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Lima Limón

Orgullo. En buena medida fomentado desde el Gobierno, los peruanos viven la cumbre de Lima como una cuestión de orgullo nacional. “El mundo nos mira”, se repite desde las publicidades que copan la televisión, las radios y las calles. Flamantes banderas peruanas flamean en las casas de los barrios por los que se mueven las delegaciones. A tal punto llega el bombardeo que, como si fuera un mundial, una cerveza se promociona como “la elegida” de la cumbre.

“Menesterosos.” Los ministros peruanos se turnan en los medios para explicar los beneficios que el encuentro de presidentes significará al país. Hablan de más turismo y de la llegada de inversiones extranjeras. Por eso no les gusta nada la imagen que podría dar la Cumbre de los Pueblos. Una increíble columna en el diario derechista El Expreso habla de esta cumbre como la de “los menesterosos” financiada “por el impresentable Hugo Chávez”. Al parecer no quieren que se vean pobres.

“Farandulería.” Otra columna casi del mismo tenor, pero en este caso en El Comercio, se la agarró con los Kirchner. “La farandulería de Menem y sus secuaces quedó pequeñita frente a los despliegues de la nueva pareja presidencial”, sostiene. Y sigue: “Aspira a ser parte del primer mundo, pero la Presidenta apenas si puede decir good morning y se compra un avión que más parece una adquisición de un jeque árabe que un transporte presidencial”.

Virtuales. Con el correr del tiempo, las cumbres se van volviendo más virtuales. A los presidentes no sólo ya no los puede ver la gente sino tampoco los periodistas, encerrados en un confortable centro de prensa a dos cuadras de donde suceden las reuniones. Todo sea por garantizar la seguridad de los mandatarios para los que se ha movilizado un ejército de 13 mil policías.

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