EL PAIS › LOS NEUQUINOS DECIDEN HOY ENTRE EL MPN Y UN RADICAL K

El voto del después de Fuentealba

Los dos candidatos a gobernador mejor posicionados dicen que las encuestas los favorecen. La duda es cómo influirá en la elección la represión a los maestros. Todos proponen “un cambio”.

 Por Miguel Jorquera

Desde Neuquén

“No existen pero que las hay, las hay”. Un dirigente político neuquino utilizó la metáfora de las brujas para referirse a las encuestas sobre las elecciones de hoy –en las que se elige el nuevo gobernador de Neuquén– que cada candidato menciona, con datos a su favor, pero que nadie vio. Los sondeos de opinión dejaron de publicarse hace dos meses, después del asesinato del profesor Carlos Fuentealba, tras la represión policial ordenada por el gobernador Jorge Sobisch para despejar una ruta en medio de un prolongado conflicto docente. La incógnita para la mayoría de los candidatos es saber cómo reaccionarán los neuquinos en las urnas después del fusilamiento del maestro. Por eso, desde la opositora Concertación Neuquina (CN), que unió detrás de Horacio Quiroga a radicales K y kirchneristas, hasta el oficialista Movimiento Popular Neuquino (MPN), que postula a Jorge Sapag –un adversario de Sobisch en la interna partidaria–- proponen un “cambio” en la gestión.

El MPN pone en juego 44 años de hegemonía en el poder político provincial y la destreza de un aceitado aparato electoral que le garantizó el triunfo en cada elección desde 1963, el año que se creó para sortear la proscripción del peronismo aunque nunca más volvió a ser parte de él. Cerca de Sapag, afirman que sus “números” le dan una “ventaja indescontable” en toda la provincia, aunque los guarismos oscilan con diferencias notables según el interlocutor partidario.

El propio candidato afirma que “ya ganamos” en diez localidades del interior, donde ninguna fuerza opositora logró armar listas locales. Pero no hace mención a que sus contrincantes sí tendrán –en esos mismos lugares– las boletas de sus respectivas fórmulas provinciales en el cuarto oscuro. Desde el MPN insisten que en el interior de la provincia hacen “la diferencia”, que los mantendría en el poder.

Para lograrlo, Sapag se encargó de poner distancia con Sobisch y alejarlo de su campaña electoral. Ya lo había hecho, tras el asesinato de Fuentealba, cuando pidió “renunciamientos”. Ahora lo marcó en sus afiches y publicidad proselitista: “Un cambio positivo”, promete. Cerca de Sobisch dejaron trascender que el gobernador se mostrará con el candidato del MPN “tras el triunfo”, y que de su magnitud dependerá si continúa o no con su postergada campaña presidencial.

Quiroga, el radical K e intendente de la capital neuquina, tiene sus propios números. Para el candidato, la CN “está varios puntos arriba” en sus propias encuestas. Pero sólo publicó una, con la que cerró su publicidad electoral en los diarios locales. “Romper con la hegemonía” del MPN fue el slogan sobre la que cabalgó la concertación que articularon radicales K, el kirchnerista Frente para la Victoria y otras agrupaciones peronistas menores, alentadas por la propuesta política que se promueve desde la Casa Rosada.

No todo el kirchnerismo se alineó con la concertación. Alternativa Neuquina (AN), que nuclea a Barrios de Pie y otras organizaciones sociales identificadas con la política del Presidente, se diferenció de los dos principales contendientes. “Sapag representa la continuidad del MPN, pero Quiroga es la continuación de Sobisch”, se cansó de repetir su candidato a gobernador, Raúl Podestá. En AN afirman que están en el tercer lugar y “en crecimiento”.

La Unión de los Neuquinos (UNE) es otra de las coaliciones políticas que pelean por el tercer lugar. La lista encabezada por el ex secretario de la CTA de Neuquén, Julio Fuentes, aglutina a dirigentes sindicales, el socialismo –que aporta a la fórmula con Osvaldo Pellín como vice–, los intransigentes y al ARI, que lleva su propia boleta a legisladores. “Las últimas encuestas que vimos mostraban nuestro crecimiento, pero después desaparecieron”, le dijo Fuentes a Página/12.

Fuentes también cargó contra los candidatos del oficialismo y la concertación. “Sapag es la continuación de las prebendas económicas y el clientelismo electoral con que se manejó siempre el MPN para favorecer a los sectores económicos concentrados”, aseguró, y recordó que Quiroga “fue quien rompió la unidad de la oposición en asamblea constituyente provincial –de 2005– y dos de sus constituyentes terminaron aportándole a Sobisch la mayoría que no había conseguido en las urnas”.

Los neuquinos podrán optar por otras cuatro boletas, la mayoría de partidos de izquierda que no lograron articular un frente único pero que tienen como común que sus candidatas son todas maestras, para intentar capitalizar el impacto social del conflicto docente y lograr representación en la legislatura provincial.

La campaña, sin confrontaciones ni debates, tuvo como ejes las principales preocupaciones de los neuquinos: salud, educación y viviendas. Pero, los postulantes con chances ciertas de alcanzar el sillón de gobernador, evitaron abrir la discusión sobre la principal fuente de ingresos de la provincia: la renta petrolera.

Antes del cierre de campaña, un remisero esperaba un vuelo desde Buenos Aires con un llamativo cartel que su cliente identificaría sin inconvenientes: “Skanska”. “Ese es un nombre que no tiene buena prensa”, le dijo como chicana un informado taxista a la pasada. El remisero sólo sonrió, sabía que su pasajero –un “directivo” de la compañía contratista sueca que está involucrada en un escándalo por evasión y facturas truchas usadas presuntamente para pagar coimas en la construcción de plantas compresoras de gas– también venía a hacer negocios en Neuquén.

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Horacio Quiroga es un radical K y Jorge Sapag es el candidato del oficialista MPN.
Imagen: Télam
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