EL PAIS › OPINION

En la dulce espera

Las tendencias y el papel de lo imprevisible. Cambios en los escenarios provinciales. Ser local rinde menos, en el fútbol y en las urnas. Miradas sobre Santa Fe, Capital y Tierra del Fuego. Córdoba, una movida que altera el tablero. Lo que ya cambió en Chubut. Los radicales apuestan al Colorado, los socialistas cavilan. Y algo sobre una fiesta de ayer.

 Por Mario Wainfeld

Hoy día, en España, se da por hecho que el PSOE caerá en las próximas elecciones generales, sean adelantadas o sean realizadas el año próximo. Dos meses antes del atentado de Atocha, el ahora presidente José Luis Rodríguez Zapatero también tenía todas las de perder. De improviso merced a fuerzas exóticas, todo cambió.

En igual sentido, el impacto producido por las acusaciones contra Dominique Strauss-Kahn conmociona las coordenadas de la política francesa, entre otras variables. En el plano local, los resultados de Catamarca y Chubut dieron por tierra con favoritos firmes, muy instalados y con sobrados motivos para suponerse vencedores. A cinco meses de las presidenciales es válido computar esos datos. Nadie gana en las vísperas, mayo no es octubre... lo que no quita que las tendencias existan y tengan su peso predominante. Casi nunca “ocurre” Atocha, no todos los candidatos papábiles son acosadores u obsesos sexuales incontinentes.

Volviendo a lo doméstico, la tendencia electoral varió mucho respecto de hace un año, dos o tres. Tanto en la nación como en las provincias. El cuadro de situación es bien diferente aunque (se consigna por última vez como contorno de toda esta nota) jamás irrevocable.

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Lo general: En lo nacional, la referencia es remanida: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se asentó como principal favorita y centro de la política. Su preeminencia indujo a presidenciables opositores a disminuir sus ambiciones. Sus adversarios imaginan ingenierías electorales enmarañadas o fantasean con los conflictos internos de la coalición gobernante. En 2007, cuando el kirchnerismo también primaba con holgura, las ilusiones se depositaban en un colapso energético o en una disparada inflacionaria o en la fatiga ciudadana por el exorbitante precio del tomate (¿se acuerdan?).

La impresión es que, como en un torneo de fútbol, el que va puntero debe precaverse más de sus errores que de las tácticas del adversario. El kichnerismo ha cometido algunos de porte menor pero, en promedio, maneja la gestión y la acción política con sensatez, de cara a sus propios fines. La economía rinde sus frutos, las paritarias sintonizan bien con la inflación real, los índices de desempleo se sostienen bajos, el consumo escala en casi (merece subrayarse el “casi”) todos los escalones de la pirámide social.

Dormirse en los laureles antes de cosecharlos es una tentación que parece rondar más a acólitos de la Presidenta que a ella misma, pero la acechanza existe.

La oratoria de la Presidenta concita grados de atención descomunales, atentos a variaciones minimalistas dentro de un discurso coherente y sostenido. Desde el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, ni el país, ni la Presidenta, ni su fuerza son los mismos. Cristina Fernández de Kirchner explicita esas situaciones en sus palabras, casi diarias. Su relato refleja lo que piensa, aun en términos emocionales. La oradora devino menos confrontativa, deja mayor espacio a la emoción o la calidez (que eran puntos flacos años ha). Proliferan exégetas que traducen un gesto ocasional como una renuncia a la reelección o como una confirmación de su voluntad o como un viraje. Empero, ni el rumbo del Gobierno ni el de su conductora autorizan tamaños sobresaltos.

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Lo particular, Chubut: Lo sucedido en 2003 y 2007 inducía a suponer que en la disputa de las gobernaciones se sostendría la primacía de los oficialismos locales. Las ventajas propias de cualquier oficialismo se potencian en tiempos de bonanza económica, dinamización de la actividad exportadora y del turismo, obra pública intensa. El autor de esta nota apostaba, meses atrás, a una factible repetición del promedio de 2007: 18 locales, 6 visitantes. Hoy, el score pinta para terminar más parejo, muchas ciudadelas aparentemente firmes están asediadas. La aprobación creciente al gobierno nacional incide, también la diáspora opositora. Cuantitativamente, todo puede pasar. Cualitativamente, el escenario es otro.

El caso de Chubut es una muestra, única como lo es cada provincia, pero no exótica. La lógica es que la diferencia que lleva Martín Buzzi, delfín del gobernador Mario Das Neves, no pueda ser revertida con menos de 2000 votos en juego. Si pasara, sería una conmoción. Pero, aún si la ley de probabilidades se confirma, Buzzi ya no es el delfín de Das Neves, entre otras cosas porque éste ya no existe como referencia política. Era un presidenciable, hoy es un actor de reparto o un extra.

