EL PAíS › OPINION

El petróleo de Malvinas

 Por Roberto García Moritán *

La actitud del Reino Unido resulta desilusionante al pretender reeditar en el Atlántico Sur un escenario de confrontación. Las expresiones del primer ministro dejan en claro ese propósito, al plantear un esquema defensivo en las islas Malvinas que no guarda proporción alguna con el discreto presupuesto militar argentino.

La Argentina es uno de los pocos países de la región que no se ha dejado tentar con la compra de armamentos, en una clara demostración del convencimiento de que la diplomacia es el único camino para la solución de la disputa de soberanía. Hablar de amenaza militar en ese contexto es desvirtuar intencionalmente la realidad para ocultar un comportamiento irresponsable.

Las acciones unilaterales desarrolladas por el Reino Unido desde el año 1991 en materia de hidrocarburos son un reflejo lamentable de ese accionar. Basta citar un ejemplo para comprobar la ausencia de buena fe. En octubre de 1995, a un mes de haberse acordado la Declaración Conjunta de Cooperación sobre actividades costa afuera en el Atlántico Sudoccidental, anunció unilateralmente la apertura de una ronda de licencias para la exploración y explotación de hidrocarburos al norte y sudoeste de las islas Malvinas. En 1996 otorgó siete licencias para la producción de hidrocarburos costa afuera al norte de la isla.

La existencia de un marco de cooperación bilateral tampoco detuvo al Reino Unido en el año 2000 para sancionar la “Offshore Petroleum (Licensing) Regulations 2000” ni para otorgar licencias para la exploración y producción de hidrocarburos en diez bloques ubicados al sur y al este de las islas Malvinas.

A pesar de los esfuerzos argentinos, el acuerdo de cooperación era sistemáticamente desvirtuado por esas acciones unilaterales. Hasta las disposiciones centrales eran materia de interpretación divergente. Vaciado de contenido, sólo servía como pantalla para otorgar una sensación de seguridad jurídica a expensas argentinas. En el año 2007, la Argentina hizo finalmente lo correcto al dar por terminada la Declaración Conjunta de septiembre de 1995.

Sin embargo, la Argentina continuó serenamente apelando, una y otra vez, a la sensatez. Los innumerables llamados a la negociación eran despreciados. Las ofertas de mantener diálogos francos y abiertos sin exclusión temática tampoco recibían atención. Los mandatos de las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas eran ignorados, como las apelaciones formuladas por múltiples declaraciones diplomáticas regionales y de otros foros multilaterales.

En la actualidad el Reino Unido continúa implementando actos unilaterales ilegítimos y, para salvar la cara, pretendiendo mostrarse como víctima. Una nueva equivocación. La democracia Argentina no se comporta como la dictadura. Los agravios siempre tendrán una respuesta diplomática.

Esperemos que el Reino Unido se dé cuenta de que es hora de empezar a actuar civilizada y responsablemente dando cumplimiento a las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.

* Diplomático, ex vicecanciller.

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