EL PAíS › UN ANIVERSARIO HISTóRICO EN UN MOMENTO SOMBRíO

Universales

Las Naciones Unidas y la Unión Europea conmemoraron en Bruselas los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con una conferencia titulada “Los defensores toman la palabra”. Verbitsky presidió uno de los paneles, sobre libertad de expresión, y envió esta crónica desde una ciudad más atenta a la crisis financiera también universal que a cualquier otra cosa: mientras duró la conferencia fueron absorbidos los dos mayores bancos belgas.

 Por Horacio Verbitsky

Desde Bruselas

Mientras los funcionarios leen sus discursos ceremoniosos, ellos dibujan. La primera caricatura que se proyectó en la pantalla a espaldas de los oradores fue de Ali Dilem. El dibujante argelino, quien apenas pasa los 40 años, fue condenado a prisión en su país por molestar con su humor al presidente Buteflika y enfrenta otras veintiséis demandas de políticos, militares y fundamentalistas religiosos. Aquí no le ocurrirá nada malo por el texto que decía: “Discurso de apertura. Algunos ya se duermen”, mientras el Vicepresidente de la Comisión Europea Jacques Barrot seguía su enunciación de grandes principios. Al lado de Ali Dilem, en otra banca, dibujaba su colega francés Plantu, el principal humorista de Le Monde, quien se acerca a los 60 en espléndido estado, principal animador de Dibujantes por la Paz. Así comenzó el martes en la suntuosa sala de sesiones del Parlamento Europeo la conferencia “Los defensores toman la palabra”, organizada por la Unión Europea y las Naciones Unidas para conmemorar los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y los diez transcurridos desde la declaración de la Asamblea General sobre la protección a los defensores de los derechos humanos. La corrección política es abrumadora. Entre las bancas circula supervisando que todo funcione comme il faut una mujer de 150 kilos, con una remera a rayas rojas y blancas que hace más difícil no mirarla mientras ejerce su igualdad de oportunidades.

Evita Gosa

Cuando la Secretaria de Derechos Humanos de la cancillería francesa explicaba el compromiso de su gobierno con las mejores causas, Plantu colocó en el reproductor un dibujo en el que el presidente de Francia advertía a su delegada: “Hola Rama. Sobre todo, ni una palabra sobre Khadaffy”. Nacida en Senegal, hija de un intelectual socialista que fue asistente personal del presidente y poeta de la negritud Léopold Sédar Senghor, Rama Yade presentó a su país de adopción como la capital de la libertad y propuso la despenalización universal de la homosexualidad. A Evita Gosa se le encendieron los ojos. Fue [email protected] de [email protected] 70 gays y lesbianas de Latvia que marcharon en defensa de sus derechos [email protected] por mil policías, que no hicieron nada para impedir que les arrojaran huevos y [email protected] escupieran. Rama Yade es un típico producto de la factoría Sarkozy. Bella como la más bella de las modelos, musulmana pero educada en una escuela católica y casada con un judío, a sus 31 años nadie dice que el puesto le quede más holgado que sus ceñidos pantalones, con los que pasa taconeando para retirarse en cuanto termina su discurso, como suelen hacer después de la foto tantos secretarios de derechos humanos, o de cualquier otra cosa, cuando son incapaces de mostrar algún interés por el tema que se supone es el centro de su actividad y alguna sensibilidad hacia quienes han llegado desde distintos lugares del mundo para participar en un encuentro del que esperan algún avance para las causas a las que dedican su vida. Entre ellos estaba también Stéphane Hessel, erguido y entusiasta a sus 91 años, paradigma de lo que aquí se quiere homenajear. Nació en Alemania pero su enfrentamiento con el régimen nazi lo llevó a adoptar la nacionalidad francesa y a integrar la resistencia en las filas de De Gaulle, luego de escapar en un traslado desde el campo de Buchenwald hacia el de Bergen-Belsen. En la posguerra fue uno de los redactores de la Declaración Universal y su lucha por los derechos no reconoce fronteras. Este gran oficial de la Legión de Honor condena las violaciones masivas de los derechos humanos en que incurre el gobierno de Israel pero también sostiene que el gobierno francés, en el que conserva el cargo de embajador e integrante del consejo consultivo de los derechos humanos, viola el artículo 25 de la Declaración Universal al no proveer soluciones a los sin techo que duermen en carpas junto al Sena. Cuando Rama termina de hablar y empieza a marcharse, Hessel se pone de pie. El viejo camarada de Eleanor Roosevelt espera un saludo, que nunca llega. Rama pasa de largo sin mirarlo, feliz de perderse el resto de la conferencia, y sigue rauda hacia la puerta, seguida por dos monos que jadean tras sus pasos ágiles. Pero la mujer tiene su carácter y a eso alude el dibujo de Plantu: este año el líder libio visitó Francia, donde goza del mismo respeto que Putin en Europa o que Chávez en Sudamérica, y por las mismas razones. Mientras el resto del gobierno le prodigaba todo tipo de reverencias, la senegalesa recordó cuánto dejaba que desear su record en materia de derechos humanos.