Buzzi tendría cuatro años de mandato por delante, sin una fuerza nacional que lo sustentara, con estrecha legitimidad de origen y un Parlamento muy dividido. Para consolidar su gobernabilidad debería apelar a la lógica del manual: promover “la unidad en la acción” del peronismo local y mejorar la relación con el gobierno nacional. La fuerza gravitatoria lo empuja hacia el Frente para la Victoria (FpV), en el terruño y en las ligas nacionales. Intérpretes limitados de la política despotrican contra los movimientos racionales que marca el tablero. Los gobernadores son, en término medio, conservadores populares con buen olfato dentro de sus fronteras y vuelo bajo extramuros. Suelen orientarse con la brújula de su conveniencia, imantada por la distribución del poder.

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Locales tranquis o inquietos: En Salta el gobernador triunfó sin despeinarse, las encuestas auguran algo similar hoy en La Rioja. En ambos casos son aliados contingentes del oficialismo más afines a las culturas provinciales (aristocrática y dinástica en Salta, menemista en La Rioja) que a los contenidos más rescatables del kirchnerismo.

Hay más locales que parecen ir en limusina a la revalidación, por ejemplo los mandatarios de San Juan, Tucumán y San Luis. Daniel Scioli gana con mucho aire según las encuestas. Es un enigma cuánto cambiaría el escenario si hubiera un pacto Alfonsín-De Narváez. Otras provincias enturbian cualquier bola de cristal.

Por lo pronto, hay incertidumbre en las tres provincias gobernadas por partidos no peronistas que accedieron a esa posibilidad por primera vez en su historia. Hoy día, el porteño Mauricio Macri, el santafesino Arturo Bonfatti y la fueguina Fabiana Ríos se preparan para disputas difíciles. No están derrotados, pueden revalidar pero también perder el único distrito que dominan. En todos esos casos, entre los aspirantes con posibilidades se cuenta el FpV. En Capital, tercia Proyecto Sur.

De nuevo: conquistar una provincia es mucho más difícil que conservarla, en términos políticos o estadísticos. El cuadro de situación trasunta el buen momento del kirchnerismo, que se engalanaría si venciera en alguna de esas competencias, de bien diferente porte.

Córdoba, como de costumbre, es otra historia.

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De la Sota quiere ser as de espadas: El matrimonio de conveniencia entre el PJ cordobés y el kirchnerismo sumó una rencilla a sus crónicas desavenencias. José Manuel de la Sota resolvió mandarse solo al hacer las listas relegando al FpV a quien concedió una cifra humillante de puestos en las listas. La reacción del kirchnerismo es armar su propia fórmula y confrontar. No los motiva la fantasía de obtener más votos que el ex gobernador, sí preservar algún espacio. Las chances de restarle los suficientes como para que no gane el delasotismo son un incentivo adicional.

Ya antes de la secesión peronista, el Partido Nuevo de Luis Juez y el radicalismo con Oscar Aguad estaban en carrera. La división entre los peronistas es una buena nueva para sus contrincantes en un sistema electoral sin doble vuelta, en el que gana la primera minoría.

Los operadores de la Casa Rosada, Juan Carlos Mazzón principalmente, trataron de tejer otro desenlace: una coalición con los peronistas disidentes, “indultando” su pase a la oposición durante el conflicto con “el campo”. En Santa Fe se procuró algo similar, con remate más fructífero, ya que hubo unidad y el candidato será el diputado Agustín Rossi. En Córdoba era condición sine qua non que De la Sota (más taquillero en las urnas que los kirchneristas) encabezara la boleta. A despecho de esa incómoda regla, el “armado” complacía al Chueco y a la Rosada. El disenso incomoda los planes previos del kirchnerismo. Habrá que ver si el arranque autonomista de De La Sota es un golazo o un gustazo pírrico. El Gallego ve en el espejo un presidenciable en 2015. Una reconciliación pragmática entre justicialistas no puede descartarse hasta último momento, sería sorprendente a esta altura.

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Juntos o revueltos: Esta columna se cierra en la tarde del sábado. El cronista reparte su atención entre el partido del Barcelona (se menciona así porque juega solo) y la reunión del Comité de acción política del Partido Socialista. Con intensidades distintas, se confiesa.

El cónclave terminó en un comunicado menos contundente que el score en Wembley aunque no del todo ambiguo. La cúpula socialista plasmó por escrito el habitual discurso del gobernador Hermes Binner. Ahorró adjetivos y nombres propios, escatimó los énfasis pero demarcó un límite con los partidos “no progresistas”. Recalcó que no “descalifica” (un modo elíptico de alusión al diputado Francisco de Narváez quien se quejó al respecto), pero que no se junta con cualquiera.

