EL PAíS › OPINION

En la mitad de dos caminos

El Gobierno tras las primarias. Reacciones, medidas y cambios. Reformas para el mediano plazo. Tareas de campaña, más allá de las políticas públicas. La táctica de Massa, el arte de no moverse. Macri arriesga algo a futuro, una novedad. Una pelirroja se suma al círculo. Y algo más.

 Por Mario Wainfeld

“Según avanzan las campañas necesitamos encuestas quincenales, semanales, diarias. No podemos emplear mucho tiempo en analizarlas porque mientras lo hacemos nuestro cliente puede haber sido derrotado. Tomamos decisiones rápidas, en base a información fresca. No pretendemos escribir textos inteligentes sino ganar las elecciones. Somos como los periodistas: nuestros trabajos deben estar listos ahora porque mañana puede ser demasiado tarde. Algunos querríamos poder escribir ‘En busca del tiempo perdido’ pero necesitaríamos muchos meses para recorrer los caminos de Swann y no los tenemos.”

Jaime Durán Barba, en el libro Opinión pública. Una mirada desde América Latina, de María Braun y Cecilia Straw.

El nuevo impuesto y el tercer canje de deuda serán ley en los próximos días, si no chocan los planetas.

Se seguirá reuniendo el cónclave que congrega al Estado, a las patronales empresarias menos esquivas y a las centrales obreras más afines al Gobierno.

Ya comenzarán los encuentros para procurar reducir el alto porcentaje de trabajo informal.

Al oficialismo le vendría bomba que esas movidas impactaran en el escenario electoral, lo que no es sencillo. Pero lo sustancial es que las acciones no se agotan en el corto plazo (el más arduo para modificar, en la coyuntura): señalan un rumbo ulterior, el de un gobierno que busca siempre la iniciativa.

La oposición política y fáctica apuestan a dos años de quietismo kirchnerista, un objetivo que suena irrealizable. En parte, porque el kirchnerismo no aceptará un rol pasivo o gobernar con el libreto de los otros. En parte porque, aunque lo quisiera, no se lo permitiría la realidad que es exigente, cambiante y casquivana.

Superada la sacudida de los resultados de agosto, el kirchnerismo va forjando respuestas, no siempre coherentes. Las mejores son las ya mencionadas. El mínimo común denominador es tomar nota del resultado, que fuerza a introducir cambios. Entre agosto y octubre no es factible relevar a los candidatos, aunque varios no hayan dado la talla. Y tampoco parece sensato rotar el elenco del Gobierno, como sí hizo el gobernador bonaerense Daniel Scioli.

La agenda impositiva y social de estas semanas es consistente con los mejores trazos del proyecto oficial. De hecho, se retoman proyectos del Frente para la Victoria (FpV) que se demoraron o traspapelaron seguramente con más error que tino. El caso del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias es sintomático: seguramente prevaleció el afán de no conceder a “los pedidos de Hugo Moyano” por encima de atender a los intereses y demandas de un sector de la clase trabajadora. La reparación amplia es valorable, aunque seguramente hubiera sido más eficaz en varios sentidos si se hubiera adoptado un par de meses atrás.

Como fuera, los encuentros trilaterales, la batida contra el mal apodado “trabajo en negro”, las reformas impositivas tienen un sesgo progresista y coherente. Son señales interesantes para el futuro que se leerá mejor a fin de octubre cuando termine el recuento de votos.

La intervención de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el G-20 también conjuga con la política internacional de la década, sintonizada con los países de la región, alineada contra la prepotencia imperial (ver asimismo nota aparte).

Las innovaciones en Seguridad en la provincia de Buenos Aires y las cuestionables declaraciones del intendente de Lomas de Zamora Martín Insaurralde cargan el otro platillo de la balanza. Da la impresión de que el afán es “no dejarle a Sergio Massa la bandera de la inseguridad”. (Mal) entendiendo que el modo de disputarle es clonar parte de su discurso, sus propuestas, incluyendo la polución de cámaras de seguridad.

La idea fuerza del Gobierno mientras se espera el segundo tramo formal de la campaña es demostrar que sigue gestionando, que lo suyo es resolver los problemas frente a la oratoria opositora.

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Ejes de campaña: Las políticas públicas son un eje de la campaña, habrá que ver si los resultados se perciben rápido y alteran las preferencias electorales: se corre contrarreloj.

Entre tanto, en las distintas provincias se exploran tácticas novedosas. Cada una es un pequeño universo: no es sencillo hacer una pintura general, la diversidad es mucha. En una primera mirada, el cronista advierte una relativa federalización mayor: los territorios toman algo de protagonismo. Resurgen “operadores” clásicos, relegados en la “primera vuelta”: Juan Carlos Mazzón vuelve a ser consultado en Mendoza y Santa Fe. Las timbreadas y las caminatas recomienzan, es cuestión de buscar votos de a uno. El oficialismo tiene que recobrar mística, convencer a más ciudadanos de a pie. Transmitir algo que es lógico (y a los ojos del cronista real): que estas elecciones de medio turno no son un trámite, que se juega mucho. Que el quórum propio en las dos cámaras del Congreso es una herramienta necesaria para un gobierno que ha sabido defender los intereses de las mayorías.

Hoy día, es un objetivo accesible pero para nada logrado. Por otro lado, la integración de los bloques no se congela cuando se vota, también hay que estar atentos a los desplazamientos ulteriores.

