EL PAíS › MIENTRAS SE ENTREGABA EL TIRADOR, GOBIERNO, DUHALDISMO Y GREMIALISTAS CRUZARON ACUSACIONES

Cuando nadie quiere creer en casualidades

Emilio Quiroz, autor de los disparos en la quinta, se entregó a la Justicia y quedó detenido. “Las cosas no suceden por casualidad”, dijo Kirchner, en referencia a la batalla campal del martes. Solá acusó a “traidores”. En el Gobierno vieron la mano del duhaldismo detrás de los desmanes. Moyano, en cambio, habló de infiltrados.

 Por Diego Schurman

Néstor Kirchner aseguró que la batalla campal desatada en San Vicente tuvo como objetivo afectar la gestión de Gobierno y sugirió que la mano del duhaldismo estuvo detrás de los incidentes. El mandatario habló en una jornada fértil en hipótesis, pases de facturas y extravagancias: como la de Emilio “Madonna” Quiroz, el autor de la balacera durante el traslado de los restos de Perón. “Si no hubiera disparado, hubiera sido una masacre peor”, aseguró anoche, sin el más mínimo pudor, tras entregarse a la policía.

Kirchner abordó el urticante tema durante una acto celebrado en localidad bonaerense de José C. Paz. “Yo los necesito a ustedes porque solo no puedo, y está visto con lo que pasó ayer que solo no puedo”, arengó ante la concurrencia. Recién cuando fue requerido por los periodistas soltó nuevas palabras, más sugerentes que definitorias. “Todos sabemos quiénes son. Las cosas no suceden por casualidad”, lanzó sin más precisiones sobre los responsables de los incidentes. En su entorno la persona más mencionada fue Eduardo Duhalde.

El gobernador Felipe Solá, que habló antes que el Presidente, también fue duro. “No importan los pretextos, lo que importa es que un grupo de traidores no puede terminar la fiesta de miles y miles”, sostuvo. Y dijo que va a ser necesario optar, “ser la Argentina republicana o la Argentina patotera”.

“Hubo una pelea para ver quién ocupaba la delantera en el palco. Se agarraron los camioneros de Hugo Moyano, que están con Kirchner, y la Uocra de La Plata, afines a Duhalde y peleados con la Uocra a nivel nacional que apoya al Presidente. Fue la gente de la Uocra de La Plata la que empezó a cantar ‘ni yanquis ni marxistas, peronistas’. Y eso no se lo cantaron a Moyano, se lo cantaron a Kirchner”, señaló a Página/12 una alta fuente oficial.

–¿Realmente cree que Duhalde fogoneó los incidentes? –le preguntó este diario al funcionario.

–Hay gente partidaria del ex presidente que participó activamente de la pelea –contestó, escueto, el funcionario.

El ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo, fue en la misma dirección al señalar a “quienes perdieron las elecciones el 23 de octubre”. El funcionario tampoco dio nombres, aunque todos intuyeron que hacía referencia a integrantes de la vieja guardia duhaldista que poblaron el palco de la quinta 17 de Octubre, entre ellos la vicegobernadora Graciela Giannettasio y el ex funcionario Antonio Arcuri.

Por ahora es apenas una hipótesis sobre los responsables intelectuales de una gresca que arrojó un solo detenido. Se trata de Quiroz, quien ayer, tras entregarse, explicó a la Justicia que actuó en defensa propia y para preservar la vida de un anciano, a quien los sindicalistas de la construcción venían golpeando (ver aparte).

La tentación periodística de equiparar la batalla de San Vicente con los violentos episodios de Ezeiza de 1973 asoma forzada. Entonces había una fuerte puja entre la derecha y la izquierda. En el Mausoleo no emergió claramente una disputa ideológica, sino más bien otra de patotas de distintos bandos y con fuerte predicamento en el peronismo ortodoxo.

Hugo Moyano eludió responsabilidades manifestando que los incidentes fueron “armados” por “infiltrados”, aunque no aportó ninguna prueba al respecto. Simplemente evaluó que se trató de un tiro por elevación a Kirchner, para forzar su ausencia en la ceremonia del traslado de los restos de Perón, como finalmente ocurrió.

En el seno de la CGT predomina la hipótesis sobre un plan de desestabilización del Presidente. Los sindicalistas sostienen que una “conexión local” cumplió su parte dentro de un operativo regional para esmerilar a Lula Da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales, y cuyo propósito final es el derrocamiento de los presidentes brasileño, venezolano, boliviano y argentino.

