EL PAíS › DENUNCIAN AGRESIONES Y AMENAZAS A UN JOVEN

Entre golpes, fotos y huellas

 Por Adriana Meyer

Poco antes de la medianoche del martes, Ramiro González venía de reunirse con sus compañeros de militancia. Bajó del colectivo y cuando estaba a punto de llegar a su casa de Villa del Parque fue interceptado por un vehículo con cuatro personas. Pensó que era un robo y les dio el celular, pero le respondieron “no, pibe, esto es por otro tema”. Lo subieron al automóvil y, entre insultos, le mostraron fotos de actividades políticas para que marcara a los compañeros. Ante cada respuesta negativa recibía un golpe. Luego de dos horas, y tras tomarle las huellas dactilares, lo soltaron y lo amenazaron diciéndole: “Esto no es joda, vos y tus compañeros van a terminar todos muertos”.

Ramiro González –de 28 años, trabajador en un hogar de menores– es miembro de una agrupación que nuclea a hijos de desaparecidos, pero un sector diferenciado de H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). González recibió ayer la solidaridad de diferentes organismos de derechos humanos e incluso de regionales de esa organización, tal como lo expresó a Página/12 Emiliano Hueravillo, de HIJOS La Plata.

Julio Talavera, compañero de la víctima, transmitió a este diario el relato de González. Detalló que el automóvil era un Polo rojo, que sus ocupantes tendrían entre 45 y 50 años y actuaron a cara descubierta. Mientras comenzaban a golpearlo e insultarlo le mostraron fotografías de distintas actividades de su agrupación. Se veía a personas de su misma edad y le pedían que las identificara. Cada vez que respondía que no los conocía la respuesta era un golpe. Antes de soltarlo le hicieron dejar sus huellas en una cinta del tipo de película fotográfica. “Esto es importante destacarlo porque mañana pueden aparecer sus huellas en cualquier lugar”, especuló Talavera. En el momento en que lo largaron y lo amenazaron de muerte le dijeron que se fuera corriendo, algo que González no hizo por el nivel de aturdimiento que tenía. Incluso les contó a sus compañeros que en ese momento esperaba que le dispararan. Los agresores portaban, al menos, un arma automática. De los cuatro, sólo uno fue el que habló.

Además de la solidaridad de organismos de derechos humanos, González recibió un mensaje de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, con una invitación a entrevistarse con el secretario Eduardo Luis Duhalde. Talavera explicó a Página/12 que “esto es parte de una secuencia” que viene desde una semana antes de que empezara el juicio al represor Miguel Etchecolatz. “El mismo día que se inició el juicio presentamos una denuncia ante la Cámara Penal por diferentes llamadas amenazantes, una de ellas que nos decía, la noche anterior al inicio de las audiencias, que no nos presentemos en el juicio”, relató. Esta amenaza había sido dirigida a él en su teléfono personal y la persona que llamó lo hizo diciendo que era desde la Penitenciaría de Marcos Paz. “No está garantizada su seguridad (la de González), y habiendo hecho denuncias tenemos que esperar que golpeen a un compañero para que nos tomen en serio”, se quejó Talavera.

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