SOCIEDAD › ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

35 años de Mugica

 Por Washington Uranga

Sacerdote, militante social, peronista, hombre comprometido con los pobres hasta el punto de renunciar a todo para compartir junto a los marginados su lucha por la dignidad. Carlos Mugica, “cura del Tercer Mundo”, sigue siendo, al cumplirse 35 años de su asesinato el 11 de mayo de 1974, un referente de vida para los cristianos identificados con “la opción por los pobres” y para muchos otros militantes de las causas populares. El cura Mugica y el también asesinado obispo Enrique Angelelli son muy probablemente las dos figuras religiosas contemporáneas más evocadas a nivel popular en virtud de su compromiso con la justicia. Existen otros, entre ellos las monjas francesas y los curas palotinos, pero Mugica y Angelelli tienen un espacio ganado en la devoción popular. Y ello se ubica aún más allá de la institución eclesiástica a la que tanto le ha costado reconocer a estos “mártires” y “signos de contradicción” dentro de sus propias filas.

Mugica nació el 7 de octubre de 1930. Creció en una familia de clase alta, comenzó a estudiar derecho y apenas cuando tenía 21 años ingresó al seminario. Allí, según cuenta Héctor Botán, compañero de formación y posterior integrante de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, ya comenzaron los conflictos para un hombre inquieto y poco proclive a aceptar las estructuras que le quitaban libertad. Lo consigna Martín de Biase en el libro Entre dos fuegos, dedicado a la vida de Mugica y recientemente reeditado por Editora Patria Grande: “La mayoría de nosotros, siendo muy libres y muy poco dóciles, debíamos movernos dentro de una vieja estructura preconciliar. Nuestra forma de actuar hacía que fuéramos un ‘hueso duro de roer’ para directivos formados en una mentalidad clásica”.

Ordenado sacerdote en 1959, siempre reafirmó su compromiso social desde su opción religiosa. “Creo que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres e interpelar a los ricos”, afirmó en algún momento. En 1968 viajó a Francia para estudiar epistemología y comunicación social, y poco después fue hasta Madrid para encontrarse con Juan Domingo Perón, a quien años más tarde acompañaría en su primer regreso al país. Adhirió al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y se instaló en la capilla Cristo Obrero en la Villa 31 de Retiro, donde desde 1999 descansan sus restos. En 1973, durante el gobierno de Héctor Cámpora, fue asesor honorario del Ministerio de Bienestar Social que estaba encabezado por José López Rega. De allí se fue enfrentado con el ministro vinculado con la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y denunciando que no se estaba atendiendo las necesidades de los villeros a los que él quería representar.

Con la Iglesia, salvo con sus compañeros tercermundistas, tuvo una relación tensa aunque de mutuo respeto. El entonces cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires, muchas veces intentó hacerlo desistir de sus posiciones. Nunca lo logró, pero tampoco fue sancionado por ese motivo, entre otras cosas porque su imagen pública lo mantenía a resguardo.

Quienes conocieron a Mugica hablan de un hombre de fuerte personalidad. En otro testimonio que recoge De Biase en su libro, Alejandro Mayol se refiere a la personalidad de Mugica. “Le llamábamos La Bestia –dice– porque todo lo hacía muy intensamente: cuando rezaba, rezaba a lo bestia, cuando estudiaba, estudiaba a lo bestia (si le prestabas un libro te lo devolvía destrozado, irreconocible). Incluso, era notablemente intenso hasta para las actividades más cotidianas como comer o dormir.”

El asesinato de Mugica, adjudicado a la Triple A, ocurrió en la tarde del 11 de mayo de 1974, en las puertas de la iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro, donde acaba de celebrar misa como lo hacía cada día. Lo acribillaron con una ametralladora. Enfrentado políticamente con Montoneros y con la derecha peronista, la muerte de Mugica fue un asesinato con claros fines políticos. Poco tiempo antes y frente a las amenazas que recibía pronunció una de sus frases más recordadas: “Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición”.

Mañana lunes a las 20, el sacerdote Domingo Bresci, ex secretario del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, celebrará una misa en memoria de Carlos Mugica en la parroquia San Francisco Solano (Zelada y White, Capital), lugar en el que el cura mártir fue asesinado. El martes a las 18, en el auditorio de la Cancillería, habrá un acto promovido por la Secretaría de Culto.

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