SOCIEDAD › LOS AVANCES DEL ABORTO EN LA REGION

“Hay cambios irreversibles”

 Por Mariana Carbajal

“Culturalmente ha habido un reconocimiento de que el tema del aborto tiene que formar parte de la agenda pública y que es una cuestión de tiempo que eso se logre”, sostiene la socióloga María Luisa Sánchez Fuentes, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), una de las ONG que trabajaron activamente para lograr la despenalización del aborto en la ciudad de México. En una entrevista de Página/12, Sánchez Fuentes analizó las estrategias de los llamados grupos “pro vida” en la región para bloquear el acceso al aborto y el ejercicio de otros derechos sexuales y reproductivos. “América latina, lo sabemos, es su último bastión”, destacó.

–¿Hay un avance de los fundamentalismos sobre los derechos sexuales y reproductivos en América latina?

–Es difícil afirmar que hay un avance si lo vemos integralmente. En el tema del aborto particularmente, ha habido retrocesos muy importantes en términos de que el aborto terapéutico ya no está disponible en Nicaragua y en República Dominicana. Y también dado que han asumido en ciertos países de la región gobiernos de derecha y que los gobiernos que se definen de izquierda no están respondiendo a la necesidad de despenalizar el aborto. Hay, además, un giro muy significativo en relación con el activismo que hay contra la liberalización de las leyes que penalizan esta práctica: son ahora más activos. No solamente porque convocan a algunas marchas, que a lo mejor no son tan multitudinarias, sino porque se están organizando y también han hecho una alianza muy importante con los partidos políticos. La injerencia en políticas públicas y en la legislación es cada vez más evidente, aun en países dónde hay una clara separación entre la Iglesia y el Estado.

–El 7 de marzo la presidenta electa de Costa Rica, Laura Chinchilla, se reunió con la jerarquía católica de su país y anunció la creación de una comisión de enlace entre la Conferencia Episcopal y el futuro gobierno.

–Esa es una clara muestra de hasta dónde han llegado. América latina, lo sabemos, es su último bastión. En esta región hubo un avance sustantivo en derechos sexuales y reproductivos. Este activismo es una reacción a esos cambios. A nivel internacional también hubo avances si miramos el marco de derechos humanos, los tratados internacionales y las tendencias hacia la liberalización del acceso al aborto. En Asia en Nepal, en Africa en Etiopía, Sudán y Sudáfrica, y recientemente en Europa, en Portugal y España, se han liberalizado las leyes. Este tema encoleriza a la jerarquía católica, conservadora. El Vaticano ha sido muy claro en uno de sus documentos en la necesidad de detener cualquier avance en ese sentido. Entonces, en el balance no soy tan pesimista y es difícil decir que no lo soy viendo lo que está pasando en los países donde se produjeron retrocesos tan sensibles. Pero al mismo tiempo hay cambios culturales también que son irreversibles.

–¿Por ejemplo?

–Como el hecho de que la gente esté ejerciendo su sexualidad, que haya una mayor presencia de organizaciones que defienden la orientación sexual, que los jóvenes están accediendo también a métodos anticonceptivos, aunque no plenamente, también es una expresión de ese ejercicio de la sexualidad. Y de que hay muchos temas que están brotando y que hay un debate en muchos países independientemente de que la legislación no cambie. No por ello quiero decir que ya estamos del otro lado. Pero creo que es parte del proceso de ir empujando por estos temas. Es muy importante lo que ocurrió en Uruguay: fue un avance sustantivo independientemente de que la ley que legalizó el aborto haya sido vetada por el ex presidente Tabaré Vázquez a fines de 2008. ¿Por qué? Porque culturalmente ha habido un reconocimiento de que el tema del aborto tiene que formar parte de la agenda pública y que es cuestión de tiempo que eso se logre. Todo el proceso de debate que se dio en Uruguay le va a dar mayor legitimidad y va a pesar si en 2010 se logra nuevamente discutir y aprobar la ley.

–¿Hay nuevas tendencias en cuanto a los mecanismos a los que apelan los grupos “antiderechos” para obstruir el acceso a los derechos sexuales y reproductivos?

–Se están vinculando en los espacios de poder y con las esferas más altas. Otro aspecto interesante es que han disfrazado su discurso: ya no es tan identificable en términos religiosos. Se han camuflado en organizaciones civiles con abogados y abogadas que apelan a argumentos de interpretación jurídica. Así lo hemos visto que funciona en México. Tienen organizaciones civiles que están trabajando para mejorar los mecanismos de adopción, como una alternativa al aborto. Están utilizando las nuevas tecnologías de comunicación como el Facebook, pero también los blogs. Usan estas herramientas con una velocidad impresionante. Inundan con cartas, van a la corte, buscan gente del sector académico y especialistas en bioética para respaldar sus posiciones. Ya no es el militante “pro vida” tradicional que ha sido desprestigiado por mostrar un fetito o ser muy beligerante.

–¿Cambiaron su discurso antiderechos?

–Sí, es como que no quieren decir que son “pro vida” y entonces dicen que están en contra del aborto porque la madre tiene que darlo en adopción. Otro giro muy importante que observamos en México, y seguramente se va a regionalizar, porque sus estrategias no son aisladas y están muy bien articuladas, es que se empiezan a manifestar en contra de que las mujeres vayan a la cárcel por practicarse un aborto. En algunos estados mexicanos que aprobaron cláusulas constitucionales antiaborto a partir de la legalización en el Distrito Federal están apuntando a seguir tratando a la mujer como delincuente –si se hace un aborto–, es decir, debe atravesar todo el proceso judicial pero al final, dicen, “la perdonamos”, pero la obligan a ir a un psicólogo.

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