EL PAíS › LA ESPOSA DEL HOMBRE MUERTO EL MIéRCOLES ACUSA A LA METROPOLITANA

Una muerte que llegó junto a la patota

La muerte de Juan Castañeta Quispe ocurrió en un sector del Parque Indoamericano cuando, según testigos, dos patrulleros de la policía porteña llegaron junto a un grupo de unas cien personas. No se pudo precisar quién disparó.

 Por Irina Hauser

Elizabeth Ovidio lloraba sin consuelo frente a las cámaras de televisión la muerte de su marido, Juan Castañeta Quispe, quien recibió un balazo en el pecho en la noche del miércoles en un baldío pegado al Parque Indoamericano, en un terreno donde estaban instaladas varias familias. La mujer tenía a una de sus hijitas aferrada a su cuerpo, arropada con una manta boliviana, mientras contaba entre sollozos que su marido había muerto “en la puerta del hospital (Piñero)” y relacionaba el asesinato con la Policía Metropolitana. Ella no presenció el momento de los disparos, según explicó en la fiscalía de Sandro Abraldes, pero varias personas que estaban cerca de él en el momento que cayó herido le contaron lo que vieron. Dos de ellas, que declararon en la comisaría 36 y un tercero que habló con Página/12, hicieron un relato coincidente: dijeron que a Quispe lo balearon en el momento en que pasaban dos patrulleros de la policía porteña y una patota detrás. Desde ahí, aseguraron, venían los proyectiles, aunque por la oscuridad no pudieron identificar quién tiró la bala mortal.

Juan tenía 38 años, trabajaba como remisero y participaba de la ocupación de un terreno, en Castañares y Asturias, que no está en el parque propiamente dicho, sino pegado a él. Según el resultado de la autopsia que entregó ayer a la fiscalía el Cuerpo Médico Forense el proyectil le perforó el pecho: dejó un orificio de entrada y uno de salida de nueve milímetros. Al hospital, donde lo llevó un remisero amigo, llegó minutos después de las diez de la noche. Hubo vecinos que denunciaron inmediatamente lo sucedido. Uno de ellos, Alfonso Claros, declaró en la comisaría 36, y su testimonio fue incorporado a la causa, aunque es posible que vuelva a testificar. Claros estaba junto a Quispe en el momento y fue el primero en contar que los disparos vinieron de la calle, por donde pasaban dos patrulleros de la Metropolitana con una patota detrás, que se les acercó, entre quienes habría visto hombres con camisetas de Huracán y que vivaban a Macri.

Germán Claros, otro remisero de 42 años y familiar de Alfonso, estaba muy cerca de Quispe cuando se desplomó. Le contó a este diario que se habían arrimado a la calle para poner una bandera argentina. “Fue después de que sacaron a la gente del Indoamericano, que está enfrente nuestro. Nosotros estamos en un terreno fiscal. Ahí veo pasar dos patrulleros de la Metropolitana y detrás venía un grupo de personas, eran ochenta o cien. Los patrulleros voltearon a la izquierda y empezaron los tiros, pero no pude distinguir de quién venían, si de la policía o la gente. Primero pensé que Juan se estaba tropezando, pero le habían dado”, recapituló. Según relató, ellos están desde hace una semana. El martes, con el primer desalojo, dijo, “los policías, creo que los de la Metropolitana, nos decían váyanse a su país, bolivianos de mierda”.

“En la puerta del hospital murió mi esposo. Lo encontré en la morgue desvestido y con una bala en el pecho”, dijo Elizabeth, la viuda. Ella también dijo que escuchó a policías la misma frase de “bolivianos de mierda”. Y asoció el homicidio de la Metropolitana por lo que escuchó de otros testigos. Cuando declaró en la fiscalía, según pudo reconstruir Página/12, relató que primero le habían dicho que “fue la Metropolitana” y después, que fueron “unos pibes” que viven en los “monoblocks” que irrumpieron “gritando viva Macri”. Natalia Saralegui, de la agrupación Tendencia Piquetero Revolucionaria (TPR), estuvo con la mujer desde que supo del crimen de su marido, y la acompañó a la comisaría 36. “Le tomaron la declaración mientras miraban un partido de fútbol”, describió Natalia. También explicó que, al amanecer, hallaron un proyectil –en apariencia de calibre nueve milímetros– en el baldío, que fue entregado a la seccional con aviso a la fiscalía. Uno de los vecinos, de nombre Oscar, fue el encargado de entregarlo, junto con una campera con la que intentaron parar la hemorragia apenas cayó al piso.

Fuentes cercanas a la causa judicial señalaron que la investigación del homicidio de Quispe corre en paralelo, pero por cuerda separada de la de dos asesinatos del martes, donde hay fuertes sospechas sobre el accionar policial (ver aparte). Todo indicaría que se peritará la bala hallada y una serie de cartuchos recogidos por gente que estaba en el lugar. La fiscalía de Abraldes, que es la número 24, lanzó una convocatoria “a toda persona que haya sido testigo de los hechos o que pueda aportar cualquier otra evidencia”. Informó que atenderá hoy de 9 a 18 en Tucumán 966 piso 13, o telefónicamente en el 5171-5601/2.

Informe: Leonardo Rossi.

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Elizabeth Ovidio, la esposa de Juan Castañeta Quispe.
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