EL PAIS › LOS PAISES “PROGRESISTAS” CERRARON AYER SU REUNION EN VIÑA DEL MAR CON UN DOCUMENTO COMUN

Un buen ensayo para la cumbre del G-20

Acordaron consensos para presentar ideas en la cumbre que empieza el jueves en Londres y discutieron conceptos como reactivar el crecimiento para evitar la “recesión social” y darles a los Estados un nuevo rol.

 Por Fernando Cibeira

Desde Viña del Mar

Los líderes de países americanos y europeos reunidos en Chile para la Cumbre Progresista debatieron durante varias horas la posible salida a la crisis financiera y pudieron consensuar un documento con objetivos de cara a la reunión del G-20 del jueves que viene como, por ejemplo, apuntar a políticas que reanuden el crecimiento para evitar la “recesión social”, la reforma de los organismos internacionales y la regulación de las instituciones financieras. En su intervención, la presidenta Cristina Kirchner reclamó para esta etapa un rol más activo del Estado “para comenzar a dar soluciones a esas empresas que no encuentran financiamiento y a esos consumidores que no pueden pagar su hipoteca”.

Fueron dos jornadas de reuniones bilaterales y debates en los que todos parecían dar vueltas sobre lo mismo, con ligeros matices. Lo llamativo es que en ese grupo de coincidencia junto a los mandatarios latinoamericanos se encontraran el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro británico, Gordon Brown. Cristina Kirchner marcó la presencia de Biden en el foro progresista como una muestra de la “situación de cambio inédito en el mundo”.

Y fue justamente Biden, en el cierre de las deliberaciones, quien atajó los ímpetus de sus colegas de debate. Lula, en un discurso encendido que generó varios aplausos en la platea de funcionarios e invitados especiales, había dejado claro que allí podían discutir en el mismo plano sus proposiciones pero que había entre ellos quienes tenían mayores posibilidades de llevarlas a la práctica y mencionó por sus nombres a Biden, Brown, al español José Luis Rodríguez Zapatero y al primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg, tal vez por ser europeo.

No es habitual en los países desarrollados que un presidente se despegue abiertamente de lo hecho por su antecesor. Sin embargo, Biden subrayó que junto a Barack Obama habían resuelto llegar a la Casa Blanca porque no estaban de acuerdo con lo que desde allí se hacía, en referencia a George Bush. “Algunos de ustedes dan a entender que somos los responsables de la crisis. Sabemos que compartimos una responsabilidad”, aceptó. Pero luego de marcar su voluntad de cambio, pidió “un poco de paciencia para hacer todo lo que podamos hacer”. El norteamericano aseguró que en Washington no se veían como los dueños de la solución y que tenían “un enfoque colaborativo, de diálogo”.

Para terminar, retomó algo que había dicho “nuestra amiga de Argentina”. Al igual que en la reunión con Gordon Brown, Cristina Kirchner dedicó un buen tramo de su intervención a reclamar la reforma de los organismos internacionales pero también que las disposiciones de esos organismos sean cumplidas por todos. “Un mundo sin reglas es muy malo, pero un mundo donde las reglas solamente son cumplidas por los que no tienen fuerzas para oponerse a ellas y son violadas por los que pueden hacerlo, porque la relación de fuerzas así lo permite, también es un problema”, lanzó. La Presidenta mencionó el caso del país que “si no cumple la resolución de Naciones Unidas es invadido por fuerzas conjuntas o no conjuntas, cuando se rompió, por ejemplo, el multilateralismo en Irak”.

Biden, que estaba sentado al lado de la Presidenta, dio una vuelta de tuerca sobre el asunto. Dijo que también cuando las Naciones Unidas toman una determinación, “sea en Irán o en algún otro país del mundo”, los demás países formen parte de la sanción. “Cuando haya una infracción necesitamos que todos cumplan esa regla”, remarcó. Zumbón, Biden marcó también que la nueva disposición del gobierno de Obama al diálogo y a las soluciones compartidas significaba también responsabilidades compartidas. “Ya no pueden utilizar al último gobierno de pretexto”, les aclaró.

Progress Inc.

La idea de la cumbre progresista la tuvieron Tony Blair y Bill Clinton allá por 1999 cuando ambos estaban entusiasmados en liderar algo así como la centroizquierda mundial a la que por entonces denominaron “Tercera Vía”, como un trabajo del británico Anthony Giddens. El laborismo inglés siguió en el poder desde entonces y se preocupó en mantener vivo el foro. Néstor Kirchner participó del encuentro en 2003, en Londres, a poco de ganar las elecciones. Esta fue la primera vez que se hizo en América latina. El ámbito, no muy centroizquierdista, fue el lujoso Hotel Sheraton Miramar, en Viña, cuya moderna construcción aparenta un barco que se mete en el Océano Pacífico. Sus terrazas al mar son espectaculares.

No fueron muchos los participantes. Biden, Brown, Rodríguez Zapatero, Lula, Cristina Kirchner, Tabaré Vázquez y la anfitriona Michelle Bachelet. Alcanzaba una mesa redonda para contenerlos a todos y a algunos representantes de organismos internacionales como José Miguel Insulza, secretario general de la OEA. Desde la cena del jueves a la noche hasta el cierre de ayer poco después del mediodía, los mandatarios intercambiaron opiniones que hicieron eje sobre las mismas cuestiones. “Charlábamos anoche que tal vez algunos piensen que puede haber una colisión entre el restablecimiento del crédito y no la demanda global y yo creo que debe darse en un frente amplio en donde no solamente se aborde el restablecimiento del crédito, sino que también se atienda el estímulo a la demanda global que es clave para volver a articular la rueda económica”, comentó durante su intervención Cristina Kirchner. Remarcó la importancia de darle un rol preponderante al Estado, algo que, dijo, “a algunos les eriza la piel”. “El Estado tiene que cumplir un rol aún más activo que el que normalmente le asignábamos los progresistas. Porque estamos en una situación inédita de crisis donde el mercado, conocido como el gran asignador de recursos, está nocaut, le están contando y van por el número nueve”, comentó. La Presidenta comparó la crisis económica mundial con la que sufrió el país en 2001. “Esto nos da una expertise que no nos gustaría tener pero lo cierto es que durante la década del ’90 nuestro país era presentado como un ejemplo a seguir en todas las asambleas, por ejemplo, en la del FMI”, indicó.

En la delegación argentina estaban contentos porque veían cómo había girado el discurso de los países desarrollados, aunque fue a costa de la profundización de la crisis. “En la Cumbre del

G-20 de noviembre pasado se firmaron cosas con las que no coincidíamos. Hoy, estamos todos más en línea. Las cosas que planteábamos entonces se pusieron en el centro de la discusión”, sostenía un integrante de la comitiva. Uno de esos puntos, que se le otorguen recursos a las instituciones financieras internacionales para que puedan dar ayuda a los países emergentes, figuró en la declaración final que leyó Bachelet.

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Noruega, Brasil, Gran Bretaña, Chile, Estados Unidos, Argentina, España y Uruguay en la costa chilena.
Imagen: EFE
 
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