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Murió Ray Bradbury

Se granjeó la fama gracias a sus fantasías de ciencia ficción como Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, con las que influyó a varias generaciones de lectores, pero Bradbury, quien falleció anoche en Los Angeles, firmó más de 500 títulos en su larga carrera.

Para Bradbury la ciencia ficción no era otra cosa que "el nacimiento de las ideas", un género inabarcable en sus infinitas fantasías, que se nutre del avance tecnológico y las epopeyas espaciales, pero también de la aventura interior del ser humano: "No soy solamente un escritor de ciencia ficción -afirmó el escritor en un reportaje de 1997 antes de participar de la Feria del Libro de Buenos Aires-. Si bien algunos de mis libros, como Fahrenheit, pertenecen a ese campo, en general tienen más que ver con lo fantástico".

Jorge Luis Borges -quien prologó la primera edición en castellano- dijo que al leerlo sintió la fuerza de una narración que aunque anticipaba los viajes espaciales, también recuperaba el corazón de viejas creencias. "Otros autores estampan una fecha y no les creemos porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado", escribó el autor de Ficciones en la introducción del libro, donde además se preguntaba "¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?".

"Cuando escribí Fahrenheit -contó Bradbury- la Segunda Guerra Mundial había terminado hacía pocos años y ya entonces miré a la ciencia con ojos críticos. Desde entonces mantengo esa actitud y creo que hoy debemos agudizarla: basta con ver lo que sucede en Africa o en Medio Oriente, cómo la gente se está matando y cómo la técnica interviene en ello".

Relatos, poemas, novelas, piezas de teatro y guiones de cine y televisión. Los críticos hablaban de él como un maestro de la observación detallada y un virtuoso del idioma que siempre creaba nuevas e impensables imágenes. Bradbury publicó Fahrenheit 451 en 1953, que François Truffaut adaptó al cine en 1966 con Oskar Werner y Julie Christie como protagonistas. Allí describe una sociedad donde los libros están prohibidos.

La historia no es solo una crítica a los regímenes totalitarios, sino que cuestiona la indiferencia y la postura acrítica de la sociedad de consumo que hace posible la represión. en alguna oportunidad, Bradbury relató que la inspiración de su historia más conocida le llegó al ver a una pareja paseando: a pesar de que compartía una hermosa noche junto con su marido y su perro, la mujer seguía con sus auriculares una novela en una pequeña radio.

En 1997, en su visita a la Feria del Libro, un Bradbury de pelo blanco y anteojos relató cómo fueron sus primeras aproximaciones al género: "Cuando tenía ocho o nueve años comenzaron a aparecer las revistas de ciencia ficción en Estados Unidos. Yo quería vivir en las revistas, en sus edificios, quería ser parte de ese futuro. (...) En 1929 llegó la Gran Depresión, y comencé a coleccionar las revistas de Buck Rogers... Los chicos se reían de mí, porque yo creía en el futuro", señaló.

En aquella misma oportunidad se refirió a los inicios de su carrera, y contó que cuando intentó que le publicaran su primer libro, recibió como respuesta: "No queremos historias cortas, porque nadie las lee, queremos una novela". De allí surgió la idea de unir varios de sus relatos en Crónicas marcianas.

Aunque nunca recibió el codiciado premio Pulitzer, en 2007 el jurado le otorgó una mención especial por su "productiva e influyente carrera". Tampoco se llevó un Oscar, pero fue nominado por el guión del clásico de Melville "Moby Dick", de John Huston en 1956.

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