“Son los mismos sectores que bombardearon la Plaza de Mayo en 1955. Son los mismos a los que les molestaba que Perón estuviera vivo y ahora no quieren que Kirchner sea reelecto. Había infiltrados, con la cara tapada, que se aprovisionaron de piedras en mochilas. Es un plan del que no sería ajeno la Embajada de Estados Unidos”, sentenció Julio Piumato ante Página/12, dando relieve continental a una batalla campal entre patotas.

Dimensionó ese complot en la imposibilidad de comunicarse con celulares, un hecho que objetivamente ocurrió durante gran parte de la espera del féretro con los restos de Perón. En ese sentido, el sindicalista, que integra el consejo directivo de la CGT, se excusó de incluir a Duhalde como parte de la “conexión local” aunque no eximió de responsabilidades en el pleito a Juan Pablo “Pata” Medina. Se trata del líder de la seccional La Plata del gremio de la construcción, que ayer cobró protagonismo a fuerza de piedras y palos.

Medina es el puntapié inicial de otra teoría, a la que abona un histórico de la CGT como el colectivero Juan Manuel Palacios. Concretamente sospecha que el dirigente platense de la Uocra replicó una vieja inquina de su gremio con el de los camioneros. En los ’90 ambos sindicatos se enfrentaron a tiros en el predio mercantil y frente a la Aduana Nacional, por mencionar sólo dos episodios.

En la década menemista, Gerardo Martínez, jefe de la Uocra, era el conductor de la CGT y Moyano quería desplazarlo con el apoyo de el MTA, su corriente interna. Ambos dirigentes siguen liderando sus gremios, pero han logrado licuar las diferencias y –ahora con Moyano al frente de la CGT– compartir espacios bajo el calor oficial. Medina, en cambio, da permanentes muestras de autonomía y una relación ambivalente respecto a la Casa Rosada. Su seccional estuvo en la plaza del 25 de Mayo, aquella donde se comenzó a gestar el proyecto reeleccionista de Kirchner. Ese día protagonizó un altercado con los propios militantes que responden a la conducción nacional. Siete meses antes había estado haciendo campaña por Chiche Duhalde.

En San Vicente reconoció el protagonismo de sus hombres. Pero en una excusa adolescente depositó en los camioneros el origen de la batalla campal. “Ellos empezaron”, dijo ayer. Acaso la derivación de los incidentes empujaron al gremio a tomar distancia y, de alguna manera, sugerir la presencia de infiltrados, ya que –según el comunicado– los albañiles concurren a los actos con sus cascos amarillos y allí no había hombres con ese uniforme. Un argumento poco sólido.

“Ahí había unos 500 tipos de entre los que se peleaban que no eran peronistas. Pero no lo digo porque sospeche que eran infiltrados, sino que había lúmpenes, pasados de rosca, que no tienen ni idea quién era Perón”, dijo a este diario Juan Carlos Schmid, devaluando las teorías conspirativas. En ese sentido, el dirigente de Dragado y Balizamiento, al igual que Piumato, admitió fisuras en el dispositivo de seguridad que hegemonizaba las 62 Organizaciones, el brazo político de la CGT.

Los sindicalistas no ahorraron críticas a Felipe Solá, a quien responsabilizaron por la demora en el accionar de los efectivos policiales. Desde la vereda del gobernador recordaron que se cumplió al pie de la letra el pedido de los organizadores de que los uniformados no ingresen al predio para no “provocar”.

Por más que Moyano se haya mostrado como víctima de los acontecimientos, le resultará difícil eludir las responsabilidades por los incidentes. Lo mismo le cabe a Gerónimo Venegas, la cara de las 62. En todo caso, el camionero fue el que se llevó la peor parte porque, en medio de su arenga, le llovieron insultos, piedras y palos. En cambio, el líder de los trabajadores rurales se salvó de esas agresiones.

Este punto también alimentó la teoría de la interna Kirchner-Duhalde, ya que Moyano es un abonado de la Casa Rosada y Venegas está dando sus primeros pasos en el kirchnerismo, pues el año pasado hacía campaña para Chiche Duhalde.

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El gobernador Felipe Solá recorrió ayer la quinta de San Vicente para verificar los destrozos. Luego acusó a los “traidores”.
Imagen: Télam
 
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