SOCIEDAD › OPINION

La dimensión del miedo

 Por Horacio Cecchi

A veces, la diferencia entre tener o no una primicia periodística estriba en una o más vidas. El comentario viene al caso por la toma de rehenes del miércoles en Palermo. No es necesario recordar el hecho. Por lo reciente, por las casi diez horas que se extendió, por el miedo a la inseguridad que suelen desatar las imágenes si se le agregan los convenientes subtitulados. La toma seguirá circulando unos días más empequeñeciéndose como noticia, hasta que sea enmascarada por otra situación no agendada y capaz de conmover con otra primicia. Lejos de ese mecanismo, y sin letras de molde subrayadas, quedarán las palabras de docencia ética sobre el caso. “Los medios, la televisión, mintieron, inventaron, y esas mentiras, no sé para qué, ¿para tener una primicia?, pusieron en riesgo la vida”, escuché decir a un entrevistado por un canal con motivo de la toma.

Curiosa y sorprendentemente, el análisis fue pronunciado con el derecho tajante e indiscutible que le otorga a su autor el haber sido una víctima protagonista, uno de los rehenes que aparecían amenazados con armas en el balcón de su departamento en Palermo. Creo que se llama Julio Ortiz, su nombre no importa porque puede ser uno más, e importa porque fue capaz de diferenciarse. Su análisis de la situación vivida por él y sus compañeras de desdicha, diría, es sorprendente por la frialdad con que la hizo en un momento en que su vida y la de sus familiares corría evidente peligro. Un análisis del que se mostraron incapaces o desinteresados los medios presentes.

Lo que descubrió J. O. es el uso conveniente de un derecho social que es la información transmutado en un beneficio comercial con dividendos ideológicos. “Durante un rato muy largo los cuatro tipos fueron muy correctos, sí estaban armados, pero no sentíamos miedo de que... pasara nada. Pero en un momento prendieron el televisor y empezaron a escuchar todo lo que decían los periodistas. Que pensaban tirarnos por la ventana. Los tipos se empezaron a poner nerviosos, pensaban que eso les iba a aumentar la gravedad después. Y ahí empezamos a tener miedo. ¿Qué necesidad tenían de mentir de esa manera? ¿No se dan cuenta que nos podían matar por una primicia? Tuve que ser víctima de un hecho así para darme cuenta cómo mienten.”

No creo que haga falta agregar nada. J. O. supo ubicar exactamente la lógica de la ola de inseguridad. No la ausencia de delito, sino la dimensión del miedo. Sólo quería subrayarlo con letras de molde porque tengo la impresión de que pronto será olvidado.

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