EL PAIS › CUESTIONAN AL MACRISMO LA INACCION, LA FALTA DE MANTENIMIENTO Y LA DESINVERSION

Los motivos de la tragedia

Desde problemas de políticas de fondo hasta cuestiones cotidianas, como el mantenimiento de desagües y sumideros, la junta de hojas, poda y basura sin recolectar y la impermeabilización del asfalto hacen previsible el desastre, dicen los especialistas.

 Por Horacio Cecchi

Falta de obras, subejecución alarmante del presupuesto, escasa tarea de mantenimiento y la falta total de un plan de gestión fueron las características más sostenidas por los especialistas en ingeniería, cuencas, y urbanismo, consultados por Página/12, después de que unas cuantas de las calles de Buenos Aires se transformaran en copias malogradas de los canales de Venecia. La presencia del agua en cantidades “imprevisibles desde 1903”, aseguró contradiciéndose la vicejefa de gobierno porteño, María Eugenia Vidal, añadieron otro ítem a las fuertes críticas a la inacción del macrismo: la ausencia total de un sistema de anticipación de riesgos (ver aparte) y planes de contingencia.

A fin de octubre del año pasado, este diario publicó un informe de la Auditoría General porteña, encabezada por Eduardo Epszteyn, en la que se hacía hincapié en que tres obras, en los arroyos Vega y Medrano (Belgrano), Erézcano, y Ochoa (Pompeya), estaban paralizadas. En términos de finalización de obras, “no cambió nada”, aseguró ayer Epszteyn consultado por Página/12. “Para el Vega-Medrano cambiaron de estrategia y votaron en la Legislatura el cambio de ley de endeudamiento.” Hasta ese momento, la obra se preadjudicó con la condición de que para adjudicarla debían presentar avales del Banco Central para conseguir financiamiento brasileño. Pero para ello pretendía presentar como garantía la coparticipación federal, cuestión que por acuerdos estaba prohibido. Al cambiar de ley de endeudamiento, el macrismo logró habilitar a buscar un nuevo financiador. Hasta la fecha no lo encontraron.

“El Ochoa nunca empezó –agregó Epszteyn–, y el Erézcano dio mayores costos que los que se habían presentado en los pliegos”, por lo que también está detenido. “Sólo se está ejecutando la del Maldonado, por eso esta vez no se inundaron vecinos de la avenida Juan B. Justo, y esta es la mejor demostración de que se si hacen los trabajos necesarios, se evitan las inundaciones.”

El endeudamiento, de todos modos, resulta absurdo si se tiene en cuenta que de los fondos asignados a Infraestructura de la Red Pluvial en el Presupuesto de la Ciudad, para el 2011, “el GCBA sólo ejecutó el 73,16 por ciento –sostiene la publicación La Fábrica Porteña en una nota específica sobre inundaciones y basura, publicada en noviembre pasado, cuando las dos inundaciones de octubre y noviembre ya habían sido denominadas por el gabinete de Macri como “un desastre excepcional”–. En los primeros seis meses del 2012, la ejecución sólo alcanzó al 2 por ciento del presupuesto. Y, para el 2013, la reducción de esa partida es del 90 por ciento. Por otra parte, la subejecución de la partida destinada al mantenimiento de la red pluvial, que en 2012 sólo llega al 36 por ciento del presupuesto de ese rubro, es inadmisible en cualquier lado, pero en Buenos Aires, más, es sencillamente una locura”. La locura tomó forma ayer, como una “imprevisibilidad” obvia y previsible.

Dentro de la “imprevisibilidad”, se supone que algunas tareas pueden ayudar a reducirla frente a contingencias como la ocurrida ayer. “La falta de mantenimiento de la red pluvial es notoria –sostuvo Epszteyn–. Estamos en otoño, época en que caen las hojas, entonces es muy fácil deducir que hay que incrementar el barrido de las calles para que no se tapen los sumideros. Todos sabíamos que había un alerta meteorológico y la Ciudad cuenta con personal y equipos adecuados para realizar tareas preventivas, pero no vimos en estos días ningún tipo de movimiento en ese sentido.”

“No existe un proyecto hidrológico –dijo a este diario la arquitecta Nidia Marinaro, del grupo Propamba–. Hay problemas de contingencia y problemas de fondo. No parece que haya proyectos en ninguno de los dos casos. El problema de fondo es que si uno se hace una pregunta sencilla, ‘llueve, ¿por dónde se va el agua?’, no se tiene respuesta y, peor, se tapan todas las salidas.”

Para Marinaro, se redujo brutalmente la superficie de absorción natural del agua, lo que obliga a los caudales a salir por desagües construidos que no dan abasto. La superficie de absorción (zonas verdes y calles empedradas) se redujo considerablemente. “Si uno mira el plano de la ciudad se da cuenta de que no hay verde.” Se aumentaron en proporciones gigantescas los espacios habitados, lo que saturó de desagües, y se redujeron los fondos de manzana. Y, para colmo, los desagües pluviales que no alcanzan no tienen mantenimiento, con lo que se llenan de basura y ramas que reducen su caudal, como si fuera colesterol en una arteria.

Propamba se opone al asfaltado del parque Rabanal para hacer espacio para el metrobús sur por los mismos motivos: asfaltar anulando espacios de absorción. “El gobierno porteño no tiene un plan de gestión de los riesgos, no estamos para nada preparados para una contingencia. El gobierno no planifica, por eso situaciones como éstas se le caen encima.”

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La avenida General Paz y el Acceso Oeste, en Liniers, imposible para circular.
 
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