EL PAIS › LOS FRACASOS EN EL CONGRESO ABRIERON GRIETAS ENTRE LOS OPOSITORES QUE HACEN DUDAR DE QUE VAYAN A SEGUIR UNIDOS

Una oposición prendida con alfileres

En el conglomerado anti-K sólo aspiran ahora a sostener sus acuerdos básicos. Sus coincidencias no van más allá de su afán de limitar al kirchnerismo. Reconocen que más de un proyecto los encontrará enfrentados. Hay reproches cruzados.

 Por Miguel Jorquera

La débil y frágil construcción parlamentaria del “Grupo A” se derrumbó como un castillo de naipes no por un vendaval oficialista sino por implosión. Después de los sucesivos fracasos, el conglomerado opositor desnudó sus diferencias y ahora sólo aspira a sostener los “acuerdos básicos” que le dieron origen para arrebatarle al kirchnerismo la mayoría en las comisiones legislativas de ambas Cámaras del Congreso. En medio de sospechas y acusaciones mutuas, los distintos bloques políticos de la oposición apuestan a reagrupar fuerzas para rechazar el decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 298 que destina reservas del Banco Central para pagar vencimientos de deuda y avanzar en la coparticipación del impuesto al cheque, además de tratar de consensuar proyectos disímiles sobre la revisión del Presupuesto, modificar el Consejo de la Magistratura y dotar de autonomía al Indec. Las coincidencias no van más allá de “ponerles límites a los K” y la mayoría de ellos admiten que después habrá otros proyectos que los encontrarán en veredas enfrentadas.

“Nunca fuimos todos lo mismo”, repiten ahora casi a coro desde todos los bloques de la oposición y no pocos, desde distintas corrientes ideológicas, coinciden en recurrir al mismo argumento para desmentir que el arco opositor sea un solo bloque: “Esa fue una construcción mediática”. Elisa Carrió, desde la Coalición Cívica, les apunta por igual a Julio Cobos y a los K, y responsabiliza por las frustraciones opositoras a las internas del UCR y el PJ. Los radicales miran con desconfianza la intromisión de Lilita en su puja partidaria y las dificultades que oculta el PJ disidente para garantizar lo pactado. Felipe Solá, en sintonía con los popes del Peronismo Federal en el Senado, cargó todas las culpas por las derrotas sobre las espaldas de la UCR. El macrismo apuesta a un tímido intento de mediador y Proyecto Sur ya sacó los pies del plato del “Grupo A”, mientras socialistas y margaritos hacen rancho aparte.

La intransigencia de Carrió

Carrió dejó de lado las predicciones y desató su propia tormenta, que hizo crujir al arco opositor, cuando puso bajo sospecha si las desavenencias que lo hicieron “caer una y otra vez en la trampa kirchnerista” responden a “ingenuidad o complicidad”. Lilita no soportó la “indecisión” del resto de la oposición en la Cámara baja para adherir a su estrategia de no darles respiro a los K en el Parlamento y hasta culpó a sus aliados de “falta de coraje” y responsabilizó al radical Oscar Aguad de “boicotear” la frustrada sesión especial para rechazar el DNU 298.

En su entorno consideraron “acertada” la decisión que “vaticinó” la derrota del día siguiente en el Senado, donde el conglomerado opositor no pudo garantizar el quórum para rechazar el pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central. Otro de los objetivos que se había trazado la CC.

“Lilita era la única que podía juntar desde el macrismo hasta Proyecto Sur para evitar que el kirchnerismo clausure el Congreso y asumió ese rol. Nuestro objetivo es que el Parlamento funcione. Pero no le podemos hacer cargo de que no haya una estrategia común para contrarrestar la embestida de los Kirchner, que sí tienen la propia y muy clara”, afirmaron a Página/12 los hombres de confianza de Carrió.

