SOCIEDAD › ABREN SUS PUERTAS SESENTA EDIFICIOS EMBLEMATICOS DE ACCESO HABITUALMENTE VEDADO AL PUBLICO

A descubrir la ciudad oculta

Edificios históricos como el Kavannagh o el Barolo y otros menos conocidos pero igual de valiosos podrán ser visitados el fin de semana próximo en el marco de un programa inédito para acceder a esos espacios urbanos. Será el “48 Open House BsAs”, organizado por CoHabitarUrbano.

 Por Soledad Vallejos

Así como en los túneles se despliega una ciudad subterránea, existe una ciudad privada, íntima. Respira todos los días puertas adentro. Son los lugares donde viven las personas, donde pasan todas las horas que escatiman a los espacios compartidos con desconocidos, a los paseos al aire libre, los bares, los cines y teatros, las veredas. En esa ciudad también transcurren las vidas y se conectan con todo lo demás, pero no lo hacen –nadie lo hace– como si se tratara de mundos tan diferentes. A fin de cuentas, la ciudad en la que se vive es, para cualquiera, tan su casa como la que física, privadamente, es su casa. Pero a veces la curiosidad gana, y no necesita matar gatos ni dañar a nadie en el intento de responderse los interrogantes porque las ganas de chusmear pueden ser sanas. ¿Quién no se preguntó alguna vez cómo sería vivir en el Kavannagh? ¿O cómo se verá la ciudad desde una de sus cúpulas más famosas e inaccesibles? ¿Quién nunca espió un poco al pasar alguna de esas comunidades de edificios tan particulares como la del barrio-parque Los Andes, en Chacarita? Hay que prepararse: esta vez la voluntad de husmear tiene premio. Mejor dicho: 60 premios, uno por cada edificio porteño usualmente vedado al público pero que por dos días abrirá las puertas para que los paseos sean bajo techo. Y habrá algunas yapas, además.

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Había una vez una arquitecta argentina que cursaba un posgrado en Barcelona y que un fin de semana se topó con una experiencia rarísima. Vio gente dispuesta a abrir las puertas de su casa; edificios emblemáticos pero privadísimos cuyos consorcios se sentían halagados por el pedido de visitas; pequeños ejércitos de vecinos curiosos que recorrían la ciudad listadito en mano. Fue, recorrió y preguntó. De regreso a la Argentina, no le costó mucho contagiar a un grupo mínimo, pero más que suficiente, que pronto se volvió ONG y se dio un nombre, CoHabitarUrbano. Poco después, el grupo contactó a Victoria Thornton, la inglesa que ideó la idea OpenHouse en Londres hace 20 años; ella les dio su bendición para replicar en Buenos Aires la experiencia que ya se volvió costumbre en 20 ciudades del mundo.

Seis arquitectos, una artista: Elisa Rocca (quien descubrió la iniciativa en Barcelona), Santiago Chibán, Georgina Gabrielli, Cecilia Loza, Ricardo Pomphile, Ignacio Queraltó; Isabel Rocca. Esas siete personas no pararon hasta sumar cientos de voluntarios y diseñar la experiencia que va a agitar Buenos Aires el sábado y el domingo próximos (30 de noviembre y 1º de diciembre), de mañana y de tarde, bajo el nombre 48 Open House BsAs: 60 edificios históricos y no tanto, bellos o curiosos (y también las dos cosas), dispersos por la Ciudad y usualmente vedados a ajenos abrirán sus puertas, dejarán trepar por sus escaleras y asomarse por sus ventanas. Puestos a responder qué puede ser tan maravilloso, los seleccionadores enumeran con chispas en los ojos: un helipuerto en Puerto Madero; el mirador de la Galería Güemes –pionera en su género en Latinoamérica–; un departamento del Kavannagh –durante años, la definición porteña del rascacielos y el sobrio lujo moderno–; el patio comunitario donde los habitantes del barrio-parque Los Andes inventan una vida diferente; una casa del siglo XIX intervenida sabiamente hace sólo meses. Para espiar, sólo hay que anotarse (48hopenhousebuenosaires.org) y dejarse guiar en el paseo.

–Para elegir edificios tuvimos pocas consignas pero claras. Que el edificio genere curiosidad. Que sea una oportunidad para mostrar lo que habitualmente no se puede ver, o en algún caso, que se muestre gratuitamente algo a lo que se suele acceder pagando. Que sean edificios privados. Entre los siete hicimos una lista de 100 edificios, y empezamos a preguntar si se querían sumar –explica Queraltó.

–Queríamos que fuera una manera de volver a ver la Ciudad. El interior de un edificio es la parte de la Ciudad que no podemos conocer, pero está, es una parte importante, –agrega Isabel Rocca.

