SOCIEDAD › SU EX LA AMENAZA DESDE LA CARCEL; ELLA TEME QUE ACCEDA A SALIDAS TRANSITORIAS

Vivir con la sensación del peligro al acecho

Mientras cumple pena de prisión por violencia de género contra ella, el ex la amenazó por teléfono, furioso porque la Justicia le descuenta del peculio la cuota de alimentos para su hija en común. Ella pide ser escuchada por el juez de ejecución penal.

 Por Soledad Vallejos

Su ex marido, que cumple condena por 8 hechos de violencia –física y verbal– cometidos contra ella, podría acceder al beneficio de las salidas transitorias a partir de julio, a pesar de que desde prisión llamó para proferir amenazas contra ella y la pequeña hija que tienen en común. Esas llamadas amenazantes, además, violaron la orden judicial para que Daniel Alberto Castro no tome contacto de ningún modo con ella. Porque teme por su vida y porque su agresor desobedeció la restricción de contacto aun desde la prisión, Fernanda Chacón se opone a que la justicia permita a Castro acceder a las salidas transitorias. Por ello, Chacón pidió audiencia a Marcelo Peluzzi, el juez de ejecución penal de quien depende el caso de ex pareja, y abrió en la plataforma virtual change.org un petitorio para recabar apoyos. Al cierre de esta nota, su planteo estaba a poco de alcanzar las 5 mil adhesiones. “En el penal tiene conducta 10, y tengo miedo de que no miren el expediente a la hora de decidir darle la transitoria. Tampoco cierra que una persona presa siga cometiendo delitos”, dijo Chacón a este diario, quien agregó que Castro “tiene registrado como domicilio de excarcelación una dirección a dos cuadras de mi casa”.

Las amenazas telefónicas de Castro fueron tres, todas explícitas; los llamados que realizó –con lo cual violó la orden que le prohíbe todo contacto con su ex pareja– fueron más, pero Chacón no atendió. Los llamados comenzaron cuando Castro cumplía condena en el penal de Devoto y la justicia había comenzado a embargarle del peculio fondos para el pago de los alimentos de su hija –que hoy tiene 4 años–, tras la resolución en ese sentido de la justicia de familia. El primer llamado fue realizado en marzo del año pasado, contó Chacón: “me dijo que le devolviera la plata de la cuota de alimentos porque sino me iba a matar a mí y a nuestra hija”. El tercer llamado fue efectuado desde el penal de General Roca –adonde fue trasladado desde Devoto luego de que su ex mujer reportara las amenazas–; quien atendió el teléfono fue una hija de Chacón. “El pregunta por mí. Me dice ‘¿ya te depositaron la plata? Devolvémela’, y me dijo que iba a mandar a buscarla. A él le sacan la plata del peculio y del fondo de reserva. Entonces le dije que a él no le importa si tengo o no esa plata. Corto, desconecto el teléfono. A las dos, tres horas vuelvo a conectarlo: había llamadas perdidas hechas desde el penal. Lo denuncié ante el Juzgado Correccional Nº 3, Secretaría 60”.

Chacón explicó a este diario que las amenazas y la posibilidad de que Castro intente cumplirlas al salir del penal le dan tanto miedo que ya pidió a la justicia que dejara de pasarle el dinero de la cuota alimentaria. “Quiero renunciar a los alimentos, pero no me dejan, dicen que es lo que corresponde y es así. No se puede”.

“Durante 3 años sufrí innumerables hechos de violencia de género e hice más de 20 denuncias, contando las del fuero civil como el penal”, señaló Chacón en el petitorio “No a la inminente liberación del violento Daniel Alberto Castro”, dirigido a Leuzzi, titular del Tribunal de Ejecución Penal Nº2 de la Ciudad de Buenos Aires. Chacón también recordó que Castor quedó privado de su libertad el 2 de abril, y que el año pasado, tras un proceso abreviado acordado con la fiscalía, recibió una pena unificada por un cúmulo de causas.

La sentencia de proceso abreviado que condenó a Castro a cuatro años y medio de prisión (tres años por violencia machista, y uno y medio por una causa anterior, de delito contra la propiedad) da cuenta de ocho episodios concretos en los que Chacón padeció agresiones físicas y psicológicas. Por todos esos episodios, Castro admitió su responsabilidad.

En el expediente consta que el 3 de mayo de 2013, Castro fue a la casa de Chacón, la insultó “en reiteradas ocasiones, le dio un golpe de puño en el brazo y la empujó, provocando que resbalara desde el living hasta el baño, donde cayó y se golpeó las costillas con el borde de la bañera”. Castro no quería abandonar el lugar, por lo cual su ex pareja “salió del domicilio junto con sus hijos y llamó al 911”, que envió agentes de policía. Recién entonces el agresor se fue. Ese mismo día, por la noche, Castro regresó. “Intentó entrar pero no lo logró, toda vez que no poseía la llave correcta. Comenzó a darle patadas a la puerta y se retiró. Luego llamó por teléfono” a Chacón y le dijo: “no me hagas la denuncia porque te mato a vos o a las 5 de la mañana la espero a tu mamá cuando toma el colectivo”.

Un mes y días después, el 13 de junio por la tarde, en un pasillo del edificio donde vivía la víctima, “aprovechándose de que su ex pareja tenía a su hija M.C. en brazos, (Castro) le propinó un golpe de puño en el rostro que le provocó un hematoma en el párpado inferior derecho y una escoriación en el labio superior de la boca, incapacitándola laboralmente por un término menor a treinta días”. Al escuchar los gritos de Chacón en el pasillo, una de sus hijas abrió la puerta; “Castro entró al domicilio para proferir insultos; luego se retiró”.

En diciembre del año pasado, cuando ya pesaba sobre él una restricción de acercamiento a su ex pareja, Castro intentó entrar en el edificio donde vivía Chacón, pero el personal de seguridad no se lo permitió. “Ante ello, Castro, por medio del portero eléctrico, le dijo (...) que la iba a matar”. Desde entonces y hasta el 20 de diciembre le envió decenas de sms “con frases intimidatorias, amenazándola de muerte y refiriendo que no le importaba ir a la cárcel”. Además, el último día de febrero del año pasado, por la noche, interceptó a Castro interceptó a su ex pareja en la calle, cuando ella iba caminando con la hija de ambos, que entonces tenía dos años. El “manifestó como excusa que la nombrada se iría a ver con otro hombre y le arrebató a la niña”, tras lo cual Chacón lo convenció de acompañarla al supermercado y esperarla en la puerta. Al entrar al lugar, la mujer activó el botón antipánico y avisó que luego regresaría al edificio donde vive. En la puerta de ese domicilio, “el imputado no quería devolver la niña a su madre y le decía que la iba a matar y que no le importaba volver a estar preso”. La situación se resolvió con la llegada de la Policía Metropolitana, que detuvo a Castro hasta el día siguiente. Cuando recuperó la libertad, recomenzó las amenazas telefónicas, que incluían la advertencia acerca del corso de la vuelta de su casa: “si salís al corso a la avenida tengo gente preparada para que te apuñale a vos y a tus hijos, y de C. me encargo yo como la otra vez que le puse el cuchillo en el cuello”. Un día después, Chacón se animó a ir al corso: vio a su victimario observándola desde la vereda de enfrente. Ella activó el botón antipánico y él escapó.

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Fernanda Chacón pidió audiencia con el juez de ejecución penal que decidirá las transitorias, pero aún sin éxito.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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