Las doce estrellas

Además de dibujar, Plantu explicó los propósitos de Dibujantes para la Paz, mientras los organizadores lo apuraban porque debía comenzar otra ceremonia, a cargo del presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pottering. Plantu habla muy rápido porque no quiere dejar de expresarse. Un dibujo es mejor que mil palabras y la imagen política es más peligrosa que nitroglicerina. Hace tres meses intentaron asesinar al dibujante que representó a Mahoma con una bomba en el turbante. Mientras vuelven a decirle que debe terminar, Plantu cuenta que descubrió en una imagen de la Virgen María que las 12 estrellas de la Unión Europea son una evocación cristiana de las cruzadas, por lo que concluye que la religión siempre está presente, cosa que no lo conforta. El apuro se debía a que la sesión comenzó con una hora de retraso porque los buses que debían recoger a los participantes en su hotel nunca aparecieron. El día anterior una huelga general en protesta por los bajos salarios y la inflación había paralizado a Bélgica y quienes debían llegar desde París en el tren bala, que cubre el trayecto en una hora y media, debieron recorrerlo en ómnibus, que tarda más de tres. El Observatorio Internacional sobre Prisiones informa que la política represiva, el uso generalizado de la prisión preventiva y el bloqueo a las excarcelaciones, han producido un incremento explosivo de la población carcelaria, de modo que las condiciones de detención en Bélgica, la promiscuidad, la falta de alimentos y de camas, son inhumanas. “Todos los recursos se dedican a la seguridad, mientras que la prevención, el acompañamiento psico-médico-social de los detenidos en vistas a su reinserción se olvidan”. Este es el primer mundo realmente existente.

Hay gente afuera

Ali Dilem coloca un dibujo que no alude a nada que esté sucediendo en la conferencia, sino al mundo que la rodea, apenas unos metros más allá del edificio Paul-Henri Spaak, en cuya entrada la protagonista de un monumento de aspecto soviético alza un símbolo del euro, €, con el entusiasmo que por lo general se dedica a una medialuna, una cruz o una hoz. En el dibujo un hombre pende ahorcado de una antena de televisión.

–¿Derechos humanos? –pregunta uno.

–No, bolsa –responde el otro.

A la medianoche una docena de periodistas monta guardia frente a las oficinas del primer ministro Yves Leterme, donde se analizan las medidas que puedan salvar de la bancarrota a las dos únicas megainstituciones financieras de Bélgica: Fortis y Dexia.