La líder de la CC, en tanto, no pierde de vista sus aspiraciones presidenciales. Ve en Julio Cleto Cobos un obstáculo y en Aguad a uno de sus “laderos”, con el que es difícil acordar. “Rompe todos los acuerdos y arregla a escondidas con los K”, dicen en el entorno de Lilita sobre el diputado cordobés. Entre los radicales, prefiere tratar con el diputado Ricardo Alfonsín y el senador Gerardo Morales, “con los que habla casi a diario”.

Carrió entabló una firme relación con Solá, pero desconfía de Francisco de Narváez y de los senadores Adolfo Rodríguez Saá e Hilda “Chiche” Duhalde. También recela del entorno con que Fernando “Pino” Solanas selló un interbloque en diputados, pero insiste en descargar todas las responsabilidades del desencanto opositor en la puja interna del PJ y la UCR.

Disidentes entre sí

Solá y su bloque Peronista Federal desecharon la idea de Carrió de bajar al recinto para hacer una “demostración de fuerza política” sin el dictamen de la Bicameral que les permitiera rechazar el DNU 298. Pero no dudó en sumarse para culpar a los senadores radicales para ocultar el fracaso opositor en Diputados. Responsabilizó a Morales de dilatar en la frustrada negociación con el kirchnerismo la conformación de la bicameral de los DNU con mayoría opositora, para asestarle un duro golpe al oficialismo en el Congreso. “Pisaron el palito”, dijo y reclamó un pedido de disculpas.

El ex gobernador bonaerense es uno de los diputados que con más frecuencia transita el Salón de los Pasos Perdidos rumbo al Senado, para coordinar la estrategia anti K con el resto del PJ disidente, la tercera fuerza con peso propio en las dos Cámaras legislativas detrás del kirchnerismo y la UCR. Con ellos comparte una metáfora futbolera con la que disfrutan marcar la indecisión radical para arremeter contra el kirchnerismo: “Jugar con ellos es como jugar sin arcos. Nunca te van a hacer un gol pero tampoco vas a meter uno propio”.

No todos comparten el “vedettismo” que asumen algunos de sus dirigentes y mucho menos el acercamiento a Lilita. “Yo no llegué al Congreso para que me conduzca Carrió”, dijo la santafesina Roxana Latorre para justificar su decisión de no rechazar el pliego de Marcó del Pont que dio por tierra con la decisión opositora de frustrar la continuidad de la economista al frente del Central, a pesar de que ratificó su pertenencia al espacio opositor.

Una frase parecida repite la diputada Graciela Camaño. La otra peronista disidente que aspiraba a conducir el PJ anti-K en la Cámara baja terminó armando su propio bloque, el Peronista, con quienes no se sentían representados por Solá. Ahora, espera con los brazos abiertos a quienes están dispuestos a despegarse del ex gobernador por su posicionamiento junto a Lilita. “Ya hay tres diputados que están meditando cuándo pegar el salto”, afirman los alineados con Camaño.

Correligionarios unidos

La UCR realizó un encuentro del Comité Federal para lamer heridas y respaldar la actuación de sus legisladores en el Senado y en la Cámara baja, en defensa de los golpeados Morales y Aguad. En Córdoba, los radicales recurrieron al “legado de Raúl Alfonsín” para reafirmar su postura anti-K y responder a los duros cuestionamientos de sus aliados. Después de tomar distancia de las “variantes” que con diferente “ropaje” ofrece el peronismo, rechazaron “el sometimiento a liderazgos prepotentes y autoritarios” y dijeron abjurar “de dirigencias mesiánicas que sólo buscan confrontar y arrogarse la autoridad moral para distinguir réprobos de elegidos”. No hubo nombres propios en el documento, pero para los radicales quedaron claras las referencias: Solá y el Peronismo Federal, los K y Carrió.

