EL PAIS › EL RADICAL RICARDO ALFONSIN NI SIQUIERA LOGRO MANTENERSE EN EL SEGUNDO PUESTO

El fin de la primavera alfonsinista

La UCR terminó en el tercer lugar. Tampoco ganó ninguna gobernación. Se mantiene como segunda fuerza parlamentaria.

 Por Sebastian Abrevaya

Lo acompañaba alrededor del atril un puñado de dirigentes radicales. Ricardo Alfonsín ya no tenía ánimo para un discurso encendido ni muy alentador. El sueño radical de dejar atrás más de 10 años en la oposición terminó de estrellarse ayer contra el histórico triunfo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Vamos a trabajar desde el lugar en el que la ciudadanía nos colocó, ejerciendo una oposición responsable, seria, constructiva”, prometió Alfonsín cerca de las 20.30, cuando todavía decía retener el segundo lugar del 14 de agosto. En un ejercicio de autocrítica, el hijo del ex presidente aseguró: “Hemos aprendido muchas cosas para las elecciones de 2013 y 2015. No vamos a cometer muchos de los errores que hemos cometido”. Al cierre de esta edición, la fórmula Alfonsín-Javier González Fraga quedaba tercera con casi el 12 por ciento de los votos, un número similar al de las primarias, y se mantenía como la segunda fuerza parlamentaria después del Frente para la Victoria. No logró alcanzar ninguna de las nueve gobernaciones en juego.

El Comité Nacional de la UCR tenía más trabajadores de prensa que militantes. El presidente del partido, Ernesto Sanz, prefirió quedarse en Mendoza, igual que el vicepresidente saliente, Julio Cobos. Ninguno de los dos quiso hacer declaraciones.

Los socios de Alfonsín, Gerardo Morales y Angel Rozas, seguían la elección en sus provincias de Jujuy y Chaco, respectivamente. El peronista disidente Francisco de Narváez no apareció esta vez por el bunker radical, como lo había hecho en las primarias del 14 de agosto. Así, el diputado radical entró después de las 20 al histórico edificio de la calle Alsina; venía del departamento de la avenida Santa Fe, que supo ser de su padre. Saludó a Ricardo Gil Lavedra, Miguel Bazze, Carlos Más Vélez y Manuel Garrido, entre los pocos dirigentes nacionales que estaban presentes en la sede del Comité Nacional.

“Quiero felicitar a la presidenta electa Cristina Fernández de Kirchner y a su vicepresidente electo Amado Boudou por el triunfo obtenido en la jornada”, dijo Alfonsín. A pesar de que las encuestas de boca de urna marcaban desde las 16 que la UCR quedaría entre 5 y 3 puntos por debajo del líder del Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, los radicales se aferraban a un virtual segundo puesto.

En los grandes distritos del país, Alfonsín tuvo un muy flojo de-sempeño. En Capital Federal quedó quinto, con el 9,43 por ciento, mientras que salió tercero en la provincia de Buenos Aires con alrededor del 10, en Santa Fe con el 5,62, en Córdoba con el 18 y en Mendoza con el 11,3 por ciento.

En provincias donde tenían expectativas de ganar una gobernación –como Mendoza, Santa Cruz o La Pampa–, los radicales quedaron bastante lejos, según los datos escrutados hasta después de la medianoche. Eduardo Costa, el candidato en la provincia de Néstor y Cristina Kirchner, llamó por teléfono para avisar que sus datos lo daban como el próximo gobernador. De todos modos, con el 30 por ciento de las mesas escrutadas, estaba a 15 puntos del gobernador Daniel Peralta, quien conseguía la reelección.

En el Comité Nacional señalaron que todavía era pronto para analizar en profundidad las causas de la derrota. Sin embargo, había una sentencia casi unánime: el estrepitoso fracaso de la sociedad con De Narváez y el error de romper la sociedad con Binner.

Con la amargura atragantada, Alfonsín dijo ayer que “si fuera tan fácil no cometer errores, no los hubiera cometido”. De todas maneras, al cerrar la noche ratificó que hizo todo lo que estaba a su alcance para ganar la elección. “No hemos dejado de hacer nada. Nos hemos sacrificado con alegría, hemos dicho lo que creíamos que debíamos decir con absoluta honestidad intelectual”, sostuvo y remató: “Nos vamos con la conciencia muy tranquila”.

Pensando en el futuro, el diputado bonaerense llamó a reconstruir el sistema de partidos. “Vamos a seguir trabajando por el partido. Porque no creemos en hombres providenciales sino en el sistema de partidos. Es muy difícil gobernar el país sin un sistema de partidos, republicano y previsible. Algo peor a que funcione mal el sistema, es que no exista”, exclamó Alfonsín.

Para responder a los que señalaban un ocaso terminal de la UCR, el candidato llamó a “consolidar el proceso de recuperación” del partido. Recordó que en 2003 el radicalismo sacó el 3 por ciento, en 2007 no fue con candidato propio –llevó al peronista Roberto Lavagna por iniciativa de su padre– y anoche sacaba cerca del 12 por ciento.

La fuerza legislativa, incluso, seguiría siendo la primera de la oposición, con más de 40 diputados y 17 senadores. Ese será el objetivo desde ahora: fortalecerse a partir de la presencia en el Congreso. “No vamos a poner palos en la rueda, pero tampoco vamos a permitir que se avance sobre las instituciones”, recalcó Alfonsín.

Al concluir su discurso, el hijo del ex presidente subió al primer piso del Comité y se encerró junto a los dirigentes que lo acompañaban. Un olor a quemado comenzó a sentirse en la planta baja del bunker radical: era el equipo de sonido montado en el anfiteatro. No hizo falta repararlo porque nadie volvió a utilizarlo. Descartada la elección general, a partir de hoy se abrirá un nuevo período en la UCR: la pelea por el poder interno en la renovación de autoridades del Comité Nacional y de los bloques parlamentarios.

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A Alfonsín sólo lo acompañó en la derrota un puñado de radicales.
Imagen: Guadalupe Lombardo
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