El moderador del panel sobre la prensa es el periodista y ensayista belga Jean-Paul Marthoz. Respetado latinoamericanista, escribe en el diario más importante, Le Soir. Esta semana su columna se tituló “Ideología tóxica y pensamiento laxo”. La ideología tóxica es la furia desreguladora del neoliberalismo, la reducción de impuestos, la celebración de los privilegios. El pensamiento laxo es el de los intelectuales y políticos que deberían haberse opuesto a la victoria del individualismo sobre la noción del interés público, el de la izquierda que se dejó seducir por esas teorías económicas, el de la tercera vía de Clinton, Jospin o Prodi. Cómplices o impotentes, los demócratas estadounidenses y los socialistas europeos no opusieron suficientes controles y contrapesos al neoliberalismo. ¿Puede ser casualidad que dos de los principales dirigentes del sistema económico global, Pascal Lamy en la Organización Mundial de Comercio, y Dominique Strauss-Kahn en el FMI, provengan del socialismo? Pero también la democracia cristiana abandonó la idea del bien común como piso de la acción política, barrida por tres décadas de egoísmo generalizado. El Partido Popular Europeo creció a expensas de sus valores fundacionales. Al integrar a berlusconianos y thatcheristas se convirtió en una coalición de las derechas, alejada del interés general. La crisis no es sólo económica. La democracia europea se acerca a una fría medianoche. “Desorientada, insegura, la población busca chivos emisarios. Para algunos la alternativa es el neopopulismo a lo Haider o a lo Sarah Palin. Mañana, si todo fracasa, podría ser aún peor. Para preservar el liberalismo político es necesario civilizar al liberalismo económico”, dice. Marthoz no lo explicita, pero su columna es también un garrotazo al presidente del partido socialista valón, Elio Di Rupo, quien al mismo tiempo es miembro del Consejo de Dirección de Dexia, pero no sólo a Di Rupo, sino a todo el gobierno, una coalición de aquellas tendencias que no supieron prevenir la crisis: democristianos, socialistas y liberales. Sólo los verdes pueden lanzar alguna piedra, desde su minoría significativa del 18 por ciento.

En Dexia tienen sus intereses los sindicatos, que están lamentando fuertes pérdidas. El banco surgió de la fusión de las cajas de ahorros del socialismo, del Movimiento Obrero Católico y del Estado, en sociedad con un banco francés. Cuando terminó aquella reunión de medianoche, la conducción de Dexia había cambiado, aunque tardará en saberse cuál será su status futuro, porque al momento de publicarse este relato ya hubo otros cambios. Su nuevo presidente es un ex primer ministro belga y su vice el ex jefe de gabinete de Sarkozy y ministro de presupuesto de Francia. Ambos son los hombres de BN Paribas, que parece ser el nuevo patrón. La operación es compleja, porque al mismo tiempo los aportes estatales de Bélgica, Holanda y Luxemburgo convierten a esos estados en grandes accionistas de Paribas. Algunas operaciones de Fortis pasan a manos de bancos holandeses, otras también entran en la órbita de Paribas, siempre con inversión de fondos públicos. Una tercera entidad financiera, Triodos, que usa como slogan “El banco durable”, presenta una declaración de principios que parece un manifiesto político: sólo financia la economía real, en proyectos concretos. No cotiza en bolsa ni es objeto de especulación. Por eso, dice, la crisis de crédito no lo afecta. El príncipe Philippe vuelve feliz de la Argentina por la venta de un ciclotrón a los laboratorios Bacon, de Buenos Aires, con los que se firmó una asociación de investigación y desarrollo. Un miembro de la comitiva revela su entusiasmo: “Buenos Aires es un mercado de ocho millones de habitantes. Es un lugar estratégico”, aunque precisa que “la Argentina representa frente a Brasil lo mismo que Canadá en relación con Estados Unidos”.

El tamaño importa

Luisa Morgantini es vicepresidente del Parlamento Europeo. Antes de que comience la seguidilla de denuncias sobre tropelías de todo tipo en Africa, Asia y América Latina, la italiana electa por Refundación Comunista e integrante del bloque de izquierda con los verdes, tiene la delicadeza de recordar que también en Europa y Estados Unidos hay problemas de derechos humanos. Menciona la entrega de prisioneros, el uso de aeropuertos europeos y de su espacio aéreo para trasladarlos desde y hacia Guantánamo y las sevicias en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Souyer Belhassen, presidenta de la Federación Internacional por los Derechos Humanos se pronuncia también contra la ley europea del retorno, que en nombre de la seguridad nacional y del realismo, propone una reconstrucción de los derechos humanos. Eric Sottas, secretario general de la Organización Mundial contra la Tortura compara la respuesta de las dictaduras de Brasil, Chile y la Argentina con las que hoy se escuchan en otros lugares del mundo, que no menciona seguramente porque todos saben a quiénes se refiere:

–Hoy no se niegan los hechos. Se acusa a otros o se reconoce en forma oficial la práctica de la tortura.