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Equipo que gana, no cambia: Empecemos de una vez a aplicar metáforas futboleras, para condimentar. Es consabido el proverbio “equipo que gana no cambia”. El resultadismo, que la política imita a menudo, embellece: se da por probado que el que ganó, jugó bien. La cultura política argentina es mucho más pragmática que institucional, tanto entre los dirigentes cuanto entre los ciudadanos. Un clásico de campañas comprueba que la exigencia de dar debates televisivos surge del periodismo o de los candidatos que van rezagados. No hay, comprueba la empiria, castigo electoral para quien rehúye los debates desde la pole position. Massa no cederá un tranco de pollo, es improbable que eso melle sus perspectivas.

Las tácticas de Massa, cotejadas con los guarismos electorales, son lógica instrumental pura. No se muestra, no se expone, casi no habla. Lo suyo es desdramatizar el resultado, diluir líneas nítidas de antagonismo con el Gobierno. La “no crispación” es un recurso distintivo, rentable hasta aquí. Massa cosecha un suelo que Scioli fecundó por mucho tiempo. El diputado Francisco de Narváez brama “Es ella o vos”, Massa crece en parte a sus expensas gambeteando definiciones, limando aristas.

Las encuestas propias o cercanas le vaticinan crecimiento en el total general y en la diferencia respecto de Insaurralde. El kirchnerismo, por ahora, no retruca con sondeos propios. Si se cumplen los pronósticos, el peronismo bonaerense estará más cerca del 80 que del 70 por ciento del padrón provincial y el bloque de diputados de Massa será uno de los más grandes de la Cámara. Nada está decidido hasta que termine el escrutinio pero ya hay muchos que gastan a cuenta o se van acomodando.

El diputado moyanista Omar Plaini empieza a hacer cuentas: tal vez el arreglo con De Narváez sea un fiasco y ni siquiera le permita mantener su banca de diputado.

El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, se lee opacado por “Sergio” y mueve sus fichas.

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Mauricio juega: La entrevista concedida por Macri a Perfil la semana pasada, más allá de la vistosa alusión al “círculo rojo”, tuvo un objetivo preciso: anunciar la candidatura presidencial del líder de PRO. Hasta acá, el hombre esquivó participar en esas ligas pero ya no tiene reelección en la Ciudad Autónoma, los años pasan y la emergencia de Massa lo condiciona. En su entorno comentan que los sondeos capitalinos lo tranquilizan algo: la espuma de la coalición Unen bajaría un poco. Hay optimismo en las filas de PRO: confían en lograr las dos bancas de mayoría en senadores y en que la lista del rabino Sergio Bergman (sí que por un margen más ajustado) sea la primera entre las de diputados.

Con las espaldas hipotéticamente cubiertas, Macri se postula como presidenciable, emitiendo un mensaje dual: al círculo rojo y a la opinión pública.

El lanzamiento prematuro de Macri testimonia su debilidad tanto como la fragmentación del espectro opositor. El veredicto electoral tal vez oriente los realineamientos, en especial en el peronismo federal y en el espacio pan radical-socialista. Macri pertenece a un tercer género y decidió, al fin, dar un paso adelante.

Habrá que ver cómo queda posicionado el PRO a nivel nacional, el saldo de agosto no fue muy estimulante. La, supuesta, recuperación porteña difícilmente tenga parangón en otras provincias. Como todo, habrá que ver.

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Círculo pelirrojo: El decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo le escribe a su ex becario favorito: el politólogo sueco que hace su tesis de posgrado sobre la Argentina. “Ahora lo quiero ver, profesor. Basta de macanas. Necesito que me responda ya mismo dos preguntas. La primera es qué diantres es el círculo rojo (el decano no escribe ‘diantres’ pero se usa esa traducción porque esta nota puede ser leída en horario de protección al menor). La segunda es si usted integra ese círculo. Si no fuera así, se comprobarían mis sospechas: usted vive currándome, sacándome fortunas y no avanza nada en la sociedad argentina. Espero respuesta inmediata y precisa. Cambio y fuera”. El politólogo recibe el mail, resuelve que la mejor defensa es el contraataque. Replica, con todo: “Claro que pertenezco al círculo rojo, profesor. No daré más detalles por este medio porque nos espían las agencias de Estados Unidos. Como socio vitalicio del círculo mantengo contactos simultáneos con Daniel, Sergio, Martín, Mauricio y el Colorado. No soy un novato en estas lides: cuento en mi equipo con una de las ideólogas del círculo. Es más, su cabellera inspiró el nombre de esa preclara organización secreta. Me refiero a la socióloga progre y pelirroja. Ya que estamos, vendría bien renovarle el contrato que usted le discontinuara un par años atrás, en un contexto de ajuste. La mujer conoce a fondo esa materia, recorre el conurbano a diario, podría aportarle data única en cuestión de semanas”. Se entusiasma con el futuro, llama a la pelirroja, espera que atienda esta vez: con tantos actos a veces le pierde la pista. La adrenalina de campaña, supone cuando no lo asaltan sospechas más punzantes.

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Mitad de camino: Está por cumplirse un mes desde las primarias, poco menos de la mitad del lapso que lleva hasta las elecciones generales. También se acerca el aniversario de dos años del tercer mandato del kirchnerismo, o sea su mitad. Para los opositores que ganaron en agosto lo mejor que puede ocurrir es que no pase nada, que el tiempo fluya. El kirchnerismo está forzado a hacer agenda porque es imposible dejar de gobernar y porque le vendría bien cambiar el escenario de corto plazo.

El calendario electoral genera una impasse que frena acciones políticas posibles. Recién cuando se haya votado llegará el momento de leer con atención el veredicto de las urnas, escuchar el mensaje popular, reinventarse, modificar equipos. Algo se va insinuando pero habrá que esperar hasta fin de octubre para definir las respuestas, las confirmaciones y las innovaciones.

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