SOCIEDAD › CHICOS CON DISCAPACIDADES QUE TERMINARON TOCANDO CON JAVIER CALAMARO

A terapia con la música

Son niños y adolescentes con trastornos neurológicos: aprenden todo tipo de instrumentos, cantan y hasta graban videos con sus producciones. Es el proyecto Todos Hacemos Música, al que hicieron su aporte artistas como Guillermo Novellis o Diego Mizrahi.

 Por Sonia Santoro

–Te voy a mostrar una canción que me gusta a mí –dice Matías y se entusiasma en el teclado tocando I was made for lovin’ you–. ¡La de Kiss, me encanta!

Matías padece un retardo madurativo leve y hace música. Todos y todas podemos. Ese es el mensaje del proyecto Todos Hacemos Música, que busca demostrar, a través de videos, que las personas con discapacidad no tienen límites para cantar y tocar todo tipo de instrumentos musicales.

“Cada persona con discapacidad necesita de un abordaje especial, particular y adaptado, por lo cual hay que buscar el potencial de cada uno, ya sea cantar, tocar el piano, la guitarra o bailar y dejarlo relucir para que esta magia no quede puertas para adentro”, dice Ralf Niedenthal, coordinador del proyecto.

Matías, por ejemplo, tiene 15 años y hace 8 que toma sesiones de musicoterapia con Niedenthal. Al principio, para que aprendiera las partituras, les ponía colores a las notas. Hoy ya las conoce de memoria.

Este proyecto nació hace cuatro años en el Centro Camino (Centro Argentino de Musicoterapia e Investigación en Neurodesarrollo y Obstetricia). Todos los años hacen dos videos, con la participación de pacientes y alumnos. El año pasado el video se llamó Cantamos juntos y se puede ver en YouTube. Este año se llama Un mundo mejor, se grabó el 11 de abril y ya se puede ver en las redes sociales.

Ralf Niedenthal es licenciado en musicoterapia, profesor música de guitarra y piano para personas con y sin discapacidad. “Saber que con la música puedo ayudar a chicos con discapacidad es algo hermoso”, dice.

Los videos tienen difusión a través de las redes y distintos canales. Con ellos buscan comunicar no sólo que todos pueden hacer música. Sino que si pueden cantar o tocar un instrumento también pueden hacer otras cosas. “Es romper las barreras de la ignorancia”, define el musicoterapeuta.

La musicoterapia

Niedenthal ama la música desde chico y ya en la secundaria pudo orientar esa pasión hacia el tratamiento de personas con discapacidad gracias a los consejos de un profesor.

“Al principio trabajaba con todo tipo de discapacidades, pero después me concentré en chicos con trastornos neurológicos: parálisis cerebral, retardo madurativo leve y síndrome de Down”, explica.

Trabaja en sesiones terapéuticas individuales y grupales en las que “puedo enseñar un instrumento, pero tengo un objetivo clínico, mejorar la motricidad fina, gruesa o lo cognitivo”. En el tratamiento, la familia no puede faltar: “Es importante que el padre o el hermano esté en la sesión para que vean los avances”.

Para los chicos la música es liberación: pueden bailar, cantar, componer canciones con letras. Todo eso se vuelca a fin de año en un concierto donde familias y amigos los ven, los aplauden y le devuelven un reconocimiento que los hace crecer.

El video

La cuestión de aparecer en una pantalla no les pasa desapercibido. “Me da vergüenza que me filmen. Pero cuando me veo no me da ninguna vergüenza”, dice Matías, acompañado por Woody, su perro labrador y Ralf, en un alto en su sesión de todos los viernes.

Ahora está entusiasmado practicando el tema nuevo. Ahí canta y toca el piano.

–¿Qué pasa si te confundís?

–Nada, pone de nuevo la música y lo toco de nuevo. Me encanta tocar el piano. En serio –reafirma Matías.

“En la musicoterapia no buscamos la exigencia estética sino que disfruten. Al contrario de lo que se ve en la película Whiplash”, dice Niedenthal. En el film, un joven baterista de jazz asiste a una de las mejores escuelas de música del país en Nueva York, y se somete a un maestro exigente y despiadado.

Sin embargo, el video, lejos de los golpes bajos, muestra una canción simple, emotiva y de mucha calidad: “Dentro de la sesión no buscamos lo estético. Y a partir de no buscarlo, aparecen cosas increíbles. La canción la compuse yo. Pero hacemos una especie de guión, vamos armando la canción y le decimos a los chicos, bailate esta canción. Y ahí ellos proponen cambios. Es ensayo y error”.

“Es una linda experiencia porque esos chicos tienen mucha frustración, hay cosas que diariamente no les salen, no pueden hacer, se les complican. Que estén ahí con un instrumento, gente filmándolos, estar en la tele, eso les sube la autoestima y les da confianza”, agrega.

En el equipo de Todos Hacemos Música son diez personas. El editor es otro Matías, que tiene 19 años y sufre parálisis cerebral. Está en silla de ruedas, no puede hablar y tiene movimientos involuntarios. Pero cognitivamente entiende todo. Con un teclado adaptado escribe los subtítulos. Solo necesita más tiempo.

El proyecto busca además expandirse y llegar con la musicoterapia a las escuelas en las villas y barrios carenciados. “Estos son chicos con obras sociales, que pueden pagar el tratamiento. Hay mucha gente que no puede pagar. Y me gustaría que ellos puedan también llegar a la musicoterapia”, dice.

La música puede recuperar las funciones de las neuronas que están muertas, recuerda Niedenthal. Se las puede aprender de nuevo. Algo de todo esto les llegó a artistas como Guillermo Novellis, de La Mosca, el guitarrista Diego Mizrahi, la banda cordobesa Eruca Sativa, Axel Fernando, la orquesta de Sergio Feferovich, La murga Los Rengos del Bajo y Javier Calamaro, que participaron de los videos. Siempre buscan personalidades para que con su participación ayuden a difundir.

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La música puede recuperar las funciones de las neuronas muertas, recuerda Niedenthal.
Imagen: Bernardino Avila
 
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