EL MUNDO › EL MáXIMO REPRESENTANTE DE LA IGLESIA CATóLICA RECLAMó UNA “PATRIA SOBERANA” PARA LOS PALESTINOS

El Papa condenó el muro de separación

Desde la ciudad cisjordana de Belén, Benedicto XVI afirmó que la pared levantada por Israel es un “símbolo de estancamiento”. Y rezó por los habitantes de Gaza. “Hago un llamado a la comunidad internacional para que ayude a la reconstrucción.”

 Por Sergio Rotbart

Desde Jerusalén

“La Santa Sede apoya el derecho de su pueblo a una patria palestina soberana en la tierra de sus ancestros, segura y en paz con sus vecinos, con límites reconocidos internacionalmente”, dijo el papa Benedicto XVI durante su discurso en Belén, en el palacio del presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas. El titular del Vaticano llegó a esa ciudad cisjordana, considerada la cuna del cristianismo, en su tercer día de visita en Tierra Santa. Previamente celebró una misa en la Iglesia de la Natividad, también en Belén, cuyo contenido estuvo dedicado a los habitantes de la Franja de Gaza, completamente bloqueada por Israel. “Estén seguros de mi solidaridad con ustedes, ante el inmenso trabajo de reconstrucción que los aguarda”, dijo el Pontífice. Y agregó: “Mis plegarias están dirigidas a que el bloqueo sea levantado pronto”.

En la iglesia erigida en el supuesto lugar donde nació Jesús, el Papa extendió su prédica a favor de los derechos de los palestinos: “Yo sé cuánto sufren ustedes y vienen sufriendo hace decenas de años. Yo espero que los palestinos gocen de una mayor libertad de tránsito y puedan llegar a los lugares santos. Hago un llamado a la comunidad internacional para que ayude a la reconstrucción de las casas y los hospitales que han sido destruidos, especialmente durante los últimos combates en Gaza. Yo espero que finalmente reine la paz en esta región eternamente”.

En calidad de anfitrión del ilustre visitante, el presidente de la AP, Mahmud Abbas, le dio la bienvenida a Benedicto XVI y le dijo: “Su mensaje a los pueblos de Tierra Santa es la esperanza de que mañana no haya régimen de ocupación, ni barreras de control, refugiados y prisioneros, sino coexistencia pacífica, prosperidad y crecimiento. Llegó la hora de que termine el sufrimiento y prevalezcan el amor y la paz”. Abbas también condenó al muro de separación que rodea los territorios palestinos e impide el ingreso de sus habitantes a Israel, además de dificultar el tránsito de una localidad a otra dentro de Cisjordania. El Papa pudo presenciar los dispositivos de control a los que están sometidos los palestinos cuando su propio medio de transporte, el papamóvil, debió atravesar una barrera de control para llegar a la ciudad de Belén.

La visita papal a Belén incluyó, además, el ingreso a Al Aida, un campo de refugiados lindante con la ciudad cisjordana. Allí, el máximo representante de la Iglesia Católica destacó que el muro de separación es un símbolo del “estancamiento” de las relaciones entre Israel y los palestinos, y llamó a ambas partes a romper la “espiral de violencia”. “Elevándose sobre nosotros, que estamos reunidos aquí esta tarde, el muro es una desolada muestra del callejón sin salida al que parecen haber llegado las relaciones entre israelíes y palestinos”, dijo el Papa. Y añadió: “¡Cómo hemos rezado profundamente por el fin de las hostilidades que han sido la causa de la construcción de este muro!”. El Sumo Pontífice reflexionó que en un mundo donde se están abriendo cada vez más fronteras es “trágico” ver muros que se levantan.

Señalando a la multitud concentrada en el lugar, Joseph Ratzinger afirmó: “Sus aspiraciones legítimas a hogares permanentes, a un Estado palestino independiente, permanecen incumplidas”, pero seguidamente aclaró que los jóvenes palestinos “deben tener la valentía de resistir la tentación de recurrir a la violencia o al terrorismo”.

Dos niñas del campo de refugiados, una cristiana y la otra musulmana cuyos padres están presos en cárceles israelíes, le entregaron al Papa una carta firmada por 11.000 prisioneros palestinos. “Israel cuenta con un solo Guilad Shalit (el soldado secuestrado en el límite con Gaza y retenido desde junio de 2006), nosotros tenemos 11.000 Shalit”, señaló entonces el moderador del acto de bienvenida. Otro locutor dijo que, en calidad de alemán, Benedicto XVI debe ser especialmente sensible a las murallas, y que, a diferencia de su país natal, donde el Muro de Berlín fue derribado, “la muralla de Palestina aún sigue en pie”.

Hoy el Sumo Pontífice dedicará el cuarto día de su gira a visitar la ciudad de Nazareth, en Galilea, donde se concentra la mayoría de los 154.000 cristianos (mayoritariamente árabes) que viven en Israel. En la que fuera la localidad en que creció Jesús, el jefe del Vaticano oficiará una misa en la Iglesia de la Anunciación y, por otra parte, se encontrará con el premier israelí, Benjamin Netanyahu.

Hasta ahora, el beneplácito que las declaraciones del Papa han suscitado en la dirigencia palestina contrasta con las críticas que el visitante ha recibido por parte de algunas personalidades israelíes. Un ejemplo de estas últimas pudo oírse en boca del rabino central de Israel, Meir Lau, quien sostuvo que la alocución del líder católico en el Memorial del Holocausto (Yad Vashem) se refirió al genocidio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial mediante generalizaciones casi abstractas, sin mencionar explícitamente a las víctimas y a los victimarios. En opinión de la periodista Lily Galili, del diario Haaretz, esa decepción por lo que Benedicto XVI no dijo, más que por lo que sí dijo, no es culpa del orador, sino “de nosotros (los israelíes), a quienes nos resulta difícil entender el mecanismo de la Iglesia Católica, cuyos representantes no piden disculpas, dado que su institución no comete errores; ésa es su esencia”. Galili explica que, cuando el actual Papa habló de la “Shoá” (empleando el término hebreo que designa al Holocausto), “no se dirigió a los judíos sino a los millones de fieles católicos, utilizando exactamente las palabras que él cree que ellos están dispuestos a escuchar”.

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El papamóvil debió atravesar una barrera de control para llegar a la ciudad de Belén; detrás se ve la muralla.
Imagen: EFE
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