SOCIEDAD › LA ODISEA DE UNA MUJER QUE SUFRIO UNA PERSECUCION SEXUAL Y, POR HACER LA DENUNCIA, TERMINO SIN TRABAJO

Relato de un acoso

Natalia Garrote tiene 34 años y trabajaba en una concesionaria vial. Un compañero la empezó a acosar. Primero no quiso contarlo a la empresa por temor a quedarse en la calle, pero lo hicieron sus compañeros. Ella ratificó la denuncia; el calvario siguió y al final no le renovaron el contrato. Una historia emblemática.

 Por Mariana Carbajal

“Estoy mal, muy mal. No pensé que por denunciar iba a quedar sin trabajo, sin obra social, sin atención médica. Y con un tratamiento psiquiátrico y psicológico por lo que me pasó. Es muy duro. ¿Qué tenés que hacer entonces? ¿Callarte la boca?”, se pregunta Natalia Garrote y los ojos se le llenan de lágrimas. Tiene 34 años y una hija a su cargo de 17. A fines de febrero, con el acompañamiento de la Secretaría de Género de la CTA de los Trabajadores, denunció ante la justicia y en la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL) del Ministerio de Trabajo distintas situaciones de violencia de género y acoso sexual que sufrió en su empleo como supervisora de Tesorería, en una de las oficinas de la concesionaria Autopistas del Oeste, de parte de un compañero de trabajo, del mismo rango, pero efectivo. Ella estaba contratada. Después de la denuncia y a pesar de que se encontraba con licencia psiquiátrica –porque el acoso le desencadenó ataques de pánico, como les suele suceder a las víctimas de episodios similares–, le informaron que no le renovaban más el contrato. Ahora está desempleada. En su celular tiene todavía guardada la foto que le envió el denunciado, sacándole la lengua, después de que ella se quedara sin empleo. La empresa, según pudo saber este diario, no tomó ninguna medida contra él. En una entrevista de Página/12, la joven contó su calvario.

Natalia vive en Merlo con su hija, que va a sexto año del secundario. Fue seis años encargada de una estación de servicio YPF y cuando en diciembre consiguió que Autopistas del Oeste la tomaran para cubrir unas suplencias, llevaba ocho meses sin trabajo. “Estaba muy contenta con el nuevo trabajo, aunque me ofrecieron menos del sueldo de un supervisor de Tesorería efectivo”, señaló a este diario. A lo largo del verano, firmó tres contratos de un mes y medio cada uno.

El acoso sexual de parte de su compañero comenzó a los pocos días de ingresar en la oficina de Ituzaingó de la concesionaria, precisó. Lo primero que hizo fue iniciar un proceso de despersonalización: la empezó a llamó Brenda porque, dijo, “tenía cara de Brenda”. “Después empezó a acosarme sexualmente diciéndome frases como: Yo soy el referente del sindicato y si te querés quedar me tenés que chupar la pija o si no te vas de la empresa”. La frase figura en la denuncia que presentó en el Ministerio de Trabajo y que derivó en una causa que tramita en la Fiscalía 2 del departamento judicial de Morón. El supervisor de tesorería se presentaba ante ella como referente del gremio Sutpa, de los empleados de peaje y que encabeza Facundo Moyano. Al ser consultado por este diario, el vocero de Moyano, Walter Iampietro, negó que el acusado perteneciera al gremio.

La primera agresión que recibió Natalia, en realidad, fue un pelotazo. El supervisor de Tesorería le arrojó con fuerza una pelota de fútbol que impactó en su pierna y le dejó dos hematomas, que ella registró con la cámara de su celular. “No lo podía creer. Me puse a llorar. No entendía qué estaba haciendo”, contó a este diario y mostró las fotos de los moretones. Los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas.

Poco a poco, el hostigamiento y el acoso fueron cada vez más intensos, señaló: “Otra alternativa que me ofrecía era ‘ir al telo’ y en otra oportunidad, en presencia del coordinador de la oficina, me dijo: “A tu hija me la voy a coger”. La mujer contó que siempre hubo testigos de los acosos, otros compañeros de trabajo, que fueron los que alertaron a sus superiores de lo que le estaba ocurriendo, porque ella no quería contarlo por miedo a perder el trabajo. “Yo aguantaba porque necesitaba el sueldo, para mantener a mi hija. Pero ellos hablaron y le contaron lo que me pasaba al jefe de Estación, Marcelo Montalbeti, y al jefe Operativo, Marcelo Castagnino. Ellos se reunieron conmigo el 26 de enero. Y después de que les confirmé que era verdad, me dijeron que me iban a cambiar de sector para protegerme. Eso me sorprendió porque en lugar de tomar medidas con el acosador, me cambiaban de sector de trabajo a mí. Esos jefes después informaron al jefe de Recursos Humanos, Sergio Oliver. Pero las agresiones continuaron. Y el 17 de febrero sufrí un ataque de pánico y terminé atendida en la clínica Provincial de Merlo, donde me medicaron con clonazepan. Al día siguiente fui al médico laboral, que se asombró de lo que me había pasado y en forma urgente llamó a Recursos Humanos, donde lo atendió Oliver y le informó de mi situación. El médico me dio un reposo de 48 horas, con medicación. A los dos días me preguntó si quería más reposo, pero le dije que no, que iba a perder mi trabajo, que necesitaba trabajar”, relató Natalia.

Por entonces, la habían cambiado de oficina. Pero empezaron a darle distintos horarios de trabajo “supongo, ahora, que era para desgastarme”. El 22 de febrero, según figura en la denuncia, tuvo otro ataque de pánico y otra vez terminó atendida en la clínica Provincial de Merlo. Natalia dio cuenta de su situación a la ART de la empresa, donde le reconocieron una licencia hasta el 17 de abril. “Pero el 31 de marzo me avisa la empresa que no me renueva el contrato. Y me sacan la obra social. Me dejan sin cobertura médica. No sé si voy a poder seguir con el tratamiento psiquiátrico y psicológico que había empezado por la misma situación que me generó el acoso. No sé si voy a poder seguir comprando los medicamentos que necesito. Lo único que quiero es mejorarme psíquica y físicamente y mantener la fuente de trabajo y que la empresa asuma la responsabilidad por el daño que me provocaron estos hechos”, dice la mujer.

En su reclamo la está acompañando la secretaría de Género de la CTA de los Trabajadores. Pero todavía desde la fiscalía de Morón no la citaron a declarar y esa situación le preocupa. La OAVL, en cambio, convocó a la empresa al Ministerio de Trabajo pero en la reunión, que tuvo lugar el 8 de marzo, los representantes de la concesionaria negaron la existencia de los hechos. Ahora, espera que la denuncia judicial prospere.

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Imagen: Rafael Yohai
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