Hélène Flautre, presidente del subcomité de derechos humanos del Parlamento Europeo, forma parte del bloque verde. Le preocupa el doble standard en derechos humanos, o su aplicación selectiva según el tamaño del país. Incluso pronuncia la palabra: China. El ex fiscal de Manhattan Ken Roth es el director ejecutivo de Human Rights Watch, la organización líder en el mundo. Exhorta a no confundir democracia con derechos humanos, porque muchos dictadores se hacen llamar demócratas, aunque no respeten derechos esenciales, que van mucho más allá del voto. Roth es escéptico sobre el nuevo comité de derechos humanos de las Naciones Unidas, donde violadores seriales como Kazakhstan tienen su banca gracias al petróleo y el gas. Allí la agenda la fijan Argelia, Egipto, Pakistán, Sudáfrica, dice. Es duro también con Estados Unidos, por la situación intolerable de Guantánamo.

El góber precioso

A sus 45 años, la mexicana Lydia Cacho Ribeiro es una demostración viviente del nexo entre el periodismo y la defensa de los derechos humanos. Por su militancia en organizaciones de mujeres, recibió un pedido de auxilio de una jovencita que intentaba escapar de una red de pedofilia en la que había caído en su pubertad. La niña había acordado con el ministerio público hacer una filmación oculta a su explotador, un rico empresario que confesó en ese video su compulsión por violar niñitas y el placer que sentía al verlas sangrar. Por horrendo que fuera, lo que menos importaba era el caso individual. Se trataba de una red de prostitución y pornografía infantil, con tráfico de niños entre México, Estados Unidos y el Caribe, que sólo podía funcionar con la aquiescencia del sistema político. La investigación probó que el pederasta, Jean Succar Kuri, contaba con la protección de otro empresario aún más poderoso, Nacif Kamel, ambos libaneses, y consiguió así que fuera extraditado desde Estados Unidos, a donde había huido. A su vez Kamel tenía relaciones estrechas con el gobernador de Puebla, Mario Marín y con el presidente del bloque de diputados del PRI, Emilio Gamboa. Lydia desafió a todos ellos y armando en un rompecabezas investigaciones de otros colegas y del ministerio público puso en evidencia los nexos entre esa mafia y el poder político. Mediante la corrupción de funcionarios judiciales, Nacif Kamel consiguió que la periodista fuera secuestrada bajo la apariencia de una detención legal y sometida a torturas. Sólo la rápida movilización de otros periodistas y organizaciones de derechos humanos le evitó una violación en la cárcel, preparada por sus denunciados. El juicio por difamación que Kamel tuvo el atrevimiento de iniciar, le dio al caso una trascendencia pública que sólo podía beneficiar a la periodista. En una cinta grabada, Kamel se dirige a Marín llamándolo “góber precioso” y le anuncia el envío de dos botellas de cognac en agradecimiento por el “pinche coscorrón” que Marín confiesa haberle hecho dar “a esta vieja cabrona”. Lo de vieja es sólo lunfardo mexicano por mina: Lydia Cacho sólo tiene 45 años, y sus ojos, cejas y pestañas renegridos sugieren cualquier otra cosa que la senectud. Un juez de la Corte Suprema de Justicia dictaminó que todas sus afirmaciones eran ciertas, pero que se quedaban cortas y recomendó el juicio político del gobernador y sanciones a jueces, fiscales y procuradores que habían participado en el complot. Sin embargo las presiones políticas y económicas fueron tan fuertes que 6 de los 10 miembros de la Corte Suprema votaron en contra del juicio político. Una de cada ocho personas son víctimas de un delito en México y cuatro de cada diez son mujeres y niños. El tráfico de estupefacientes prohibidos es el segundo generador de empleo y capital después del turismo. Pero la trata y explotación de niñas, que puede convertir a México en la próxima Tailandia, será un negocio aún más lucrativo, en un país en el que los más ricos son más ricos que los más ricos de Europa y los más pobres tanto como los más pobres del Africa.