Incluyó un guiño a las fuerzas progresistas, englobando (con mención explícita) al radicalismo. En ese contexto se reunirán, más pronto que tarde, referentes radicales y socialistas.

La brújula radical, de momento, indica otro norte. Un armado “con ambición de poder”, esto es, menos sensible a susceptibilidades ideológicas. De Narváez, un propulsor de la mano dura y del mapa del delito, es un caso extremo. La dirigencia radical está dispuesta a intercambiar apoyos en la provincia de Buenos Aires, en pos de mejorar su flojo caudal. Es fácil exigir esas medidas, los grandes medios lo hacen, al unísono despotrican contra Binner. Politizan la consigna futbolera “que esta tarde/ cueste lo que cueste/ que esta tarde/ tenemos que ganar”.

En la cancha el “cueste lo que cueste” es polisémico: ora jugar con todo, ora pasar a cualquier modo de violencia. En la contingencia electoral, el “cueste lo que cueste” explicita que para los poderes fácticos el único programa es desalojar al kirchnerismo. Lo que debería ser insuficiente para la dirigencia política, máxime para la que encarnó la experiencia de la Alianza. Binner, quien desempeñó un rol secundario en la hecatombe, enciende siempre la alarma. Los radicales, que la condujeron, miran con cariño una potencial entente aún más heterogénea.

Los pruritos ideológicos no son un disuasivo formidable en campaña, menos para quienes vienen de derrotas sucesivas desde hace diez años. Los márgenes del FpV son, a su turno, muy generosos con aliados contradictorios, impresentables o repudiables, lo que incentiva el ansia radical y le sirve de argumento.

En Argentina es casi imposible llegar a presidente sin una coalición pluriclasista y catch all. El diputado Ricardo Alfonsín y sus huestes lo saben, aunque (aún escatimando pruritos) les sería útil hacer un análisis pragmático. Deberían precaverse de cálculos matemáticos lineales. Algunos ciudadanos progres no radicales se ahuyentarán. No es sencillo que un candidato reenvíe sus votantes a otras fuerzas. Las lealtades partidarias son lábiles, los recelos de los ciudadanos menos flexibles que la ambición de sus referentes transitorios.

Además, la ingeniería de un pacto radicalismo-coloradismo es peliaguda. Los candidatos boinas blancas a intendencias o concejalías pueden ser el pato de la boda. Los votos se consiguen de a uno y se traccionan en doble dirección: de arriba hacia abajo pero también al revés. Si “el territorio” va a menos o tira para atrás (lo que sucederá si “no cobra”) limita el encanto de la martingala.

La voluntad casi todo lo puede, en estas artes. La artesanía es compleja, sus resultados inciertos, definición que no excluye que sean redituables. En el corto plazo, entusiasmarían a los radicales y a las plateas y palcos corporativos VIP.

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Movilidad y cinismo: De Narváez conserva una intención de voto atendible en Buenos Aires, bastante por debajo de su cosecha en 2009. Es el más activo y vivaracho de los candidatos importantes del espacio Unión PRO-Peronismo Federal, cuyas orgánicas brillan por su ausencia. En la semana que pasó, además de guiños febriles dirigidos a la UCR, plasmó una foto con la ex ministra Graciela Ocaña, que lo maquilla a él mejor que a ella.

El ex presidente Eduardo Duhalde navega a la deriva aunque consigue a menudo colar un titulito en los medios. El de esta semana destiló cinismo. Criticó a Hebe de Bonafini, en nombre de los derechos humanos, y aclaró que él prefiere a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Callar hubiera sido más decente, con su trayectoria y los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la mochila. Las Madres Línea Fundadora le replicaron con una solicitada parca e impecable, publicada ayer en este diario, en la que evitaron todo derrape a la interna entre organismos de derechos humanos. Hay dignidades y dignidades en las viñas del Señor.

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En fin: Chubut y La Rioja designarán su gobernador. Las complementarias en el Sur aspiran al Guinness y custodian, dentro de lo posible, la institucionalidad.

Los mandatarios asumirán recién en diciembre. Los oficialismos provinciales urdieron los anticipos, imaginando que sacarían tajada distanciándose de las elecciones de octubre. Hasta ahora, no va resultando así, lo que comprueba que nadie tiene la vaca atada. Ese aserto y la percepción de que todo lo reseñado tiene final abierto son, tal vez, un resumen ejecutivo de esta nota. Gloria y loor a Lionel Messi. Ojalá que, en la Copa América, la celeste y blanca no le funcione como kryptonita otra vez.

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