EL PAIS › LOS PRESOS PROCESADOS VOTARON Y PAGINA/12 ACOMPAñO LA EXPERIENCIA DE LA CARCEL DE EZEIZA

Las elecciones vistas por dentro

Desde 2007 tienen derecho a votar. En la U31 de Ezeiza, quince mujeres estaban habilitadas. En la 1 de Ezeiza, 97 varones.

Internas e internos alojados en unidades del Servicio Penitenciario Federal, en Ezeiza, ejercieron su derecho a sufragar, tal como ocurre desde 2007 para los detenidos sin condena efectiva. Lo hicieron pasadas las charlas informativas, los debates en las noches frente al televisor y evaluados los comentarios que llegan desde afuera. Página/12 fue testigo de la compulsa en el penal. Cuando este diario consultó sobre los argumentos que pesaron a la hora de poner el voto, trabajo, salud, procesos judiciales más rápidos y condiciones de vida digna dentro de la cárcel son los principales requerimientos para con los futuros representantes.

En la Unidad de Mujeres 31 hay 197 internas (55 argentinas, 17 habilitadas para votar). Aulas coloridas, una biblioteca y espacios de recreación irrumpen tras un recorrido más bien agobiante: alambrados con púas, portones blindados, pasillos opacos se suceden desde el ingreso. Sentadas en la sala de lectura, esperan Adriana (34) y Rosa (30): estudiantes y trabajadoras, entre otras cosas, por su voluntad y las posibilidades que brinda este penal. A pocos metros, el cuarto oscuro; y enfrente, las autoridades de mesa. La urna, los padrones, las boletas. Todo dispuesto para que estas mujeres cumplan con la votación.

“Este último tiempo me dio más ganas de votar; vi más propuestas. Y además se debate con algunas compañeras, miramos programas como 6, 7, 8”, cuenta Rosa, que podría definirse como una creyente de la política. La mujer habla pausado, piensa bien cada respuesta. Recuerda que, aunque ya había votado antes de estar detenida –hace nueve años que vive dentro del penal–, la primera vez que sufragó en la cárcel se encontraba “muy nerviosa”. Esta segunda votación se la percibe más serena, bien convencida de dónde coloca la “ficha para que las cosas mejoren”.

Adriana es más introvertida, suelta frases por goteo, pero no quiere dejar de compartir lo que para ella “es un día especial”. “La persona que voté me mostró bastantes cambios, y creo que va a seguir cambiando las cosas”, suelta. Y completa: “En 2007, cuando estaba afuera, voté a Cristina”. Dice que se sentía identificada en su condición de mujer.

Lindera a la cárcel de mujeres se emplaza la Unidad 1 de máxima seguridad del complejo de Ezeiza. De los 1931 reclusos que habitan en su interior, 97 pueden votar. Dos urnas circulan por los seis módulos que se distribuyen en las 50 hectáreas del predio. Agentes del servicio, reclusos, autoridades de mesa –los propios docentes que dictan clases en el penal– y funcionarios intercambiaban pareceres sobre la elección.

La clave para elegir un proyecto político está en “que proponga generar trabajo con buenos sueldos”, apunta Marcos (29), antes de entrar al cuarto oscuro. El joven entiende que en el acto de votar se juega “una gran responsabilidad por el futuro” de su familia. Ulises, 35 años, comparte la idea y agrega que para él también son importantes las propuestas en torno de “políticas para hacer más rápidos los procesos judiciales”. En su caso, la demora le costó perder vínculo con su familia.

“Vemos propuestas, miramos lo que está haciendo cada político, y sobre eso decidimos”, explica Claudio (31). Pero, sobre todo, a la hora de votar “influye mucho cómo se está en la cárcel”, enfatiza. Tanto él como sus dos compañeros trabajan y estudian, y ya piensan en el día que estén afuera del penal. Esperan que para ese momento las cosas mejoren en ese mundo exterior y “que la condena social hacia quienes estuvieron presos deje de existir”. En eso también juegan su voto.

Informe: Leonardo Rossi.

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El voto es un derecho alcanzado en 2007 por los detenidos procesados alojados en el SPF.
Imagen: Dafne Gentinetta
 
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