EL MUNDO › HEZBOLA SE VENIA PREPARANDO PARA HACER ESTALLAR EL POLVORIN

Esta guerra no puede tener un ganador

 Por Robert Fisk *
Desde Beirut

Será recordada como la masacre de Marwaheen. A todos los civiles asesinados se les había ordenado abandonar sus hogares en el pueblo de la frontera por los mismos israelíes unas horas antes. Váyanse, se les dijo a través de un altoparlante; y se fueron, 20 de ellos en una caravana de automóviles civiles. En ese momento fue que llegaron los aviones israelíes para bombardearlos, matando a 20 libaneses, de los cuales por lo menos nueve eran niños. La brigada de bomberos local no pudo extinguir el fuego, mientras todos se quemaban vivos en el infierno. Otro “objetivo terrorista” había sido eliminado.

Ayer, los israelíes incluso produjeron más objetivos terroristas: estaciones de servicio desde el Valle Bekaa hasta la ciudad fronteriza de Hermel en el norte de Líbano, y una serie de puentes en una de las pocas rutas de escape a Damasco, esta vez entre Chtaura y el pueblo fronterizo de Masnaa. Líbano, como de costumbre, estaba pagando el precio del conflicto entre Hezbolá e Israel, tal como calculó Hezbolá que ocurriría cuando cruzaron la frontera israelí el miércoles pasado y capturaron a dos soldados israelíes cerca de Marwaheen.

Pero, ¿quién está ganando la guerra realmente? No se puede decir que Líbano, con sus más de 90 civiles muertos y su infraestructura destruida en cientos de ataques aéreos israelíes. ¿Pero está ganando Israel? El ataque de misil contra un buque de guerra israelí del viernes por la noche sugiere otra cosa. Murieron cuatro marinos israelíes, dos de los cuales se lanzaron al mar cuando un misil teledirigido fabricado en Irán impactó contra su barco tipo Hetz en las afueras de Beirut al anochecer. Aquellos libaneses que han soportado el fuego de los buques israelíes en la autopista costera por muchos años estaban eufóricos. Puede no haberles gustado Hezbolá, pero odiaban a los israelíes.

Sólo que ahora, sin embargo, la imagen que emerge de la batalla por el sur del Líbano es más real, y es una historia fascinante y aterradora. El original cruce de frontera, la captura de dos soldados y el asesinato de otros tres fueron planeados hace más de cinco meses, de acuerdo con Hassan Nasralá, el líder de Hezbolá que escapó de la muerte a manos de los israelíes el viernes por la noche. Y el ataque de misil del viernes contra el buque de guerra israelí no provino de la inspiración de último momento de un miembro de Hezbolá que justo vio el barco.

Ahora parece claro que los líderes de Hezbolá –Nasralá era el comandante militar de la organización en el sur del Líbano– pensaron cuidadosamente los efectos de su cruce de frontera, apoyándose en la crueldad de la respuesta de Israel para acallar cualquier crítica de su acción dentro de Líbano. Estaban en lo correcto. La represalia israelí fue incluso más cruel de lo que algunos líderes de Hezbolá imaginaron, y los libaneses rápidamente silenciaron sus críticas hacia el movimiento islámico.

El siguiente ataque fue dirigido al centro de control de tráfico de Merón, una instalación militar ultrasecreta, denominado con el nombre en código “Apollo”. Allí, científicos militares israelíes trabajan dentro de cuevas y bunkers en la montañas en Merón, custodiados por torres de vigilancia, perros de policía y alambre de púas, controlando todo el tráfico aéreo que entre y sale de Beirut, Damasco, Amman y otras ciudades árabes. La montaña está coronada con una serie de antenas, y Hezbolá rápidamente la identificó como un centro de rastreo militar. Antes de lanzar cohetes a Haifa, enviaron una serie de misiles a Merón. Las cuevas son impenetrables, pero el que Hezbolá pusiera como objetivo un sitio secreto de esa magnitud conmocionó a los estrategas militares israelíes.

El “centro de terror mundial” –o lo que sea que imaginan que es Líbano– no sólo pudo abrir una brecha en su frontera y capturar a sus soldados, sino también atacar el centro del comando militar israelí en el norte. Los israelíes anunciaron ayer que el misil fue fabricado en Irán, como prueba del involucramiento de ese país en la guerra de Líbano. Este fue un razonamiento extraño. Ya que casi todos los misiles utilizados para matar a los civiles en Líbano en los últimos cuatro días fueron fabricados en Seattle, Duluth y Miami en Estados Unidos, su uso ya sugiere a millones de libaneses que Estados Unidos está detrás de los bombardeos a su país.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Virginia Scardamaglia.

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