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La cuenta en Nueva York y el rol de Lagomarsino

 Por Raúl Kollmann

Uno de los enigmas que se plantean en la hipótesis de homicidio, sustentada por la ex esposa de Alberto Nisman, es cuál habría sido el móvil. Sandra Arroyo Salgado planteó alternativas, desde una relación económica con Diego Lagomarsino hasta la idea de que el informático es parte de un servicio de Inteligencia y mató, o participó del asesinato, en el marco de un plan de esa organización.

Arroyo Salgado sorprendió el lunes pasado cuando se presentó a declarar ante la fiscal Viviana Fein y contó que Nisman y Lagomarsino compartían una cuenta en un banco de Nueva York. La versión provino de la hermana del fiscal, quien quiso acceder a esa cuenta, no tenía la contraseña y en el banco le dijeron que tal vez la contraseña estuviera en poder de Lagomarsino, ya que el informático también figura en la cuenta.

Según aseguran cerca de Lagomarsino, hace más de un año Nisman le pidió que accediera a ser una especie de testaferro en esa cuenta. Nisman le prometió que no lo molestaría mucho, pero que como el fiscal era lo que se denomina una persona políticamente expuesta, lo mejor era que no figurara como titular. Para usar palabras sencillas, Lagomarsino actuó de prestanombre, presionado por el hecho de que ganaba una importantísima suma de dinero mensual sin concurrir a la Fiscalía.

En el último año, las molestias fueron sólo dos, siempre de acuerdo con la versión de los allegados a Lagomarsino. En ambos casos se trató de que el informático autorizara transferencias de unos 2500 dólares de la cuenta para pagar las expensas de una propiedad en Uruguay. Ese nivel de expensas hace pensar en una propiedad de cierta importancia y nadie sabe si está declarada. Por supuesto que también está la versión de que la cuenta en Nueva York servía para mover fondos de algún negocio conjunto de Nisman y Lagomarsino, tal vez referido a la importación informal de elementos informáticos. Como se sabe, Stiuso fue acusado de introducir a la Argentina más de 90 toneladas de material tecnológico, principalmente médico y odontológico, pero también televisores y PlayStation.

En cualquier caso, Arroyo Salgado habló de la cuenta en Nueva York, y si lo hizo es porque considera que alguna vinculación puede tener con lo que ella considera un homicidio. Del lado de Lagomarsino lo niegan rotundamente y amenazan con contar detalles escabrosos de supuestas actividades de Nisman. Por otro lado, al principio de la causa, la ex esposa del fiscal dejó entrever que Lagomarsino pertenece a un servicio de Inteligencia –al que no identifica– y que eso es lo que explica que tiene una estructura de abogados y peritos que lo defienden. También explicaría las características sofisticadas –especula Arroyo Salgado– del asesinato.

Lo que no parece encajar con la idea de un gran servicio de Inteligencia es que el supuesto crimen se cometió con un arma a nombre de Lagomarsino, o sea con una que deja la firma en la escena del crimen y que es propiedad del superagente de ese servicio. Tampoco encaja el hecho de que Lagomarsino empezó a trabajar con Nisman en 2007 y parece imposible que eso se le haya pasado por alto a Nisman durante siete años y que tampoco lo haya percibido el socio más cercano del fiscal, el poderoso jefe de Operaciones de la ex SIDE Jaime Stiuso. Para colmo, no es que el supuesto servicio de informaciones haya usado una pistola de profesionales –como desliza la querella–: la Bersa era vieja y con proyectiles viejos. En todo caso, el cuadro se asemeja más al Superagente 86 que a James Bond.

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