Entonces, empezaron por el principio: lista en mano, fueron buscando contactos. Administradores de consorcios, propietarios de alguna casa, de algún departamento muy particular, o amigos de amigos que tal vez conocieran a alguien. Dicen que a la sorpresa sobrevenía, en general, el entusiasmo. Que esa respuesta favorable a la idea de compartir con ilustres desconocidos en lugar de tranquilizarlos, les azuzó la ambición. “Nos incentivó. Creemos que el año que viene, porque lo queremos repetir, vamos a tener todavía más lugares para visitar”, explica Queraltó, que calcula en unas diez mil las personas que darán vueltas disfrutando la otra Ciudad.

Jugar a las visitas

La ciudad puertas adentro es la intimidad del vecino que alguna vez se cruzó en el camino, pero también la de anónimos cuyos días transcurren en espacios difíciles de ignorar: ¿cómo será esa casa de la que, desde la calle, sólo se pueden recoger retazos de rincones? ¿Qué hay más allá de esa entrada tan bella que apenas se vislumbra? La vida cotidiana, ¿cambia según los espacios donde transcurre? Las preguntas son menos de turista en tierra ajena que de habitante acostumbrado a mirar su propia ciudad. En esos ciudadanos mirones dicen que pensaron los integrantes de CoHabitarUrbano para inventar cómplices. Empezaron por los voluntarios: primero con convocatorias muy de boca en boca en la Facultad de Arquitectura de la UBA; después de escuchar la idea, esos primeros reclutados la contaron por su cuenta, pero el proyecto también creció con los contactos que generó la fan page en Facebook. El intercambio de correos electrónicos hizo lo demás para que la información circulara y el proyecto fuera día a día más real. De mirones, fueron descubriendo los gestores del evento, está lleno el mundo.

Y lo de mirones puede ser literal. Tanto que una de las casas visitables llegó a la lista casi por una fatalidad del curioseo. Queraltó recuerda cómo llegó a 48 OpenHouse BsAs la “Casa de los dragones” –el nombre artístico con que se presentó a concursos una casa privada de San Telmo, la “Casa Bolívar”– y se ríe. Entonces cuenta:

–Primero la vi en Facebook, y me encantó. Alguien mostraba la refacción de una casa muy antigua. Mostraba cómo habían sacado las intervenciones de años y la fueron volviendo a su estado original. Claramente era un desafío hacer eso, pero además decidieron algunas intervenciones nuevas, que no parecieran de la época sino bien actuales, pero muy respetuosas del lugar. Un día, en una de las charlas para voluntarios, una profesora de Diseño Gráfico se acercó y comentó sobre su casa: “por ahí les interesa...”. Cuando la empezó a describir me di cuenta de que era la misma que había visto y le dije “¡En la calle Bolívar!”. “¿Cómo sabés?”.

Y así fue como la casa llegó a la lista de interiores a visitar, junto con toda su historia a cuestas: la construcción alrededor de 1887, las intervenciones sobre intervenciones a lo largo del siglo XX, el renacimiento esplendoroso del último año. Quitaron los restos sobre restos; recuperaron el colorado de los ladrillos cocidos en el siglo XIX; protegieron los mosaicos originales de un patio con corredor de columnas; iluminaron sin tocar; un albañil con talento artístico recuperó molduras que se había llevado el tiempo. Todo eso se va a poder visitar.

Rocca acota que no sólo sobre belleza arquitectónica versarán las jornadas, porque “las ciudades también tienen algo inmaterial”. Cuenta un caso muy concreto, el de la comunidad que vive en el barrio-parque Los Andes. Dice que es otro modo de vivir.

–Las personas que viven ahí también tienen vida en común. Se reúnen a comer en el patio, que tiene árboles, charlan entre ellos mientras los chicos juegan ahí. Todo lo manejan comunitariamente, todas las decisiones se viven de otro modo. Y eso demuestra que hay lugares que generan otras respuestas dentro mismo de la ciudad. En nuestras recorridas, ese complejo es importante: además de mostrar el lugar, va a haber actividades para que se entienda cómo es vivir ahí –agrega Rocca–. Cambiar la perspectiva te pone ante todo lo bueno que tiene Buenos Aires.

–Algunos lugares son como balsas perdidas en un mar de construcciones –acota Queraltó.

Esas son las cosas que quieren rescatar a fuerza de azuzar la curiosidad, dicen. Porque una ciudad, finalmente, también es cómo viven sus habitantes.

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El grupo que promovió el programa de visitas a edificios y casas, en el edificio Barolo, de Avenida de Mayo.
Imagen: Leandro Teysseire
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