EL PAíS › EL DOCUMENTO DE LOS OBISPOS TIENE VELADAS CRITICAS AL GOBIERNO

Una de cal y otra de santa arena

El tono es conciliatorio y abundan los reconocimientos a la mejora de la situación económica o a la antigüedad ya remota de la crisis. Pero el lenguaje es crítico y también abundan los reclamos de “división de poderes”, “federalismo” y “transparencia”. Y, por supuesto, hay alarma por el tema aborto y la unión civil.

 Por Washington Uranga

Fumata blanca. Después de una semana de deliberaciones a puertas cerradas, los obispos católicos difundieron informáticamente su posición frente a la situación del país y las próximas elecciones, sin aceptar el diálogo con los periodistas. Utilizaron un lenguaje crítico en general, conciliatorio en el tono y evitando todo aquello que pueda interpretarse como una profundización de la tensión con el Gobierno. Esta sensación se viene arrastrando desde hace muchos meses y quedó patente el lunes en el intercambio de mensajes entre el cardenal Jorge Bergoglio y el presidente Néstor Kirchner. Los obispos hablan a la Iglesia, pero también “a todos los hombres y mujeres de buena voluntad” y lo hacen en su condición de “miembros” de la Iglesia y de “la sociedad política de la que formamos parte”. No hay alusiones directas, ni a los gobernantes ni a los políticos en particular. Reconocen los “pasos dados para superar la crisis”, pero insisten en la necesidad de buscar respuestas que atiendan a la construcción del bien común, la inclusión social, valorando la división de poderes, el federalismo y reclamando políticas de Estado. Todo esto sin dejar de lado demandas clásicas de la Iglesia. Sin decirlo expresamente y utilizando la fórmula positiva de afirmar sus convicciones, los obispos condenan de hecho toda propuesta de despenalización del aborto y la legalización de uniones civiles de personas del mismo sexo.

El texto tiene ochenta líneas y lleva por título “Exhortación pastoral sobre el compromiso ciudadano y las próximas elecciones”. Comienza reivindicando el derecho que tienen los obispos y los católicos a pronunciarse en su calidad de ciudadanos. Desde esa perspectiva se plantea “la necesidad urgente” y en función del “bien común” de que los argentinos se conviertan “de habitantes en ciudadanos” y, por lo tanto, “corresponsables de la vida social y política”. Por ello, dicen, el acto eleccionario requiere “el conocimiento de las propuestas y el pleno ejercicio de la libertad del ciudadano”. Es el lugar para pedir “transparencia, que aleje de prácticas demagógicas y presiones indebidas” y para criticar “el clientelismo y la dádiva, que desvirtúan su profundo significado (del acto eleccionario) y degradan la cultura cívica”.

Bajo el título de “Algunos desafíos a tener presentes”, el documento episcopal resume en seis párrafos los puntos centrales de lo que podría plantearse como una plataforma programática de la jerarquía católica. El primer título es “La vida”. Los redactores optaron por afirmar las convicciones propias antes que descalificar posiciones de otros. Así se sostiene que “corresponde que la preservemos (a la vida) desde el momento de la concepción y cuidemos su existencia y dignidad hasta su fin natural”. No es difícil leer aquí la conocida posición eclesiástica de rechazo a la despenalización del aborto y en contra de la eutanasia. Precavidos, los obispos dejan abierta una puerta por si la norma fuese aprobada. Dirán líneas después que los ciudadanos están obligados a cumplir las normas “salvo que se opongan a la ley natural”.

Sobre la familia, el texto episcopal insiste en la idea de “célula básica de la sociedad” y “fundada en el matrimonio entre varón y mujer”, adjudicándole la primera responsabilidad sobre la educación de los hijos “en el sentido del amor y en el compromiso social”. En el párrafo dedicado al “bien común”, entendido como “de todos los hombres y de todo el hombre”, se reitera un principio conocido de la doctrina de la Iglesia: está por encima de “los bienes particulares y sectoriales”. Pero también se aprovecha la ocasión para referirse a los tres poderes del Estado, “cuya autonomía real y auténtica se hace imprescindible para el ejercicio de la democracia”.

Más adelante se piden medidas que “garanticen y aceleren la inclusión de todos los ciudadanos”, porque “la pobreza y la inequidad, no obstante el crecimiento económico y los esfuerzos realizados, siguen siendo problemas fundamentales”. A renglón seguido se reivindica “el verdadero federalismo” que supone el fortalecimiento institucional de las provincias, “con su necesaria y justa autonomía respecto del poder central”. Y como corolario de esta parte del documento los obispos reclaman “políticas de Estado” porque “una sociedad no crece necesariamente cuando lo hace la economía, sino sobre todo cuando madura en su capacidad de diálogo y en su habilidad para gestar consensos que se traduzcan en políticas de Estado”.

Quedó un último párrafo para decir que “nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad como en desencuentros y resentimientos”. Por eso, marcan los obispos, “nos queda pendiente la deuda de la reconciliación”. Y para darle sentido a esa afirmación recurren a una cita de Benedicto XVI señalando que “las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón”. Cierra el documento con el deseo de que la “conmemoración del bicentenario (...) nos encuentre fortalecidos en un espíritu común, donde la reconciliación de los argentinos genere finalmente un ambiente de verdadera paz y amistad social”.

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Jorge Bergoglio, jefe de la Iglesia argentina y protagonista de claros cruces con el gobierno de Néstor Kirchner.
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