DEPORTES › OPINION

Un brote entre las piedras

 Por Gustavo Veiga *

Javier Cantero, el presidente de Independiente, cumple lo que prometió: “Hace falta convicción y actitud para erradicarla (a la barra) y la vamos a tener porque nuestro objetivo es cuidar al hincha verdadero”. Lo dijo antes de las últimas elecciones cuando les ganó a Hugo Moyano y Baldomero “Cacho” Alvarez juntos. Para el ambiente del fútbol era casi un desconocido. Un desconocido que les señala el camino a los responsables de la violencia en el fútbol por error, omisión y, a menudo, por complicidad también: políticos, funcionarios, jueces, sindicalistas, policías, dirigentes de clubes y la propia AFA de un desentendido Julio Grondona, que ahora descubrieron la importancia de su cruzada. Hay que esperar para comprobar hasta dónde lo seguirán.

La figura de Cantero se ensancha porque, varios como él, sin recorrido previo en el deporte-negocio, se hicieron los osos. Mauricio Macri, el 16 de abril de 1998, cuando era presidente de Boca, le envió una carta al juez Víctor Perrotta en la que decía: “Se desconoce la existencia, entre los simpatizantes de nuestra institución, de los llamados vulgarmente ‘barrabravas’”. En River, las lubricadas relaciones entre los gobiernos de José María Aguilar y Daniel Passarella con la barra, favorecieron un estropicio (con muertes y descenso incluidos) que señala un camino inverso al que tomó este nuevo paladín de una causa justa.

Podrían citarse decenas de malos ejemplos. La violencia en el fútbol siempre ha sido un problema que acentúa el desprestigio del que convive con ella. Casi nadie resiste un archivo. Y casi todos transaron con los muchachos organizados en mafias desde una tribuna. Desde Luis Barrionuevo, cuando manejaba a control remoto la presidencia de Chacarita, a Eduardo López, el mal ejemplo que comandó Newell’s durante catorce años. Desde las propias fuerzas policiales siempre propensas a hacer su propia caja, al deshilachado engendro de Hinchadas Unidas Argentinas que pergeñó Marcelo Mallo, un puntero oficialista.

Bienvenida sea la campaña moralizadora del presidente de Independiente. Conduce un club grande y su buen ejemplo repercute más. “Algunos, adelantándose a todos, van ganando el desierto”, escribió Antonio Porchia. Ojalá que a Cantero se le garantice contención en el tiempo –como le prometió el gobierno nacional–, porque su iniciativa es como una semilla que brotó entre las piedras. Habrá que regarla mucho para que sobreviva.

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