Morales fue el blanco de las críticas en el Senado después del frustrado intento negociador con el kirchnerismo para destrabar la Bicameral de DNU conservando la paridad de asientos pero con la presidencia opositora. Desde la UCR consideran que le están cobrando caro no haber respaldado la embestida del Peronismo Federal para desplazar al kirchnerismo de la presidencia de la Cámara de Diputados y de la presidencia provisional del Senado, colocando a sus hombres en los primeros lugares de la línea sucesoria presidencial detrás de Cobos.

Los senadores radicales le apuntan por lo bajo a Adolfo Rodríguez Saá. Para ellos, los dos “papelones” en el Senado fueron errores del puntano: “No garantizó la presencia de (Carlos) Menem” en la primera sesión en la que se discutía la composición de la comisiones y “ocultó” la deserción de (Roxana) Latorre cuando no pudo contenerla dentro de su interbloque en el decepcionante intento de rechazar el pliego de Marcó del Pont.

Incluso el presidente de la UCR, el senador Ernesto Sanz, salió en defensa de Latorre frente a los ataques que le propinaron Carrió y el senador cordobés Luis Juez: “No se pueden deslizar sospechas de corrupción hacia alguien que modificó su voto”, dijo Sanz convencido de no espantar a sus propios aliados y conservar los votos que le permitan esta semana alzarse al menos con un empate en el recinto: no podrán rechazar a Marcó del Pont pero aspiran a darle media sanción la ampliación de la coparticipación del impuesto al cheque.

Proyectos y más diferencias

En el Senado apuestan a sostener el delicado equilibrio opositor para avanzar con otros proyectos. Además de “voltear” el DNU 298, intentarán revisar el Presupuesto 2010, avanzar en la limitación de las atribuciones presidenciales sobre los decretos y en las modificaciones al Consejo de la Magistratura y el Indec.

Pero en Diputados, donde la mayoría opositora es mucho más amplia, los caminos se diversifican aún más. El macrismo, sin peso en el Senado, insiste en mostrarse como un mediador en el interbloque opositor y tratar de alejarse lo más posible del desgaste anti-K para que no lo afecte. Su jefe de bloque, Federico Pinedo, tiene sintonía fina con sus pares Aguad (UCR) y Patricia Bullrich (CC), aunque pierde la señal cuando el espectro se amplía.

“Nosotros no somos del ‘Grupo A’, somos el Grupo C”, repiten desde del interbloque de centroizquierda que comanda Solanas. Para ellos, la pertenencia al acuerdo opositor se terminó con la integración de las comisiones legislativas y sólo continúa atada a ella por la idea de “que el Congreso funcione”.

Sin embargo, y a pesar de coincidir en otros ejes, sus proyectos son “en algunos casos, antagónicos” con las propuestas del resto de la “oposición conservadora”. “Queremos revisar el déficit del presupuesto pero no para provocar un ajuste”, “no queremos usar las reservas para pagar la deuda que no ha sido investigada, pero sí para un programa de desarrollo e inversiones en obra pública”, “vamos a revisar el Consejo de la Magistratura pero no sólo para cambiar el número de integrantes para cambiar al oficialismo por la corporación judicial”, y “el Indec tiene que normalizarse con control parlamentario para sacar la patota de (Guillermo) Moreno”, coinciden en el interbloque todos los referentes consultados por este diario.

Mientras, el socialismo y el GEN de Margarita Stolbizer avanzaron en un acuerdo parlamentario que los dote de cierta autonomía del resto del conglomerado opositor. “Habrá que construir consensos proyecto por proyecto”, certificaron desde el nuevo espacio legislativo para advertir que su voto no está cautivo de ningún entramado opositor.

Ninguno de los arquitectos políticos opositores que exhibieron al “Grupo A” como la obra que pondría “fin a la hegemonía kirchnerista” en el Congreso asume ahora la responsabilidad por los materiales utilizados, aunque afirman que los cimientos siguen en pie y auguran que la reconstrucción será posible con un delicado y trabajoso apuntalamiento previo.

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