Los disidentes ignorados

Mohamed Ali al-Atassi es periodista de An-Nahar, en El Líbano, el único medio que denuncia la situación de los derechos humanos en Siria. Su director fue asesinado luego de realizar una exposición en Estrasburgo. Siria es el reino del silencio; vive bajo estado de emergencia, no hay periódicos libres y los disidentes son encarcelados. A principios de siglo, la muerte de El Assad provocó una breve primavera, que fue acallada en forma brutal mediante arrestos, condenas y prohibiciones para dejar el país y seguir denunciando desde El Líbano o Europa. En el Líbano hay medios libres pero se vive en guerra civil y es posible matar a un periodista para que se calle. Nadie quiere morir asesinado pero tampoco asfixiado por la autocensura. La impunidad de los asesinos hace que todos se sientan amenazados. Sin periódicos y periodistas libres no hay opinión pública. Los derechos humanos son universales y no pueden suprimirse por respeto a una presunta especificidad. La presencia de los islamistas radicales es utilizada como pretexto para no respetar los derechos humanos, con el argumento de que si se tira mucho de la cuerda vendrán los barbudos. Por eso es fundamental integrarlos en el proceso democrático. Mientras los disidentes de Europa del Este son comprendidos y acogidos, los del mundo árabe son ignorados y desconocidos. Las sanciones económicas son peligrosas porque, como ocurrió en Irak, las paga el pueblo. Más útil es la firmeza en temas de derechos humanos, condicionando a su respeto las asociaciones económicas, de modo que el pueblo pueda decidir sobre la democracia, con participación, por su propia fuerza y no mediante la invasión extranjera que agrava los problemas en vez de solucionarlos.

Los 222

Andrei Lipski es el director de Novaya Gazeta, acaso el más libre de los medios de comunicación de todas las Rusias, allí donde trabajaba Anna Politkovskaia, de cuyo asesinato acaban de cumplirse dos años. Con ella llegaron a 222 los periodistas abatidos desde que la ex Unión Soviética vive en un régimen que se proclama democrático. La libertad de expresión es nuestra arma, porque el régimen autoritario teme la transparencia, dice Lipski. Los imputados en el juicio por el crimen de Politkovskaia no son los autores materiales y el que fue identificado como el asesino no está bajo proceso. El Centro de Periodismo Extremo (por lo menos así lo tradujo el intérprete al español, uno de los 22 que se encargan de facilitar la comprensión en esta lujosa Babel) registra 60 juicios por año contra periodistas, muchos por difamación pero también por otros artículos del Código Penal escogidos en forma caprichosa. Cinco están detenidos por haber escrito lo que se consideraron insultos contra miembros del gobierno. No hay censura, sino formas sofisticadas de control. La televisión pública se lleva casi todos los avisos. Muchos medios han derivado hacia el amarillismo y sólo dicen lo que el gobierno quiere. La población tiene una actitud pasiva, se desinteresa por la política y ya bastante tiene con sobrevivir, como si la libertad económica fuera suficiente. “Cuando llegue la bonanza del petróleo y el gas, se verá cuán coartadas están nuestras libertades. Muchos jóvenes talentosos no arrugan y trabajan por un salario más bajo que el del mercado amarillo. Y mientras los jóvenes dejan de ver la televisión pública y prefieren las películas para adultos, aunque la tirada de Novaya Gazeta es baja, va en aumento y eso crea alguna esperanza”, concluye Lipski, como quien silba en la noche para darse ánimo.

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De la apoteosis del euro a la crisis global.
 
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