hace el Gobierno, destacaron la pobreza intelectual de la oposición, recorrieron lo que muestran las encuestas sobre imagen e intención de voto y conversaron sobre la hipotética candidatura presidencial de Lavagna.

El tema lo puso sobre la mesa Alfonsín, sin eufemismos, frontalmente. Le dijo: “Roberto, usted debe ser candidato a presidente por un sector más amplio que el del peronismo, debe exceder al kirchnerismo”. Tras cartón, le planteó la alternativa de encabezar la fórmula presidencial de un polo de centroizquierda, a construir con la UCR, el socialismo y otros sectores (no habló del ARI) para confrontar a las huestes del oficialismo.

El viejo caudillo radical expuso varias veces en la charla su preocupación por la inexistencia de oposición y por el panorama que avizora para 2007. Además, está muy preocupado, sustancialmente, por la supervivencia de la UCR, que ve en vías de extinción, como una especie de MID del siglo XXI. Estima, y así se lo ha expuesto a los suyos en las tenidas gastronómicas a las que se entrega todos los jueves, que incluso con Lavagna de candidato a presidente contra Kirchner o Cristina Fernández de Kirchner (CFK) no ganarían, pero acumularían alrededor de un 20 por ciento que permitiría armar una pequeña masa crítica y recuperar el lugar de segunda minoría y oposición, que hoy tiene institucionalmente pero que no se traduce en influencia política.

Alfonsín soporta, estoico pero nunca quieto, la diáspora de su partido, parte del cual se abraza al kirchnerismo, parte ha huido hacia otras expresiones de derecha, como el Recrear de Ricardo López Murphy, o al neobalbinismo del ARI de Elisa Carrió.

Pero volvamos a la cumbre de los dos viejos amigos. Lavagna nunca respondió a la acometida del ex presidente. El ex ministro se limitó a sonreír, como suele hacer en ocasiones en las que las palabras podrían traer problemas. No hubo respuesta. Alfonsín, también político, no la exigió.

A partir de esta reunión y tras las declaraciones que hizo Lavagna la semana pasada, en la UCR campea una mixtura de entusiasmo, ansiedad y desesperación por ver cómo evoluciona este asunto. Hay quienes creen que si Lavagna aceptase el convite a confrontar, se debería armar una coalición más amplia que la que imagina Alfonsín, con todos los votos que puedan juntar para entrar en el ballottage. “Acá, el que sale segundo en el ballottage gana”, ensaya un connotado correligionario ante este diario.

Esto apenas comienza. Lavagna habló, dijo lo que quería decir y ha callado. Su imagen es altísima y, a partir de ahora, estará en los sondeos de todas las consultoras de opinión que se precien.

Las sirenas comenzaron a cantar. Lavagna, cual Ulises, escucha atado al mástil mayor. Y sonríe.

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Imagen: AFP
 
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