DEPORTES › LA FIFA DECIDIO QUE HABRA MUNDIAL EN QATAR EN 2022

Más buenos que el té con leche

La investigación sobre la transparencia de la elección fue manipulada por la FIFA, que concluyó que la decisión no quebró ninguna regla ética. Tan burda fue la maniobra que el fiscal que investigó reclama poder apelar.

 Por Pablo Vignone

El fiscal García y el juez Eckert, en una presentación anterior.
Imagen: EFE.

La FIFA se investiga a sí misma y, como era de esperarse, se declara libre de culpa y cargo. El Comité de Etica de la multinacional del fútbol publicó ayer un resumen de la investigación que el ex fiscal de distrito de Nueva York Michael García había llevado adelante durante 18 meses para aclarar presuntas irregularidades en los procesos de adjudicación de los mundiales 2018 y 2022 a Rusia y Qatar, respectivamente. En ese resumen se asegura que no hubo mayores irregularidades en el proceso, lo que supone que no habrá cambios de sede. Tan sorprendente fue la conclusión que el propio García pidió apelar ante el Comité de Etica afirmando que lo que la FIFA hizo público en 42 carillas es una mala interpretación de su reporte de 430 páginas. No hay en el resumen ni siquiera una alusión a las salpicaduras que la elección de Qatar produjo sobre la Conmebol (ver aparte).

El juez alemán Hans-Joachim Eckert, titular de la comisión adjunta del Comité de Etica, concluyó ayer con su resumen que no existe suficiente evidencia en el reporte García que justifique quitarle a Qatar el Mundial 2022, una adjudicación escandalosa teniendo en cuenta que la propia Comisión Técnica de la FIFA había determinado que la del país del golfo era la propuesta más pobre de las cinco presentadas (con Australia, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos).

Según Eckert, García no pudo encontrar ningún vínculo directo entre la candidatura de Qatar y los pagos ilegales realizados por Mohamed bin Hammam, el ex integrante del Comité Ejecutivo de la FIFA que fuera expulsado de por vida de la entidad menos de un año después de que el Mundial le fuera asignado a su país. Bin Hammam fue encontrado culpable de intentar comprar votos en su intención de hacerse de la presidencia de la FIFA. En diciembre de 2010, cuando se decidió la elección de las sedes, Bin Hammam estaba plenamente en funciones.

El reporte García estableció que el jeque qatarí hizo varios pagos “impropios” a dirigentes africanos y que le abonó 1,2 millón de dólares a otro ex vice de la FIFA caído en desgracia por corrupción, el triniteño Jack Warner. Pero Eckert concluyó que ninguno de esos pagos estuvo relacionado con la candidatura.

Lo mismo aseguró de la extraña decisión de Qatar de auspiciar el congreso de la Confederación Africana de Fútbol en 2010, pagando casi dos millones de dólares, lo que le brindaba a sus oficiales acceso directo y exclusivo a los 24 miembros del Comité Ejecutivo del organismo africano, con la chance de influenciar los votos del continente en la decisión final. Para el alemán, “eso creó una impresión negativa” pero no quebró las reglas.

Aunque el presidente de la FIFA, Jospeh Blatter, ya había admitido que el acto de adjudicar al unísono dos Copas del Mundo había sido un error, Eckert lo tachó de “bien pensado, robusto y profesional”. También cerró el camino a un nuevo debate: “FIFA da la bienvenida a la realidad de que un grado de clausura ha sido alcanzado con la declaración de (Eckert de que) ‘la evaluación de los procesos de adjudicación de los mundiales de 2018 y 2022 está cerrada para el Comité de Etica’”, afirmó la entidad en un comunicado.

García se mostró escandalizado por la manipulación de los hechos. “(El resumen) contiene numerosas interpretaciones erróneas y materialmente incompletas de los hechos y conclusiones detalladas en el reporte” y declaró su intención de apelar ante el Comité de Etica. Transparencia Internacional (TI) reclamó ayer que FIFA publique completo el reporte García.

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