SOCIEDAD › UNA ANESTESISTA DISPARO SIETE VECES CONTRA UN AUTO ESTACIONADO EN SU LUGAR DE ABONO FIJO

A los balinazos por ocupar cochera ajena

Ocurrió en la playa de estacionamiento subterránea bajo Plaza Francia, en Recoleta. Un empresario dejó su vehículo en la cochera de la médica. Esta disparó contra el vehículo con una pistola de aire comprimido. Fue detenida. Tenía otras causas por violencia.

 Por Horacio Cecchi

El clamor contra la inseguridad está filtrándose con la facilidad del agua en rubros hasta ahora indubitables, impermeables al reclamo, y que no merecían la gestión de estadísticas del delito. El miércoles, la violencia se cruzó en el camino de una anestesista y un empresario cuando el auto de éste fue hallado estacionado por la mujer, nada menos que ocupando su cochera fija en una playa de estacionamiento subterráneo de Recoleta. Sin más, la mujer se apeó de su 4x4 después de abrir la guantera y manotear una pistola y, por no dejarse humillar, la emprendió a los tiros contra el Peugeot 307 que invadía su espacio. El arma terminó siendo una pistola de aire comprimido, lo que no fue impedimento para perforar en siete lugares diferentes los vidrios del auto okupa. Claro, la Justicia tuvo que detenerla bajo las imputaciones de daño y disparo con arma, aunque habría testigos que sostendrían que se trató de un caso de legítima defensa bajo violencia emocional.

La escena se produjo en el estacionamiento que se encuentra debajo de Plaza Francia, en Recoleta, el miércoles pasado, minutos más minutos menos de las seis de la tarde, cuando la anestesista (este diario la denominará por sus iniciales en defensa de sus derechos garantistas, pero sí, en cambio, está en condiciones de revelar su edad, 47 años) M.V.A. llegó a la cochera 188, que todos los meses abona para reservarse el lugar, y se topó con un Peugeot 307 negro que dormía sobre la 188, insistimos, de su propiedad.

La mujer, seguramente exasperada, “desequilibrada”, como se animó a confiar el dueño del okupa negro más tarde, extrajo de la guantera de su auto una pistola (“de aire comprimido”, aclararía la policía luego, con el ánimo de bajar el tono) y disparó siete veces sobre el okupa negro, a saber: dos veces en el cristal izquierdo trasero, dos en el cristal derecho trasero y tres en la luneta. Después se retiró del lugar, aunque la crónica policial no pueda determinar por qué medios.

Enterados por una denuncia, los federales intentaron ubicar a la autora de los disparos. Los sabuesos buscaron y hurgaron hasta detectar que el abono mensual estaba reservado con los datos de M.V.A. Luego iniciaron una causa que recayó en el Juzgado Nº 6 de Instrucción, a cargo de Fernando Mario Klappenbach. Muñidos de la necesaria orden de allanamiento, durante la mañana del jueves (curiosamente los allanamientos en la 31, la 20, la 1–11-14, el Barrio Mitre y demás suelen realizarse durante la madrugada y el ingreso es sin tocar timbre) golpearon la puerta del monono departamento de la avenida Quintana y lograron ingresar para realizar un registro. De allí obtuvieron como prueba una pistola y una carabina, ambas de aire comprimido, que fueron secuestradas y entregadas al magistrado. También portaban la correspondiente orden de demora en seccional, con lo que se trasladó a la médica anestesista con su rostro cubierto por un coqueto saquito, no tanto para evitar la nulidad de una rueda de presos, que no parece que vaya a existir, sino para evitar más ignominia y maltrato a una persona de bien que cayó en trance de hiperestrés.

Se trata de un delito cometido en Recoleta, con lo que del otro lado el caso tuvo a un empresario, es decir, al auto de un empresario, el okupa negro que dormía en la 188 ajena. El dueño del auto baleado, quien prefirió no ser identificado, dijo que no conocía a la médica acusada de atacar su auto y que él creía que “se desequilibró”. “El encargado del estacionamiento me dijo que una persona de otro auto le había hecho disparos al auto, simplemente por no haber podido estacionar”, comentó el dueño del okupa del caso. Su abogado, Marcelo Rocchetti, declaró a la apropiada Radio 10 que consideraba lo sucedido como un “hecho sorprendente” y explicó que, al igual que la mujer de la EcoSport, su defendido “tiene una cochera con un lugar asignado fijo en el estacionamiento subterráneo de Recoleta, bajo el cementerio. Cuando llegó, estaba su lugar ocupado: entonces el chofer dejó el auto en la cochera de al lado”, relató Rocchetti, y agregó: “Cuando llegó esta señora, extrajo un arma y disparó por lo menos cuatro veces contra el vehículo”.

Como se dijo, la mujer quedó demorada hasta que Klappenbach resuelva. No será fácil para el juez. ¿El Peugeot será okupa o víctima? ¿La mujer será justiciera o delincuente? ¿O los actores serán un empresario descuidado y una médica anestesista estresada? En su contra, la demorada tiene una causa en Capital –en la que le imputan 27 amenazas– y otra en la provincia de Buenos Aires, donde está acusada de haber disparado con aire comprimido tras discutir con una vecina en un country.

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La médica anestesista sale demorada de su monono departamento con su paquete saquito cubriendo su rostro.
Imagen: DyN
 
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